¿Qué nos enseñan las pelis de zombis y pandemias sobre delitos ambientales?

El Covid19 en cuya crisis nos vemos envueltos en estos momentos, con centros educativos cerrados, personas trabajando a distancia, reuniones y eventos lúdicos clausurados, comercios arrasados por una fiebre preparacionista…, viene a sumarse a una lista de virus emergentes que no deja de crecer.

Se trata de un fenómeno que se ha hecho hueco en la ficción, a través de películas y videojuegos de la nueva ola del género zombie, con I am legend, World War Z, Zombieland, 28 Days Later, Resident Evil o The Walking Dead, todos ellos causados por virus mutantes.

¿Por qué esta nueva oleada de enfermedades víricas emergentes y de su reflejo en la ficción?

Las aglomeraciones de personas en grandes urbes y los viajes intercontinentales son dos factores que fomentan la aparición y expansión a nivel global de un patógeno. Sin duda son parte del cambio global  que tanto afecta al planeta, pero hay dos factores directos que favorecen el salto de un animal no humano a una persona: la invasión de cada vez más territorios que antes eran poco accesibles, lo que fuerza el contacto de los humanos con la fauna selvática, y el consumo de animales con fines alimenticios pero también como pretendidos remedios a enfermedades (reales o imaginarias).

De hecho, volviendo al campo de la ficción, pero alejándonos de las teorías de la conspiración que hablan (como en la mayor parte de las películas mencionadas) de virus mutados artificialmente con buenas o malas intenciones, si retrocedemos a la última década del siglo pasado, antes de este resurgir de los muertos vivientes, encontramos una película muy significativa : Outbreak (Estallido). En ella, si bien no llega a declararse pandemia, y si ignoramos el incontable número de disparates científicos que contiene,  tiene un aspecto común a una buena parte de los nuevos virus que están surgiendo en las últimas décadas: la zoonosis. Como nos señala un reciente artículo en Ballena Blanca, la gran mayoría de enfermedades emergentes son de origen zoonótico.

Muchos de los patógenos que nos aquejan como humanos fueron zoonosis hace miles de años, pero las incorporamos a nuestra batería de enfermedades. De esto sabe mucho Jared Diamond, autor de Armas, Gérmenes y Acero,  y que también ha escrito recientemente sobre la destrucción de nuestro entorno y la emergencia de nuevos virus. Así, la tuberculosis o la viruela tuvieron su origen en nuestro contacto con los animales domésticos, por eso han sido tan devastadoras para poblaciones sin un sistema inmune adaptado. Pero estas enfermedades nos llegaron tras una larga e intensa convivencia con los animales de las que proceden, básicamente del ganado.

Si repasamos la lista de virus que más aparecen en los medios, nos topamos continuamente con zoonosis, patógenos que afectan a animales no humanos pero que, en algún momento, llegan a infectarnos. Los virus de la fiebre amarilla, el Zika, el dengue o el Chikungunya o el VIH proceden con toda probabilidad de primates,  el virus del Nilo Occidental o la gripe aviar tienen como huésped habitual a diversas aves, los reservorios para el hantavirus o los virus de la fiebre de Lassa o de la fiebre hemorrágica argentina son roedores, mientras que el ébola o la rabia pueden presentarse en un gran número de especies silvestres. La civeta, consumida en China por su carne, es el huésped natural del virus causante del SARS en humanos. Recordemos de paso, que las civetas son también mantenidas hacinadas para la producción de un producto gourmet, el kopi luwak, café extraído de las semillas excretadas por estos vivérridos alimentados con bayas del cafeto. El origen del Covid-19 no está esclarecido, pero se ha considerado a murciélagos y pangolines.

Una de las muchas medidas anunciadas por el gobierno chino ha sido la prohibición de comercializar fauna silvestre a finales de enero.

Y no faltan razones para ello. China es uno de los principales consumidores de animales silvestres del mundo, no sólo para alimentación sino también para la elaboración de pretendidos (e ineficaces) remedios a enfermedades. Esto está siendo, dicho sea de paso, una de las principales causas de declive de algunas especies animales. Las escamas de pangolín, diversas partes del tigre, el polvo de cuerno de rinoceronte, la bilis de oso,… tienen un espacio en una farmacopea totalmente disparatada y (repetimos) inútil. Este comercio tiene víctimas colaterales, como los buitres que son envenenados en masa en África para que con su vuelo cíclico no delaten a los furtivos. Pero en el propio continente hay pretendidas y (no nos cansaremos de repetir) falsas atribuciones curativas a ciertas partes de animales salvajes. Los buitres vuelven a ser aquí ejemplares dado que sus cerebros, en algunas culturas, son tenidos por un producto que (falsamente) potenciaría la clarividencia del consumidor.

El comercio ilegal de animales y sus partes tiene varios puntos de apoyo sobre los que hay que actuar de modo simultáneo para eliminar su enorme impacto en la fauna.

Por una parte, los agentes de la autoridad actúan contra los furtivos, los traficantes de estas mercancías, que se cuentan entre las más provechosas actividades ilegales a nivel mundial. Rangers, agentes de aduanas, policías,…luchan en la represión de estos delitos. En segundo lugar, dado que con frecuencia el primer eslabón de la cadena, el furtivo, suele actuar por desesperación, hay que fomentar medios de vida alternativos para las comunidades donde se desarrolla el furtivismo. En tercer lugar, no menos importante, se debe actuar en la sensibilización a varios niveles:

  • los residentes locales tienen que estar orgullosos de su patrimonio y conscientes de lo que supone su pérdida;
  • las autoridades no deben de dejar de dar importancia a unos delitos que no sólo afectan a la biodiversidad y a todo lo que de bueno recibimos los seres humanos, sino que además es una actividad sinérgica con otros delitos contra las personas (terrorismo, tráfico de drogas y de personas,…), dado que una vez construida la red delictiva, sus cauces son usados para múltiples actos criminales.
  • los consumidores deben poder acceder a medicina real, no a remedios fabulosos (e ineficaces), y deben de ser educados para ello; para que sean conscientes de lo que supone su consumo sobre el planeta pero también en lo que puede suponer sobre su salud.

SEO/BirdLife lidera el proyecto LIFE Guardianes de la Naturaleza en el que, con el apoyo de instituciones y autoridades, se pretende apoyar la lucha contra los delitos ambientales, incluyendo el furtivismo y el tráfico ilegal de especies de flora y fauna y considerando la dimensión internacional del problema. Además, SEO/BirdLife participa en el Plan TIFIES (Plan de Acción Español contra el tráfico ilegal y el furtivismo internacional de fauna y flora silvestres) coordinado por el Miteco y en el que participan otros ministerios (Ministerio del Interior, Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación; Ministerio de Industria, Comercio y Turismo; Ministerio de Hacienda y Función Pública y Ministerio para la Transición Ecológica), al que se suma el Servicio de Medio Ambiente de la Fiscalía de General del Estado. Una de las líneas de acción del proyecto LIFE Guardianes de la Naturaleza  es la personación en aquellos procesos penales relacionados con el tráfico ilegal de especies, con el objeto de reclamar la responsabilidad penal de unos hechos que tienen graves consecuencias en la Biodiversidad y nuestra Salud.

Por Jorge Fernández Orueta, responsable del programa de Cooperacióm Internacional de SEO/BirdLife.

Un cocodrilo a la venta, vivo para evitar su deterioro. ©Jorge F.Orueta.

Un cocodrilo a la venta, vivo para evitar su deterioro. ©Jorge F.Orueta.

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