Las crecidas de los ríos son fenómenos naturales que deben planificarse para evitar daños ambientales y sociales

Los daños producidos en el norte de España por las inundaciones recuerdan la necesidad de abordar la gestión fluvial con visión a escala de cuenca y adaptándose a los nuevos retos.

SEO/BirdLife aboga por medidas que disminuyan la vulnerabilidad de la población en lugar de los tradicionales encauzamientos y limpiezas de cauces. Asimismo, demanda que se incorporen más acciones que limiten los riesgos de las inundaciones sin dañar los ecosistemas fluviales y se asumal a influencia del cambio climático.

Asturias/Cantabria. 29 de enero 2019. Ante el último episodio de inundaciones sufrido en diversos puntos del norte peninsular (especialmente en Cantabria y Asturias), SEO/BirdLife insiste en la necesidad de avanzar en la aplicación de la Directiva relativa a la evaluación y gestión de los riesgos de inundación[1].

Las crecidas de los ríos, sus desbordamientos y las consecuentes inundaciones no son episodios ajenos a los ecosistemas fluviales, sino fenómenos naturales que nos recuerdan que deben evaluarse, planificarse y gestionarse desde la protección de los ríos, la prevención de los riesgos y la adecuada ordenación territorial. Los ríos son ecosistemas extremadamente dinámicos y su comportamiento es complejo, un hecho que se ve amplificado por la relación directa de las actividades humanas con estos ecosistemas.

La organización conservacionista recuerda que los encauzamientos no siempre eliminan el riesgo, de hecho pueden aumentar la peligrosidad de estos fenómenos, y apunta a que existe un rotundo consenso sobre la ineficacia de las conocidas “limpiezas” de los ríos, actuaciones puntuales en el tiempo y el espacio que pierden toda utilidad en las primeras horas de las crecidas. Así, SEO/BirdLife subraya que la presencia de vegetación, y otros materiales naturales presentes en los ríos, juegan un papel fundamental no solo como sustento de una alta biodiversidad, si no también en la estructura de los ríos, en la reducción de la velocidad de las aguas la estabilización de las orillas, sedimentos, cantos y bloques de los cauces y las playas, y la protección y laminación de las avenidas fluviales.

Desembocadura del río Pas (Cantabria) durante el reciente episocio de lluvias torrenciales. Autor: Roberto González

“España cuenta con un excelente Sistema Nacional de Cartografía de Zonas Inundables (SNCZI) que identifica las áreas de riesgo potencial significativo de inundación, los límites de los cauces, los caudales, las zonas de dominio público, etc., todo ello integrado en unos planes de gestión del riesgo de inundación aprobados en su gran mayoría hace tres años”, explica Roberto González, responsable del Programa de Aguas de SEO/BirdLife.

La ONG indica que la lucha contra los efectos de las inundaciones debe pasar, en la medida de lo posible, del enfoque tradicional basado en soluciones estructurales (encauzamientos, motas de defensa, limpiezas completas, dragados…), a medidas menos intrusivas, que a su vez suelen ser menos costosas y perjudiciales para el medio ambiente, como las dirigidas a la restauración forestal y fluvial, la mejora de la capacidad de adaptación de los lugares afectados y la disminución de la vulnerabilidad en las zonas inundables.

Nicolás López, delegado de SEO/BirdLife en Asturias, recuerda que “no podemos controlar los fenómenos climáticos pero si prever sus consecuencias mediante la planificación “en seco”, es decir, cuando no llueve. En Asturias ha habido graves inundaciones en el pasado, las inundaciones ocurridas en los últimos días han sido muy duras, especialmente por que han causado víctimas humanas, pero no dudemos que se volverán a producir también en el futuro”.

“Las conocidas como limpiezas no evitan las inundaciones, esto no quiere decir que no haya que realizar actuaciones puntuales en puntos muy concretos, por ejemplo estructuras como puentes y zonas urbanas”, apunta Felipe González, delegado de SEO/BirdLife en Cantabria.

“De hecho, las zonas inundables son perfectamente conocidas gracias a la excelente cartografía de zonas inundables y peligrosidad de inundación con la que contamos, de manera que en los nuevos Planes de gestión del riesgo de inundación, que deberán aprobarse para 2021, deben contemplarse las medidas más eficaces para evitar que se produzcan daños humanos, materiales y ambientales. Estos planes no sirven para evitar las inundaciones, que inexorablemente y de manera natural se seguirán produciendo, máxime en el escenario de cambio climático que nos está tocando vivir”, explica López.

“En Asturias en concreto, miles de personas pueden estar viviendo actualmente en zonas potencialmente inundables, y aunque esto es sabido tanto por los habitantes ribereños como por las administraciones, las medidas de prevención a lo largo de los años han sido más bien escasas. Las soluciones no pasan una limpieza agresiva de los ríos, ya que esta suele ser la fórmula rápida y “mágica” a la que nos tienen acostumbrados tras las avenidas, sino por la planificación y la prevención”, recalca.

Actualizar los Planes de Gestión

Por ello, la ONG aboga por gestionar el riesgo, y no por perseverar en soluciones parciales que van contra la propia funcionalidad del ecosistema. Salvo excepciones, se siguen fomentando los encauzamientos, las motas, las “limpiezas” mal entendidas o los dragados, a pesar de que se ha visto que no solucionan el conflicto, ocasionan importantes pérdidas y generan una preocupante sensación de inseguridad en los pueblos ribereños. Igualmente, SEO/BirdLife recuerda que ante el reto del cambio climático, las respuestas deben ir dirigidas a reducir la exposición y la vulnerabilidad de la población, y especialmente a mejorar la conciencia pública e incrementar la percepción del riesgo, lo que sin duda reducirá los daños ocasionados.
“Los planes de gestión del riesgo de inundación deben actualizarse en los próximos periodos de planificación, así pues demandamos que se incorporen más acciones que limiten los riesgos de las inundaciones sin dañar los ecosistemas fluviales y se asuman los cambios producidos por la influencia del cambio climático. Estos cambios deben ser reinterpretados e incorporados, desde el principio de precaución, teniendo en cuenta que fenómenos como los vividos, en los que las precipitaciones que antaño llegaban a las cabeceras en forma de nieve llegarán cada vez más de forma de lluvias intensas, con las consecuentes inundaciones que, sin duda. serán cada vez más severas y persistentes”, explica Roberto González..

[1] DIRECTIVA 2007/60/CE relativa a la evaluación y gestión de los riesgos de inundación: https://www.boe.es/doue/2007/288/L00027-00034.pdf

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