Denunciamos la inacción ambiental tras los daños de la minería en pleno Parque Natural en Asturias

Durante más de 40 años, la empresa Antracitas de Gillón sacó toneladas de carbón de las entrañas de la tierra a orillas del río Gillón, en el Parque Natural de las Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias. La mina cerró en 2005, pero el daño ambiental ha continuado desde entonces sin que nadie se responsabilizara de la restauración de los hábitats perjudicados.

Ahora, SEO/BirdLife ha denunciado la inactividad de la Consejería de Infraestructuras, Ordenación del Territorio y Medio Ambiente del Principado de Asturias por la falta de restauración ambiental de las zonas afectadas por la minería en el entorno del río Gillón, dentro del Parque Natural de las Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias.

Durante años la administración asturiana ha tolerado el deterioro y/o la destrucción de los ecosistemas que forman parte de los cauces y vegas de varios arroyos afluentes del río Gillón, tributario del río Narcea. El impacto de las minas de carbón explotadas desde 1960 por la empresa Antracitas de Gillón en esta zona, no solo ha provocado el deterioro de los hábitats y especies por los que se declaró espacio de la Red Natura 2000, sino que además, provocó graves daños patrimoniales a los habitantes de la zona, que tras el cierre en 2005 de la empresa, vieron como el medio natural del que dependían quedaba seriamente dañado y contaminado.

Las graves afecciones ambientales ocasionadas por la minería en este Parque Natural y espacio de la Red Natura 2000 afectan a los ecosistemas del entorno del río Gillón y a los pueblos colindantes.

Ante esta situación, que sirve además de ejemplo de las deficiencias de la actual normativa en torno a la minería y la restauración, SEO/BirdLife presentó el pasado 26 de marzo una reclamación por inacción ante el Principado de Asturias, esperando que sea atendida lo antes posible. La inactividad del Gobierno del Principado se concreta en la ausencia de planes de gestión para la zona que contemplen su restauración, así como en la falta de medidas de conservación necesarias para recuperar los hábitats y las especies incluidos en las directivas europeas y en la normativa estatal y autonómica, y que todavía se están viendo afectadas.

“La Confederación Hidrográfica puede y debe responder del deterioro de los cauces”, indica Nicolás López, Delegado de SEO/BirdLife en Asturias, y continua: “Todos los arroyos y ríos afectados, y también las vegas y laderas aledañas, necesitan de un programa de restauración que permita la recuperación total de los ecosistemas afectados. Además, se debe cumplir con la obligación de devolver a los vecinos de la zona su derecho a un medio ambiente digno. Y esa es una competencia y obligación del gobierno asturiano, tal y como indica la legislación internacional, comunitaria y estatal”.

La empresa minera Antracitas de Gillón desarrolló su actividad minera de extracción de carbón dentro del municipio de Cangas del Narcea, en el interior de los límites del Parque Natural de las Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias. Concretamente en las proximidades de varios cauces y vegas de los arroyos afluentes del río Gillón, a su vez tributario del río Narcea, uno de los principales cursos fluviales de la cordillera cantábrica y de sus sistemas ecológicos vinculados. La zona afectada está protegida a nivel europeo dentro de la Red Natura 2000, con la figura de Zona de Especial Conservación (ZEC: ES1200056) y Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA: ES0000055) y además, tras su ampliación, se encuentra dentro de la Reserva de la Biosfera de Muniellos.

Casi 100 especies protegidas podrían estar afectadas. Entre ellas, el urogallo, actualmente en situación crítica con apenas 100 ejemplares en Asturias.

La falta de restauración y el abandono de toda la zona están provocando un impacto severo y una grave degradación de 11 hábitats del Anexo I de la Directiva de Hábitats, dos de ellos considerados prioritarios. El actual estado de los ecosistemas de la zona no permite albergar poblaciones de un buen número especies de interés comunitario o de especies protegidas a nivel nacional y/o autonómico como el urogallo, el pico mediano, varias especies de flora endémica o invertebrados con poblaciones únicas en Asturias. A su vez, el grave deterioro de los ecosistemas acuáticos derivados de la proliferación de escombreras, la contaminación por vertidos y la destrucción de los cauces, está provocando una grave pérdida hábitats adecuados para especies prioritarias propias de estos medios y que se encuentran amenazadas como el desmán ibérico o la salamandra rabilarga. También han desaparecido de los ríos y arroyos especies antaño tan comunes como la trucha.

Un centenar de especies protegidas afectadas
La falta de restauración también podría estar afectando de manera significativa al menos a 98 especies protegidas a nivel estatal, nueve de las cuales están también incluidas en el catálogo regional de especies amenazadas, y entre las que destacan el oso pardo, diversas especies de murciélagos y un buen número de aves forestales.

Por otra parte, 48 especies de interés comunitario, incluidas en la Directiva de Aves o en la de Hábitats se están viendo afectadas por el estado de degradación de los hábitats de la zona. Entre ellas, destaca el urogallo, declarado recientemente como especie en situación crítica y del que apenas quedan 100 ejemplares en Asturias, de acuerdo a los datos oficiales.

Obligaciones incumplidas desde hace casi 30 años
El deterioro que está provocando la falta de restauración de la zona tras las actividades mineras que se llevaron a cabo durante años por la empresa Antracitas de Gillón y su posterior abandono, ha provocado no solamente graves impactos al medio natural, sino también graves perjuicios a la población local y sus bienes.

La legislación autonómica, estatal y comunitaria obliga a mantener esos ecosistemas en un buen estado de conservación. Y de ser necesario, obliga también a abordar las tareas de restauración que puedan ser precisas. Esas tareas de restauración debieron ser abordadas por la empresa, que nunca las llevó a cabo pese a haber contado con subvenciones públicas para ello.

Por su parte, la administración autonómica no solo no llevó a cabo esa restauración de manera subsidiaria, sino que tampoco ha desarrollado los instrumentos de planificación y gestión de la zona. Tampoco ha puesto en marcha planes para la mejora del estado de conservación de varias especies amenazadas de extinción, entre las que destaca el urogallo, que tendría en la zona un área de posible expansión y supervivencia. Estas obligaciones han sido incumplidas desde hace casi treinta años, cuando entraron en vigor la protección del lugar como zona incluida en la Red Natura 2000 y los planes de gestion del urogallo, cuyas primeras normas de protección datan de 1990.

La restauración ambiental debió ser abordada por la empresa, que recibió subvenciones públicas para ello, mientras que la administración regional debió asegurarse de que se ejecutaban los trabajos de restauración.

El esfuerzo de las asociaciones vecinales ante la administración y en los tribunales de justicia tuvo como resultado la condena a la Confederación Hidrográfica. Este organismo debe restaurar algunas áreas de la zona, retirar los estériles de la mina depositados a lo largo de 800 metros de río, así como restaurar algunos cauces afectados. Medidas, que tras el análisis y el estudio de la afección ocasionada por la minería de Gillón en este entorno natural son, para SEO/BirdLife, del todo insuficientes.

“Todos somos responsables de mantener en buen estado de conservación el patrimonio natural del que nos beneficiamos cada día, y no podemos mirar hacia otro lado cuando lo hemos dañado. Confiamos en que el gobierno asturiano restaure la zona en beneficio también de los habitantes de este territorio, dejando de lado definitivamente en este, y en todos los posibles casos, la inacción ante el cuidado y respeto de los valores naturales”, concluye Asunción Ruiz, directora ejecutiva de SEO/BirdLife.

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