La bióloga y el pescador

La vida en los océanos cotiza a la baja. Para hacer frente a una de sus causas se ha creado la patrulla Zepamed.

 

Las aves marinas se encuentran en regresión a nivel global. La captura y muerte accidental en artes de pesca aparece entre los principales motivos. Para tomar el pulso a esta situación, un equipo de siete biólogos se ha lanzado al Mar Balear con la complicidad de los patrones de más de sesenta pesqueros. Juntos –dentro del proyecto Zepamed, de SEO/BirdLife, con el apoyo de la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica– buscan soluciones a un drama que une a conservacionistas, científicos y pescadores.

Por Josefina Maestre (reportaje publicado en el nº 27 de Aves y naturaleza)

 

Jaume Caball y Vero Cortés en el “Mediterrània” ©Josefina Maestre-SEO/BirdLife

 

Cinco y media de la mañana. Amanece en el Puerto de Llançà (Girona), que empieza a bullir con el ruido de los motores de los arrastreros. En uno de ellos, el Costa Mediterrània, se ha embarcado hoy la bióloga Vero Cortés, pertrechada de prismáticos y cuaderno de notas. Tras dos meses a bordo de un palangrero de fondo ha decidido hoy probar suerte en el barco de 25 metros de eslora que capitanea Jaume Caball. Pesca desde hace 35 años en estas aguas y hace dos empezó a presumir de distinguir al menos media docena de aves marinas diferentes, esas que se ponen a popa cada vez que suben las redes. Jaume ha surtido la cabina de su barco de libros y guías de naturaleza, además de unas fichas preparadas de forma artesanal –ayudado por Vero–sobre pardelas, gaviotas o paíños, que muestra con entusiasmo a algunos de los turistas que, desde que empezó la crisis, decidió acomodar en su barco. A cambio, la bióloga obtiene datos sobre avistamientos de aves marinas que el patrón anota jornada a jornada en un cuaderno que ella le ha entregado. Jaume se considera un amante de la naturaleza, y sobre todo de esta agua salada que mira fascinado con sus brillantes ojos de mar. “Antiguamente muchos pescadores estaban en contra de los científicos –señala–, pero es bueno para todos que colaboremos conjuntamente. Ellos tienen estudios y nosotros la experiencia de los años en la evolución del pescado y las aves”.

Cortés forma parte de un equipo científico distribuido estratégicamente por varios puertos de Girona, Barcelona, Tarragona, Alicante, Murcia y Baleares, escenarios limítrofes del Mar Balear. Su objetivo, hacer un seguimiento de la pesca y de su interacción con las aves marinas, obtener datos sobre capturas accidentales en distintas artes –sobre todo palangre–, y trabar relaciones de mutua colaboración con los pescadores.

Carles Tobella, del equipo Zepamed, durante un embarque par experimentar con un repelente olfativo como posible medida de mitigación ©Pep Arcos-SEO/BirdLife

 

Son siete especialistas de SEO/BirdLife que, bajo la bandera del proyecto Zepamed, han conseguido articular una red colaborativa de más de sesenta barcos de pesca. Por aquí campan las tres especies de pardela de estas latitudes: cenicienta, mediterránea y balear –esta última mimada hasta la extenuación por BirdLife International al ser una de las especies marinas en mayor peligro en el mundo, y que solo habita en nuestras costas–; también paíños, gaviotas y págalos…

Las marinas son las aves más amenazadas en el mundo –entre 1950 y 2010 el número total disminuyó un 70 por ciento a nivel global, según un estudio reciente– y aunque padecen otras amenazas, como la contaminación, la pérdida de hábitat, los depredadores introducidos o la disminución de sus presas, la captura accidental en artes de pesca –el llamado “bycatch”– representa para algunas una verdadera lacra. Se estima que más de 200.000 ejemplares caen todos los años por esta causa en aguas comunitarias, algo que también supone una gran molestia para los pescadores, que pierden anzuelos, cebos y oportunidades de pesca, y sufren daños en las artes.

“Minimizar las capturas accidentales debe ser un objetivo común para los pescadores, investigadores, administraciones y conservacionistas. Es necesario encontrar juntos soluciones eficaces y satisfactorias para todos, y en ello trabaja Zepamed”, apunta Pep Arcos, responsable del Programa Marino de SEO/BirdLife. El nombre de este proyecto, que hace referencia a las Zonas de Especial Protección para las Aves (ZEPA) en el Mediterráneo, cuenta con el apoyo de la Fundación Biodiversidad delMinisterio para la Transición Ecológica en el marco del Programa Pleamar, cofinanciado por el Fondo Europeo Marítimo y de Pesca (FEMP).

 

Pardela balear ©Pep Arcos-SEO/BirdLife

 

Un tercio de las cerca de 350 especies de aves marinas conocidas está amenazado. España es el país comunitario con mayor diversidad –40 especies regulares, la mitad de ellas nidificantes–, debido, fundamentalmente, a su situación geográfica estratégica. La pardela balear se lleva la peor parte. “Se trata de una especie endémica del Mediterráneo, en cuya conservación tenemos una gran responsabilidad. Su población disminuye un catorce por ciento al año, en buena parte debido a las capturas accidentales, por lo que si no se hace nada por cambiar esta tendencia en sesenta años estará extinta”, resalta Pep Arcos.

Pero la pardela balear no es la única afectada. Aunque cuentan con poblaciones más numerosas, y por ello su extinción se vislumbra en un futuro más lejano, las pardelas cenicienta y mediterránea también sufren las capturas accidentales, y se encuentran en declive en buena parte debido a este problema. También el cormorán moñudo mediterráneo se veafectado, en este caso no solo por palangres sino también por redes de pesca y, nada despreciable, los sedales y anzuelos de las cañas de pesca recreativa.Otras especies, como gaviotas y alcas, también pueden ser víctimas no deseadas de la actividad pesquera, si bien no parece que esta sea su principal amenaza. Y el problema no se limita al Mediterráneo, aunque esta es la región mejor estudiada de nuestras aguas. “Las capturas accidentales se dan también en las aguas atlánticas, y no solo en las aguas españolas sino más allá, por lo que el problema debe abordarse trabajando localmente con los pescadores pero sin olvidar su perspectiva internacional”, enfatiza Arcos.

 

Menos aves… y menos peces

Pardelas baleares y gaviotas acompañan a una barca de cerco a su regreso a puerto ©Pep Arcos-SEO/BirdLife

Los pescadores que colaboran con los conservacionistas coinciden en sus apreciaciones: cada vez se ven menos aves. Desconocen la razón, pero se atreven a aventurar: quizás la sobrepesca de especies como anchoa y sardina hace que tengan menos presas que comer, o quizá hay menos pescadores (a los que perseguir en sus faenas para aprovechar cebos o descartes), o más atún que depreda sobre los peces, o a lo mejor es la contaminación, quizá el cambio climático…

Reconocen que hace años, cuando calaban el palangre, acudían muchas aves a los anzuelos atraídas por el cebo, pero ahora las cosas han cambiado. “Hace quince años empezabas a echar anzuelos y venía una nube de pájaros, y ahora solo ves doce o catorce”, señala Guillermo Roquer, palangrero. “Algunas veces llegábamos a capturar un ave en cada anzuelo. Teníamos que esperar a que el sol estuviera más alto para que no comieran, y entonces calábamos el palangre”, apunta por su parte Antonio Negre, expatrón mayor de la cofradía de Llançà y veterano colaborador de SEO/BirdLife. Jordi Granollers –dedicado al palangre y a las redes de enmalle– corrobora esta experiencia: “Antes, teníamos que parar de calar a veces porque solo cogíamos pájaros”.

Mientras los investigadores buscan aves marinas día tras día a través de sus prismáticos, los ojos del pescador de estas latitudes se fijan, sobre todo, en merluzas, besugos, rapes, gambas, pulpos o cigalas, entre otras muchas. Les preocupa la escasez de algunas especies y su menor tamaño. Tampoco saben muy bien por qué sucede, pero dancuenta de una situación preocupante –menos peces y más pequeños– y del inquietante futuro de un sector que, según ellos, sobrevive por la incorporación de inmigrantes y del que huyen los jóvenes locales. “En 2007 –señala Antonio Negre– se pescaron 75 toneladas de merluza en palangres y en 2017 no se ha llegado ni a una tonelada. No sabemos si es porque hay menos peces, o quizás más, porque ahora estamos llenos de atún durante todo el año, no solo en su temporada, y el atún es un depredador nato.

No se debe olvidar, sin embargo, que entre los múltiples impactos que afectan al medio marino, la pesca también juega un papel relevante. “La actividad ha adolecido de una gestión deficiente durante décadas, lo que hacontribuido considerablemente a que en la actualidad más del 90% de las poblaciones de peces comerciales se consideren sobreexplotadas. Más allá de abordar aspectos colaterales como el de las aves, que merecen toda la atención, es también crucial que sigamos avanzando hacia una gestión pesquera más colaborativa y basada en datos científicos, y a la vez que se faciliten lasayudas necesarias al sector, que en efecto atraviesa una grave crisis, paraadaptarse a esta nueva situación”, señala Pep Arcos. “Recientemente se están desarrollando experiencias ejemplares en Cataluña, en parte impulsadas por el propio sector y en las que participan muchos de los colaboradores de Zepamed, y esperamos que den frutos en un futuro cercano”, concluye.

 

A grandes males, a veces, sencillos remedios

Dentro de Zepamed se llevan a cabo experimentos con técnicas que intentan minimizar las capturas accidentales. Lo hacen animados por el equipo de biólogos que trabaja en el proyecto, que parten del éxito de experiencias previas en otras regiones del planeta, como los mares subantárticos, Sudáfrica o Alaska.

Vero Cortés y Guillermo Roquer trabajando en la puesta a punto del “tubo ocultacebos”, un sistema de calado para minimizar las captura accidentales de aves ©Josefina Maestre-SEO/BirdLife

Vero Cortés trabaja desde hace tiempo con Guillermo Roquer en un tubo un tanto especial –aunque no lo parezca a simple vista– que se coloca en la popa del barco y por el que pasan las líneas de cebos del palangre. De esta forma los cebos quedan fuera de la vista de las aves y, también, al permitir un calado del palangre más rápido, disminuye su atracción y se evita, por tanto, que queden enganchadas en el arte. Llegar a la versión actual del artilugio, cuya idea procede de pescadores ecuatorianos (lo llaman nisuri), les ha costado varios intentos y mucha paciencia. Una vez rematado, Vero lo probará en otros barcos palangreros.

 

 

“Es muy importante desarrollar un trabajo de divulgación y concienciación, en el que se informe a los pescadores del impacto que tiene su actividad sobre las aves y la gravedad del problema. De esta manera se puede conseguir que se impliquen en la búsqueda de soluciones y se motiven a aplicar medidas de mitigación”, señala Cortés.

Aparte del “tubo ocultacebos”, que ya ha sido probado en una versión diferente en pesqueros ecuatorianos, el equipo de SEO/BirdLife también ha experimentado con otras posibles medidas de mitigación. Entre ellas, un sistema de palangre vertical, que en este caso viene de Chile, y un repelente olfativo que inhibe a las aves de acercarse a la barca.

A todo esto se unen algunos consejos generales para las flotas palangreras, como calar de noche o con cebos poco atractivos para las aves, caso de los cangrejos. Otra posibilidad, tal y como comenta Jordi Granollers, es poner más peso en el palangre para que baje más rápido; así, las pardelas no tienen tiempo de alcanzar el cebo, evitando capturas indeseadas. Para la bióloga de SEO/BirdLife, “Trabajar codo con codo con los pescadores para buscar soluciones a uno de los impactos más importantes para las aves marinas del Mediterráneo, intercambiar conocimientos con ellos y ver cómo se implican resulta muy gratificante. También saber que este trabajo ayuda a aumentar su interés y sensibilidad por las aves, algo vital si queremos dar solución a este problema”.

 

LOS PESCADORES

©Josefina Maestre-SEO/BirdLife

 

JAUME CABALL

“Hay peces que han ido a menos y otros a más, pero no creo que sea por la sobreexplotación pesquera. Existen otros factores como la contaminación o el cambio climático. El pescado ahora es más pequeño, o se muere antes, o alguien se lo come. Ha ido a menos la cigala, la maira, el sable, y por el contrario hace unos cuatro o cinco años ha salido la gamba blanca, la langostinera, que nos ha arreglado algunas jornadas”.

 

 

 

 

JORDI GRANOLLERS
“No sé si es que no hay bastante comida para ellas o es que ha disminuido la población, pero antes había muchas, muchas aves. A veces teníamos que parar de calar porque solo cogíamos pájaros, y ahora, un día como hoy, vienen cincuenta y ya nos parecen muchas; por cierto, que ninguna se ha quedado enganchada, tras colocar más peso al palangre para evitarlo. Por desgracia tampoco hemos pescado ninguna merluza, aunque hemos calado 2.500 anzuelos ©Pep Arcos-SEO/BirdLife

 

 

©Vero Cortés-SEO/BirdLife

 

 

 

ANTONI NEGRE

En esta zona había mucha sardina grande, y la de ahora es pequeña –con entre 18 y 22 piezas hacías un kilo, y ahora hacen falta más de 50 piezas para hacerlo–.La anchoa igual. Y esto también afecta a las aves, puesto que si no tienen comida también hay menos población.

 

 

 

GUILLERMO ROQUER

©Josefina Maestre-SEO/BirdLife

La relación de los pescadores con organizaciones como SEO/BirdLife es buena, aunque siempre puede haber alguien que sea un poco más crítico. El 70 o 80 por ciento de la gente colabora bastante bien. Si al echar la sardina alagua coges un ave, ese anzuelo ya no pesca; por tanto este trabajo en común es bueno para las aves y es bueno para todos.

 

 

 

Vigías del Mar Balear

Al igual que Vero Cortés, otros cinco biólogos llevan a cabo actividades similares en otras zonas del Mar Balear, todos coordinados por Pep Arcos y por la propia Vero. Cada uno trabaja con una decena de barcos, trasconvencer –si hace falta– a los patrones de la conveniencia de su colaboración. Les entregan un cuaderno en el que deben apuntar las interacciones que tienen con las aves en cada jornada: especies vistas, capturadas, muertas, etcétera. Aparte de las tareas de formación y supervisión de los datos aportados, lostécnicos también realizan encuestas a los pescadores y otras labores como la recogida y necropsia de cadáveres. Para complementar esta labor, también efectúan algunos embarques, y discuten con los pescadores cuáles pueden ser las mejores fórmulas para solucionar las capturas accidentales.

El equipo está formado por Carles Tobella (Barcelona y sur de Girona); Pere Josa (Tarragona); Toni Mulet y Ana Orts (Alicante y Murcia); David García (Baleares); Vero Cortés (norte de Girona), y Pep Arcos (coordinador del proyecto).

 

 

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