Pioneras de la Ornitología

¿Dónde están y quiénes son las mujeres que han hecho historia en la ornitología?

Por Arantza Leal Nebot, ornitóloga de SEO/BirdLife

Bajo esta pregunta surge un artículo que intenta arrojar un poco de luz sobre las apasionantes biografías de mujeres adelantadas a sus tiempos cuyas contribuciones necesitan un claro reconocimiento. La dificultad a la hora de encontrar su huella en los anales de la ciencia, de la cultura o del conservacionismo permite afirmar sin lugar a dudas que no están todas.

En el último siglo las mujeres han comenzado a aparecer en los medios por sus aportaciones históricas en las más variadas materias, ya sea científica, cultural, deportiva o filosófica. Pero, aún así, todavía no es sencillo encontrar información de aquellas que se han dedicado específicamente a la ornitología. Si se realiza una búsqueda en Google o en la Wikipedia el resultado resulta esclarecedor (por la falta de figuras femeninas). Acciones como las que realizan mujeresconciencia.com (en Twitter @mujeresconciencia), perteneciente a la cátedra de Cultura Científica del País Vasco, o la periodista Patricia Horrillo (@PatriHorrillo) con su iniciativa de Editadona de la Wikipedia, para sacar a la luz a las mujeres en esta enciclopedia virtual, ayudan a la visibilización de las mujeres en todos los campos.

Silenciadas en el momento u olvidadas a posteriori, las mujeres, aunque en número escaso, han estado ahí, realizando trabajos y aportaciones en el campo de la ornitología, la mayoría de ellas en el mundo anglosajón. Aquí aparecen desde Leonor de Arborea, en la Edad Media, hasta Rachel Carson, en el siglo XX, a partir de la cual surge ya un abanico extenso de investigadoras cuyas destacables trayectorias no son objeto de este artículo.

LEONOR DE ARBOREA, UNA EXCEPCIÓN EN SU TIEMPO
En la Edad Media las mujeres apenas tenían derechos; solo las que pertenecían a la aristocracia o realeza se beneficiaban de algunos. Leonor de Arborea vivió en el siglo XIV en Cerdeña. Fue jueza de Arborea durante más de 20 años y promulgó muchas leyes y normas, incluida una “Carta” que se considera una de las primeras constituciones del mundo. ¿Por qué es importante para la ornitología? Porque durante su mandato promulgó una ley (dentro de esa conocida carta magna) que protegía a las aves rapaces de su caza o del expolio de sus nidos. Debido a ello, el naturalista Gené dio nombre a una especie de halcón que se reproduce en las islas mediterráneas (donde ella vivió), para recordar a esta gran mujer: el halcón de Eleonora.

Hasta bien entrado el siglo XVIII y comienzos del XIX no se puede hablar de una ciencia especializada en el estudio de las aves. Durante ese periodo la ciencia, en general, se basaba casi exclusivamente en el coleccionismo e identificación de especies. Para coleccionarlas y posteriormente identificarlas solo había un método, y era su caza. Por ello las mujeres no destacaban, pues no se las permitía en general salir al campo solas, o si lo hacían no estaba bien visto.

Solo mujeres que estuvieran en contacto directo con otros naturalistas, y que además ostentaran una posición acomodada, pudieron empezar a desarrollar su pasión y su trabajo descriptivo sobre las especies, como es el caso de Susan Fenimore Cooper (1813-1894), hija del prestigioso naturalista norteamericano James Fenimore Cooper (autor de El último mohicano), que realizó “acuarelas detallistas” de las especies de flora y fauna de la zona donde vivía. Fue una naturalista como se estilaba en aquella época –completa–, y estudiaba plantas, animales, hongos y un largo etcétera. Su libro Diario rural. Apuntes de una naturalista (Primavera-Verano), editado el pasado año en España por la editorial Pepitas de Calabaza, ha sido un éxito.

En ese tiempo, mitad del siglo XIX, las mujeres aparecen en la ornitología de forma más frecuente, aunque no es hasta este siglo XXI cuando se ha empezado a reconocer internacionalmente su contribución al conocimiento o al arte ligado a las aves.

 

ORNITÓLOGAS ACTIVISTAS
La estadounidense Martha Ann Maxwell (1831-1881) es un ejemplo de pionera de su época. Naturalista, artista y taxidermista –campo este último en el que destacó–, es la primera mujer que tuvo autorización para salir al campo a capturar y preparar sus propios especímenes. Fue impulsora de la taxidermia moderna y muy conocida por los dioramas que recreaban los momentos de la naturaleza de forma cercana y natural. Graceana Lewis (1821–1912), naturalista, ilustradora y reformadora social, despuntó por su trabajo científico en ornitología, también en EEUU. Además fue una activista por los derechos humanos: abolición de la esclavitud y derecho al sufragio femenino. Una mujer completa, como se estilaba en esa época, en la que los estudiosos, científicos o filósofos no se centraban exclusivamente en un campo.

DE PLUMAS Y SOMBREROS
A finales del siglo XIX y primeros del XX comenzó una moda que determinó la aparición de las Sociedades de Protección de las Aves, tanto en EEUU como en Reino Unido. Ocurrió paralelamente a ambos lados del océano y fueron mujeres las que hicieron realidad estas sociedades que aún funcionan en la actualidad con cientos de miles de socios. Pero, ¿qué moda fue la que hizo reaccionar a tantas mujeres? En el periodo mencionado toda dama debía ir cubierta con un sombrero, y este elemento se fue haciendo cada vez más sofisticado, siendo las plumas de ciertas aves las que dotaban de mayor espectacularidad y elegancia los tocados de las damas. No solo se adornaban con plumas, también incluso se incluían pequeños ejemplares disecados (jilgueros y verdecillos en Europa, colibríes en América), pero el gran problema que se generó fue a causa de las plumas.

Entre las más solicitadas por su belleza se encontraban las de garceta nívea (Egretta thula), que estuvo a punto de extinguirse por esta causa. En 1856 cerca de 50 especies de Norteamérica se mataban para recolectar plumas. En Europa, por ejemplo, se cazaba intensivamente al somormujo lavanco, que también estuvo a punto de desaparecer por este motivo en Reino Unido.

Se calculaba que en un periodo de nueve meses se podía llegar a comerciar en Londres con cerca de 130.000 pieles de garzas. Esta cifra resulta muy elevada, pero crece aún más si se considera cómo se conseguían estos animales. Se esperaba a la época de cría, cuando las garzas se concentran en las denominadas “garceras”, donde puede haber cientos o miles de ejemplares. En el momento en el que tienen más querencia por el nido ambos ejemplares –cuando ya están los pollos nacidos–, los cazadores iban a la garcera y mataban a los ejemplares adultos, lo que conllevaba la muerte a su vez de todos los pollos, por inanición o depredación de otras especies que aprovechaban la situación. Estos hechos se empezaron a dar a conocer en los medios de comunicación y fueron el germen para que las mujeres se organizaran para detenerlo.

 

FUNDADORAS DE AUDUBON Y RSPB

En EEUU, Harriet Hemenway (1858-1960) y Minna B. Hall (1866-1944) formaron la Sociedad Audubon de Massachusetts en 1896 para la luchar contra el tráfico de pieles y plumas que estaba acabando con muchas especies de aves, entre ellas la garceta nívea, que cuando la describió Audubon indicaba que “era tan común, que no sería posible que desapareciera nunca”. Dos años más tarde ya existían Sociedades Audubon por buena parte de los EEUU.

Y esas casualidades que suceden a la vez en distintas partes del mundo hicieron que en 1889 Emily Williamson (1855-1936) en Reino Unido creara la Sociedad para la Protección de las Aves (SPB) para tratar de salvar el somormujo lavanco, a punto de desaparecer debido a la presión cinegética. A su vez Margaretta Louisa (Etta) Lemon (1860-1953) fundó, ese mismo año, con Eliza Philips (1823-1916) y Hannah Poland, Fur, Fin and Feather: una sociedad creada para la limitación o prohibición de la caza de aves por sus plumas y pieles. En 1891 ambas asociaciones se unieron y la sede de la SPB pasó a Londres.

La Sociedad tuvo tanto éxito que solo 15 años después desde su fundación, en 1904, se le otorgó la Carta Real, y pasó a llamarse RSPB (La Real Sociedad Para la Protección de las Aves). Finalmente, en 1921 consiguió que se aprobara la “Ley para la prohibición de la importación de plumas a Gran Bretaña”. Actualmente cuenta con más de un millón de socios.

ILUSTRADORAS Y ESCRITORAS
Genevieve Estelle Jones (1847-1879) fue conocida como “la otra Audubon”, debido a la calidad de sus ilustraciones. Realizó un viaje en el que pudo observar las pinturas del gran artista y le llamó la atención que no había representaciones de los nidos o los huevos de las aves. A su vuelta a casa sus familiares le animaron a que pintara dichos elementos, y así ilustró un libro en dos volúmenes con las 130 especies de ave que crían en su Ohio natal. Se publicó póstumamente, ya que murió cuando estaba realizando las ilustraciones, acabando la obra su familia y su amiga Eliza Jane Schulze.

 

Ilustración de Genevieve Estelle Jones

Otra pionera de la ornitología moderna fue Florence Merriam Bailey (1863-1948), escritora de naturaleza y ornitóloga (trabajó para la Sociedad Audubon realizando trabajos de campo). Es conocida como el primer autor de una guía de Aves, publicada en 1889 Birds Through an Opera Glass (“Aves que se observan a través de un anteojo”). También fue activista contra la matanza indiscriminada de aves, por ello existe una subespecie de carbonero montañés (Poecile gambeli Baileyae) que lleva su nombre. Mabel Osgood Wright (1859-1934) puede ser considerada más como una amplia naturalista (no solo centrada en aves). Fundó en Connecticut en 1896 la Sociedad de Ciencias Audubon y fue miembro activo de la sociedad a nivel nacional. También fundó en 1914 el primer santuario privado para aves canoras (paseriformes mayoritariamente): el Birdcraft Sanctuary, en Fairfield, Connecticut. Además publicó Birdcraft: A Field Book of Two Hundred Song, Game, and Water Birds, que fue considerado uno de los mejores manuales de ornitología de la época.

CONSERVACIONISTAS Y CIENTÍFICAS
Rosalie Edge (1877-1962) es otra de las grandes de la ornitología estadounidense y activa luchadora contra la caza de aves. Tuvo una visión crítica de las actuaciones de la Sociedad de Ciencias Audubon en cuanto a la relación entre caza y conservación, y por ello creo junto a un grupo el Comité de Emergencia de Conservación. También fundó en 1934 el Santuario Hawk Mountain para el estudio y conservación de rapaces. Hawk Mountain era y es un lugar fundamental para estudiar la migración de las rapaces que cada año cruzan América de Norte a Sur, o de Sur a Norte, y se había convertido en un codiciado punto para poder abatir fácilmente cientos de rapaces. Rosalie compró el terreno y desde ese momento se acabó la caza, pero además contrató a un matrimonio para que lo gestionara, realizando censos de rapaces -que aún hoy en día continúan y en los que se puede participar- y visitas guiadas. Es considerada una de las más importantes conservadoras de la naturaleza de EEUU.

A finales del siglo XIX nace Margaret Morse Nice (1883-1974), con una sensibilidad y un entusiasmo especial: “El estudio de la Naturaleza es un campo ilimitado, la aventura más fascinante del mundo”, diría. Recuerda que cuando cumplió 12 años recibió como regalo la guía de aves de Mabel Osgood, y esto le hizo comenzar a tomar apuntes sobre las aves que observaba. En 1928, comenzó a observar cuidadosamente al gorrión cantor (Melospiza melodia), una de las aves más comunes de EEUU, y durante ocho años anilló y realizó observaciones detalladas de la vida de las aves y de sus comportamientos. Sus observaciones le llevaron a crear, probablemente, la información más profunda y pormenorizada sobre una especie de ave en Norteamérica en su momento.

El legado y la importancia de Margaret Morse Nice radica en que quitó el foco de interés del estudio de las aves en el mero coleccionismo, descripción y distribución espacial, para ir más allá y ver interacciones y ecología. Su nueva forma de estudio puso énfasis en la observación minuciosa del comportamiento de las aves en la naturaleza. Una de las pocas ornitólogas fuera del mundo anglosajón ha sido Elizabeth Kozlova (1892-1975), que participó en varias expediciones a Mongolia organizadas por la Sociedad Geográfica Rusa, y dirigidas por su marido, para recolectar ejemplares y realizar diferentes estudios. Su carrera se centró en taxonomía y filogenia aviar. Trabajó en el Departamento de Ornitología del Instituto Zoológico de la Academia de Ciencias de Rusia, en la actual San Petersburgo.

De vuelta a EEUU aún queda por descubrir a otra gran ornitóloga: Frances Hamerstrom (1907-1998), que dedicó parte de sus trabajos de investigación al gallo de las praderas grande (Tympanuchus cupido), consiguiendo salvarlo de su extinción en Wisconsin. Su estudio fue pionero ya que para salvar a la especie investigó en la identificación de su hábitat ideal, lo que unido a la realización de medidas de gestión pudieron lograr su conservación. Fue la primera persona que comenzó a utilizar banderolas de colores en las patas de las aves, lo que permitía identificarlas de lejos y recoger información sobre su comportamiento.

LLEGA `LA PRIMAVERA SILENCIOSA´
Este repaso de las primeras y principales figuras femeninas de la historia de la ornitología no podía dejar fuera a Rachel Carson (1907-1964) que, aunque no está considerada una ornitóloga estricta –era bióloga marina–, sí trabajó con aves, y su libro La primavera silenciosa sigue siendo un referente en cuanto a estudio y denuncia de la desaparición de especies. Entre estas cabe mencionar al halcón peregrino, que estuvo a punto de extinguirse por el uso indiscriminado del DDT que denuncia en su libro. Gracias a sus trabajos y a este volumen concretamente se prohibió el uso de este producto. Es interesante comprobar que los datos obtenidos en el Santuario Hawk Mountain, creado por Rosalie Edge, forman parte del estudio de Rachel, y le sirvieron para poder hacer comparativas a lo largo de los años en cuanto a diversidad y abundancia de rapaces, ya que el DDT afectaba a la calidad de los huevos de las rapaces, que veían disminuida su descendencia.

Las ornitólogas más modernas, nacidas ya entrado el siglo XX, son otra historia, igual de interesante pero más conocida, y por ello no forman parte de este artículo, que se detiene en la gran Rachel Carson. Lamentablemente no se incluyen referencias sobre ornitólogas latinoamericanas o no anglosajonas al no haber encontrado información al respecto. Son ,seguramente, las más “olvidadas de las olvidadas”.

 

Este reportaje aparece publicado en el número 31 de la revista Aves y naturaleza.

 

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