¡Ni un grado más, ni una especie menos! 

“Malgastaremos demasiada energía en la necesaria transición energética si, al tiempo, abandonamos la conservación de la biodiversidad” (Asunción Ruiz)

 

¡Ni un grado más, ni una especie menos! Este podría ser un buen lema para que toda la sociedad saliera a la calle a manifestarse en favor de garantizar sus derechos y el de sus hijos. Sobran evidencias. El deterioro ambiental y la pobreza se dan la mano. El cambio climático y la pérdida de biodiversidad son los grandes retos sociales y económicos del siglo XXI.

Afortunadamente, la primera parte del lema empieza a ser entendido. El grito ¡Ni un grado más! está siendo asumido por la sociedad, las compañías, los Gobiernos y la comunidad internacional. Incluso el propio sector energético sabe –aunque se resista–, que no hay vuelta atrás. La transición energética está en cocina, aunque sea a fuego lento.

Por el contrario, la conservación de la biodiversidad está de capa caída. Es cierto que nunca ha sido una prioridad pero, quizás ahora, está derivando en una preocupante desidia y alarmante dejadez. Ironizando, podría decirse aquello de que la energía ni se crea, ni se destruye, sólo se transforma. Y como los recursos en medio ambiente son cada vez más y más escasos…, las políticas ambientales, triste e irremediablemente, se reducen y limitan a aquello que parece que más conviene en términos políticos.

No se discute. España necesita ya una ley de cambio climático y transición energética para hacer frente a ese “Ni un grado más”, pero resulta paradójico que cuando, por fin, parece inminente la aprobación de la ansiada ley, se publique en el Boletín Oficial del Estado una modificación de la Ley de Patrimonio Natural –contraria a la comunidad científica y a los tribunales– que debilita la protección de la naturaleza, frente a una de sus principales amenazas: las especies exóticas invasoras.

¡Ni una especie menos! Ese sería el grito que el flamante Ministerio para la Transición Ecológica debería tomarse muy, muy en serio, con todo lo que implica. Están obligados a resolver con responsabilidad la desatinada modificación de la ley que protege nuestro mejor banco económico y social: nuestra biodiversidad. La gestión del capital natural en España necesita de muchos más esfuerzos y refuerzos. Malgastaremos demasiada energía en la necesaria transición energética si, al tiempo, abandonamos la conservación de la biodiversidad.

 

Tórtola europea ©Mark Caunt/Shutterstock

 

Podemos afirmar que en el termómetro de la conservación de la naturaleza saltan chispas. Nuestra naturaleza está sufriendo pobreza ecológica. De la tórtola europea al torillo andaluz, pasando por el urogallo.

La transición ecológica requiere, al igual que la transición energética, exigir sin titubeos el concepto de eficiencia en la conservación y erradicar sin miramientos cualquier tipo de sobreexplotación sectorial. Podríamos llamarlo eficiencia ecológica e incluso social, y si me apuran económica. Me explico con un ejemplo. ¿Cómo podemos seguir cazando especies en claro declive, como la tórtola europea? Es pura ineficiencia ecológica. Seguiremos disparando tórtolas hasta llevarlas al estado crítico del urogallo y, solo entonces, invertiremos fondos para revertir la situación. Con suerte no acabará extinta como el torillo andaluz, e incluso llegados a este punto de la extinción tocará aplaudir a los bienintencionados, costosos y evitables programas de reintroducción.

En el sector energético se entiende muy bien aquello de energías renovables o no renovables, en función de la emisión de gases de efecto invernadero a la atmósfera. Ahora toca avanzar en el resto de los sectores entre producción y explotación responsable y no responsable, en función de la pérdida de especies que representan a nuestro patrimonio natural.

En el siglo XIX Darwin afirmó que “las especies para sobrevivir se adaptaron”. Ahora, en el siglo XXI, la sociedad necesita con urgencia para sobrevivir que se adapten sus sectores: energético, agrario, industrial, turístico… Sin adaptación sectorial, no habrá transición ecológica.

 

Para que haya transición ecológica es necesario que los sectores, como el agrario, se adapten  ©África Studio/Shutterstock

 

Desafortunadamente, el grito “Ni una especie menos” todavía no ha llegado a entenderlo gran parte de la sociedad. Suena a capricho o a lujo innecesario. Debe explicarse mejor y exigirse  –sin contemplaciones por los Gobiernos y la comunidad internacional- en la rendición de cuentas de las compañías, además de evitarse cualquier subvención perversa con la conservación de la naturaleza. Urge que los propios sectores implicados se den por aludidos. Deben adaptarse y mirar hacia delante. La transición ecológica debe iniciarse ¿Oído cocina?

¡Ni un grado más, ni una especie menos! Esa debería ser la doble y difícil tarea que emprendiese con energía responsable y valentía transformadora el Ministerio para la Transición Ecológica y el Alto Comisionado para el Desarrollo Sostenible dependiente del nuevo presidente del Gobierno. Sin vida en la naturaleza y a altas temperaturas, España no cumplirá la agenda 2030, nosotros no viviremos bien y de volar… ni hablamos.

 

 

 

Asunción Ruiz, directora ejecutiva de SEO/BirdLife

Editorial publicado en el último número de Aves y naturaleza

 

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