El de los pájaros, por Joaquín Araujo

Los caminos se bifurcan, a veces, por los motivos menos sospechados. Comienzo con este lugar común para justificar lo que pretendo contaros y que en parte fue el contenido de la charla que di en la última Feria Internacional de Turismo Ornitológico (FIO).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuando el presentador terminó de enumerar el resultado de la mucha suerte que he tenido en esta vida, sobre todo a la hora de poder expresarme, decidí cambiar el rumbo de mi intervención. Tras el chaparrón de lo que me habían publicado, tras aquello de cientos de documentales y miles de programas de radio, tras las exposiciones y las conferencias, tras los premios y hasta los tratamientos honoríficos, no podía por menos que disculparme y explicar. Soy por completo inocente con relación a la cuantía de mi propia obra. De hecho solo he apostado seriamente por alguno de mis proyectos en cinco ocasiones. Es más, las dos aportaciones que más me gustaría hacer seguramente no se harán nunca. De lo que sí soy culpable es de decir que sí prácticamente a todo lo que me proponen. En cualquier caso tras la desproporcionada presentación mostré mi llevadero disgusto por el hecho de que a la hora de anunciar mi presencia o en las solapas de los libros, al lado de mi nombre, hayan figurado un par de docenas de profesiones, todas desempeñadas pero alguna equivocada como la de biólogo. Sobre todo porque nunca apareció la más importante, la que da sentido a casi todas las demás pues fue el manantial de la pasión que me anima desde hace más de cuarenta años.

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Porque uno en realidad es EL DE LOS PÁJAROS y muy poco más. Quiero reconocer así que le debo casi todo a lo que vuela. Ya sabéis que en esa categoría figuran la transparencia y las palabras, las brisas y las ilusiones; pero no menos las montañas donde vivo y, por supuesto, las aves.

Todo mi vuelo vital ha sido andarme por las ramas, emboscarme, transitar por lo más abierto, en suma, a través del derredor y de los libros. He vivido los paisajes como un poseso. Me enamoré desde el principio de las proezas del árbol y de los pájaros. Por supuesto también de todo lo que interviene para hacerlos posibles. No menos decisiva, para mi ya anciana trayectoria, ha sido la condición de nómada. De ahí posiblemente el que me resultara tan fácil bautizar aquella película de Jacques Perrin como Nómadas del viento. Paradoja, muy hermosa por cierto, el que apenas unos pocos puedan identificar como mío lo seguramente más leído y escuchado.

Soy EL DE LOS PÁJAROS, como muchos de vosotros, porque de forma casi obsesiva apenas puedo dar un paso por el campo sin llevar unos prismáticos.

No pierdo nunca de oído lo que emiten los alados. Aunque esté en plena conversación  o en ciudades y hasta en interiores mantengo siempre desplegada la atención hacia esos otros lenguajes. He llegado incluso a escuchar al halcón peregrino en plena Cibeles de Madrid o desde el cuarto de baño de la casa donde paso algunos días en Avenida de América. Detecté una bandada de grullas mientras daba una conferencia en Navalmoral de la Mata. En fin, que tengo siempre un tímpano abierto para lo que quieran decir la siringes.   Las aves han sido la llave que abrió esa puerta que supuso ser contratado por la editorial Salvat, a propuesta de Félix Rodríguez de la Fuente, tras escribir un artículo-examen sobre los paisajes sonoros. Puedo por tanto afirmar que buena parte de mi trayectoria en el mundo editorial comienza contando como es la música fundacional, es decir, las que las aves usan para comunicarse.

 

 

Por si eso fuera poco también mi carrera cinematográfica comienza gracias al canto de las aves pues de hecho se me  incorporó al equipo de “El hombre y la Tierra” para supervisar las bandas sonoras de ambiente de aquellos documentales. En la actualidad raro es el día de campo en el que no grabo algún canto de ave para mis programas de radio. De lo más alto, es decir, de las aves, fui bajando en la exploración de otros componentes de la fiesta vital que se celebra en la Natura. Un viaje apasionante que emprendo casi a diario tras todo lo que palpita o crece. Hasta mi hogar, en las Villuercas, es una reserva biológica donde intento mantener a salvo todo lo que vuela. Fascinación que sigue siendo adolescente y que vuelvo a calificar como el mayor golpe de fortuna que se puede disfrutar en este mundo. En esta ocasión vamos a olvidar lo mucho que también se sufre por la degradación incesante, por el silencio que va sustituyendo a las sonatas del bosque y la pradera, del aguazal y las cimas.

Quedémonos en el legítimo orgullo de ser LOS DE LOS PÁJAROS, personas enamoradas de la belleza en libertad que, como ningún otro conjunto de seres vivos, aportan las aves. Esas frágiles ternuras con alas que transitan por los cielos y por nuestras emociones.

Gracias y que las aves os atalanten un poco más todavía.

Joaquín Araújo es naturalisa, divulgador, escritor, director de cine de naturaleza, agricultor ecológico y socio de SEO/BirdLife.

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