¿Podemos liarla parda si combatimos mal el cambio climático?

¿Qué pasa si nos ponemos a luchar contra el cambio climático sin tener en cuenta la biodiversidad? ¿Podemos detener el calentamiento global y, al mismo tiempo, provocar daños colaterales para las especies? Por ejemplo, ¿hay suficiente suelo disponible para ‘cultivar’ biocombustibles?  Algunas señales requieren atención si no queremos desvestir a un santo para vestir a otro…

Durante estos días, del 13 al 29 de noviembre, se celebra en Egipto una cumbre de Naciones Unidas sobre la que oirás hablar muy poco. Y en unos días, del 3 al 14 de diciembre, se celebra otra en Polonia de la que sí te vas a enterar. La primera es sobre biodiversidad, la segunda es sobre cambio climático.

Probablemente, si te interesa y preocupa la biodiversidad, estarás muy pendiente de cualquier noticia sobre cambio climático, para entender, por ejemplo, cómo el calentamiento global parece estar amenazando el éxito reproductivo de las aves que migran al Ártico para criar —hasta hace poco, allí estaban bastante lejos de sus depredadores, pero el cambio de temperaturas parece estar permitiendo a animales como el zorro llegar a latitudes antes seguras para los huevos: el resultado es que las tasas de depredación en algunas zonas del Ártico se han duplicado e incluso triplicado en los últimos 50 años (estudio)—. Pero, ¿ocurre lo mismo en sentido inverso? Las personas más activas ante el cambio climático, ¿mantienen suficiente interés en la conservación de especies?

La atención política, económica y mediática de amplios sectores sociales interesados —sincera y afortunadamente— en frenar el cambio climático puede estar perdiéndose una parte de la película.

Hace unos días, Anne Larigauderie, secretaria ejecutiva de la Plataforma Intergubernamental sobre la Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES), ponía un ejemplo interesante. Desde 1990, se apunta, con mayor o menor entusiasmo, a la bioenergía como parte del mix energético para ayudar a mitigar el calentamiento global. Y esto, ¿no es bueno para la biodiversidad? Pues depende…

¿Dónde tenemos una «Australia» baldía?

Tal como recordaba Larigauderie, las previsiones para 2050 estiman que la demanda de tierras para la producción de biocombustibles puede multiplicarse por 10 o incluso por 30: estamos hablando de unos 724 millones de hectáreas, más o menos una superficie del tamaño de Australia. “La cuestión clave aquí es: ¿de dónde saldría esa enorme cantidad de tierras?”, se preguntaba Larigauderie. “¿Hay ahora mismo semejante cantidad de «tierra marginal» disponible o esto podría competir con la biodiverisdad? Algunos científicos argumentan que queda muy poca tierra marginal”, añadía.

Hasta ahora sabemos, por ejemplo, que los ecosistemas terrestres, con su diversidad de suelos y plantas, capturan alrededor de un tercio de las emisiones anuales de CO2; o que, en climas templados, una hectárea reforestada es cuatro veces más efectiva suavizando el clima que una hectárea de maíz para biocombustible.

¿Podremos ver la biodiversidad, no como una víctima potencial del cambio climático o como un daño colateral de la lucha contra el calentamiento global, sino como una aliada y una herramienta para combatirlo? ¿Conseguiremos en unos días reducir la distancia entre Egipto y Polonia?

Noticias Relacionadas
fake rolex watches
X
HAZTE SOCIO