‘Lo que podría pasarnos’, por Asunción Ruiz

Editorial publicado en el nº 31 de la revista Aves y naturaleza

Nos ha pasado. La pandemia de la Covid-19 era una de las posibles consecuencias de la destrucción del planeta advertidas por la ciencia.  Uno de esos muchos riesgos para la humanidad en el siglo XXI, derivados de un predominante modelo de desarrollo insostenible. Desgraciadamente ha pasado y sus atroces consecuencias se escapan de todo pronóstico.

Sobraba información científica y advertencias ecologistas. Ya sabíamos que el 60% de las enfermedades infecciosas que afectan a humanos son zoonosis, es decir, las causan patógenos que pasan desde especies silvestres a humanos, propiciadas por la destrucción de sus hábitats, la deforestación, el comercio ilegal de esas especies, la sobreexplotación en los sistemas agrícolas y ganaderos… Sabíamos que estamos quebrando el equilibrio de los sistemas naturales.

Faltaba no sentirse a salvo. Quizás necesitábamos experimentar con sufrimiento  –individual y colectivo–, la vulnerabilidad de la sociedad del bienestar y la fragilidad del sistema económico, incluso en los –mal llamados– países desarrollados. El impacto de un virus se ha cobrado cientos de miles de vidas, ha puesto en riesgo la salud de la humanidad y ha desafiado dramáticamente nuestro modelo. Un patógeno ha zarandeado una economía de mercado globalizada y desregulada que parecía imbatible. Tras vivir el miedo durante la alarma y sabernos frágiles… 

Podría pasarnos que en la “nueva normalidad” afrontáramos con valentía la cruda realidad. Estamos sobrepasando los límites planetarios de seguridad, que durante milenios han hecho posible la existencia de nuestras civilizaciones. En mi último editorial defendía que las políticas ambientales son el mejor termómetro de la salud de las democracias modernas, que necesitamos una nueva globalización democrática, que corrigiera el antiecológico modelo actual, o se aceleraría la injusticia y el sufrimiento de todos. La vieja Europa podría contagiar al mundo un nuevo Renacimiento social y económico: la revolución ambiental por la sostenibilidad. 

Podría pasarnos que Europa iniciara la desescalada de lo insostenible. La urgencia democrática es atender con diligencia, después de la sanitaria, las emergencias ecológica y climática. El Acuerdo Verde Europeo que la Comisión de la UE lanzó en diciembre de 2019 (casi al mismo tiempo que el coronavirus empezaba su expansión) es un buen punto de partida. En España, la Comisión –recientemente constituida en el Congreso– para la Reconstrucción Social y Económica, debería alinearse y encabezar dicho pacto. Este país tiene mucho que perder si no juega en verde, pero ya empiezan a asomar iniciativas de desregulación ambiental que van desde gobiernos autonómicos a empresas insolidarias, con la excusa de la pandemia. Europa podría estar a la altura y demostrar al mundo que la sostenibilidad es el mejor salvavidas para no volver a salir en falso de otra crisis global.

Podría pasarnos que Europa liderara una nueva economía social, la recuperación verde. Que solo movilizara y apoyara la inversión para restaurar una nueva economía ajustada a los límites de lo ecológicamente viable y lo socialmente justo. La gran alianza por una recuperación verde (Green Recovery Alliance) surgida en Europa tras la pandemia es esperanzadora. Europa podría formular reglas para que todos nos beneficiásemos equitativamente de una producción sostenible de bienes y servicios ambientales, a través de un comercio libre y regulado, bajo el control democrático de gobiernos que respetan las reglas y los convenios internacionales. Además, Europa podría orquestar un sistema normativo global de control de capitales financieros, impidiendo los paraísos fiscales o las artimañas de aquellas corporaciones que eluden impuestos y esquilman recursos en terceros países.

Podría pasarnos que no dejáramos a nadie atrás. Que la movilización social y la solidaridad de los estados lo hiciera posible.  La justicia ambiental es la pieza que nos falta incorporar a los sistemas de gobernanza mundial. Hace tiempo que se reclama la necesidad inalienable de un medio ambiente sano en Naciones Unidas, como imprescindible para lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible en su conjunto. Se han emprendido loables intentos, pero las luchas de las naciones, de las grandes corporaciones, las excusas jurídicas relacionadas con el impacto del cambio en las transacciones económicas –entre ellas, la de los peligrosos Tratados de Libre Comercio–, y las reservas de los organismos internacionales a compartir sus aparatos burocráticos, han frenado esos intentos.

Podría pasarnos que el sufrimiento mundial sirviera para globalizar derechos y relocalizar la economía. Existen otras muchas predicciones que pueden cumplirse, como las guerras por recursos básicos como el agua, las hambrunas, el cambio climático u otras pandemias. El bienestar humano depende de forma directa y en mil formas indirectas del buen funcionamiento de la Tierra, y de la relación de simbiosis que seamos capaces de entablar con ella.

Que nos pase. Para ello, BirdLife International, con casi 100 años de historia, une sus fuerzas para lograr que la Declaración Universal de los Derechos Humanos –alcanzada tras la crisis de la Segunda Guerra Mundial–, se amplíe por primera vez en su historia y añada un artículo más, el 31, en el que se consagre el derecho universal a un medio ambiente natural sano, que esté garantizado por políticas públicas regidas por la sostenibilidad, el conocimiento científico y la sabiduría tradicional. La mayor crisis mundial reciente en tiempos de paz debe garantizar prosperidad a la humanidad.

Desde el confinamiento, ¡contagiemos naturaleza! Y tras el grito social “¡Ni un grado más, ni una especie menos!”, se impone aclamar ¡un derecho más!  

Como afirma David R. Boyd, relator de la ONU para el medio ambiente y los derechos humanos, “¿Qué podría ser más fundamental que el derecho al aire limpio, al agua potable, a los alimentos sanos, a un clima estable, a una biodiversidad próspera y a unos ecosistemas saludables?”

Asunción Ruiz, directora ejecutiva de SEO/BirdLife

 

 

 

 

Editorial publicado en el nº 31 de la revista Aves y naturaleza

 

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