#MesdelosNidos. La vida en el interior de una caja nido: la crianza

Llegado el momento en que nacen las crías en el nido, las aves se enfrentan al mayor reto de sus vidas: alimentarlas para que en unos pocos días puedan abandonarlo volando.

 

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El reto de alimentar a las crías

Erni_shutterstock_143883403Si hasta ahora las aves que crían en nuestra caja nido han sido sometidas a la dura prueba de construir un nido en tiempo récord y poner e incubar un buen número de huevos -y ambos retos pueden haber sido asumidos íntegramente por la hembra, que recibirá únicamente el “apoyo” alimenticio del macho mientras incuba-, el nacimiento de las crías supone la “madre de todos los esfuerzos”.

Basta pensar en que unas crías de herrerillo común, que nacen pesando menos de un gramo, abandonarán el nido en poco más de dos semanas habiendo multiplicado por 10 esa cifra. Para ello los padres deberán convertirse en una especie de “cinta transportadora” que lleva un aporte continuo de alimento a unos pollos siempre hambrientos. Además, para alcanzar semejante velocidad de desarrollo, no solo deben recibir gran cantidad de alimento, sino uno altamente nutritivo y proteico. Por ello, hasta las aves granívoras como los gorriones recurren a la búsqueda de insectos y sus larvas para que las crías se desarrollen adecuadamente. Además este tipo de alimento tiene la ventaja de aportar también el agua que necesitan los polluelos, lo que libra a los padres de darles de beber.

Nuestros amigos herrerillos llegan a aportar hasta 100 presas diarias (fundamentalmente orugas) a cada cría. La energía que invierten en la búsqueda de alimento y su transporte al nido puede hacer que las hembras pierdan peso durante la estación reproductora, lo que implica una reducción de sus posibilidades de sobrevivir en invierno.

 

 

Time lapse del canal de youtube de Brett Oliver que condensa en 9 minutos el desarrollo de las crías de una pareja de herrerillos comunes desde su nacimiento hasta su salida del nido.

 

Además de lo anterior, los padres deben superar dos “problemillas” nada insignificantes:

 

  • Los excrementos. Unas crías que no paran de comer generan obviamente una cantidad enorme y constante de heces, que de quedar en el interior del nido, además de posibles problemas sanitarios, serían una fuente de olores que atraerían a posibles depredadores. Por ello las crías “encapsulan” sus excrementos en una especie de bolsa gelatinosa (saco fecal), y defecan justo después de que uno de los progenitores acabe de entrar al nido a aportar alimento. De esta forma el padre o la madre ceban a una de las crías y se quedan unos breves segundos observando si alguna se da la vuelta para mostrarle su cloaca (signo inequívoco de que va a defecar). A continuación capturan el saco fecal con su pico trasladándolo lejos del nido donde no sirva para delatar su ubicación a ningún depredador.
  • ¿A quién alimentar? Con muchas crías en el nido los padres no tienen tiempo para detenerse a mirar a quién ceban; simplemente introducen el alimento en la primera o más cercana boca abierta que ven. Las crías suelen responder al unísono ante la entrada de uno de lo progenitores alzando la cabeza hacia el agujero de entrada, abriendo la boca -provista de unas visibles boceras amarillas- e incitando a los adultos a introducir alimento en ella; a la vez, emiten un agudo piar característico. Como los padres no tienen tiempo para organizar un programa de cebas equitativo, han de ser las propias crías las que se autoorganicen, y lo hacen de una forma simple: aquellas que están más cerca de la entrada al nido tienen más posibilidades de recibir la comida, por lo que los pollitos más hambrientos se sitúan en esa posición. Una vez saciados, son desplazados hacia posiciones más retrasadas por las crías que llevan ya un rato sin recibir alimento, creando un movimiento cíclico y continuo que contenta a todos.

 

Cartel para "motivar" al pueblo en la erradicación de las "Cuatro Plagas"

Cartel para “motivar” al pueblo en la erradicación de las “Cuatro Plagas”

Los gorriones y Mao Tse-Tung. Cuando Mao abordó la rápida transformación de la sociedad tradicional China en otra “más moderna”, lanzó la campaña Gran Salto Adelante, orientada a revolucionar el sistema productivo del país. De forma un tanto sorprendente, los gorriones (y otras aves granívoras) se convirtieron en víctimas protagonistas de este programa a través de la campaña Las Cuatro Plagas, que pretendía exterminar ratones, moscas, mosquitos y… gorriones de los campos chinos. ¿Por qué? Porque alguien cuyos conocimientos del medio natural debían limitarse a saber usar una calculadora, estimó que si cada gorrión chino comía una media de 4,5 kilos de grano almacenado en silos, por cada millón de gorriones muertos se podrían alimentar a 60.000 personas. La consecuencia de esta campaña fue el exterminio de los gorriones a manos de millones de chinos bien motivados y aleccionados. La técnica consistía en asustarlos de forma coordinada en cada pueblo hasta el punto de que las aves caían al suelo exhaustas al no poder posarse en ningún lugar. Una segunda consecuencia resultó más inesperada: la caída de las cosechas dado que los gorriones, además de consumir grano, también comían cada primavera millones de insectos plaga para alimentar a sus crías.

 

¿Señales de SOS emitidas por los árboles? Tal es la cantidad de larvas de insectos que consumen las aves en primavera, que actúan como verdaderas controladoras naturales de plagas. Recientemente un estudio demostró que los herrerillos comunes detectan aquellos árboles que sufren una plaga de insectos que devoran sus hojas. Ante el estrés que sufre, el vegetal emite algún tipo de señal que las aves saben interpretar de forma que ambas partes ganan mucho: el árbol recibe la visita de aves que reducen las orugas que destruyen sus hojas, y las aves buscan comida allí donde les es más fácil encontrarla.

 

Sustos inesperados

El proceso de cría es el momento más importante para las aves, y muchas de ellas tienen una esperanza de vida tan corta que quizá sólo puedan reproducirse una única vez. Sin embargo, hay muchos factores que pueden desembocar en el fracaso reproductor de la pareja.

 

Es vital que las crías nazcan en el momento de máxima abundancia de alimento; cualquier retraso o adelanto respecto a ese breve periodo reduce el éxito reproductor de la pareja (o menos crías que vuelan y/o las que lo consiguen lo hacen en peor condición). El cambio climático provoca alteraciones en los patrones estacionales de disponibilidad de alimento (las hojas de los árboles aparecen antes, adelantándose la aparición de las orugas que se nutren de ellas) a lo que las aves deben responder adelantando su nidificación ya que de no conseguirlo ven mermadas sus posibilidades de sacar adelante a sus crías.

 

La depredación es otro de los factores que más afecta a la supervivencia de la nidada. Reptiles, mamíferos y otras aves dedican sus esfuerzos a detectar los nidos para depredar su contenido (huevos, crías y hasta la hembra incubando). Las cajas nido de madera son especialmente vulnerables al pico picapinos, sobre todo en zonas donde se han colocado los nidales en altas densidades. En estos casos este pájaro carpintero aprende que en el interior de esas cajas hay comida fácil -tan sólo requiere un rato para abrir un boquete en una de las paredes de la caja y acceder a su interior- y puede llegar a depredar casi la totalidad de nidos en una sola temporada. Para evitar este “problema” se pueden forrar las cajas nido de madera con malla metálica “a prueba de picapinos”.

 

Los roedores son otros grandes depredadores de nidos, al igual que mustélidos como la garduña o la marta, pero no debemos caer en la tentación de criminalizar a estas y otras especies pues en realidad lo único que hacen es luchar por su propia supervivencia y la de sus propias crías.

 

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Cajas nido retiradas de un bosque al haber sido depredadas por pico picapinos. El gran boquete impide que sean reutilizadas por las aves y además no es recomendable volver a poner cajas sin “defensas” antipájaros carpinteros, pues estos ya han aprendido que hay comida fácilmente accesible en su interior y volverán depredarlas. En estas imágenes pueden observarse dos culebras de escalera que han depredado cajas ocupadas por gorrión molinero, un lirón careto que ha ocupado una caja y unos murciélagos que se cobijan en el interior de otra anteriormente ocupada por carbonero común. Fotografías: Luis Martínez

 

Existe un último factor que puede hacer fracasar la puesta: las molestias ocasionadas por el hombre. Nunca debemos intentar curiosear el interior de un nido o sus inmediaciones. Los padres sufrirán un gran estrés al ver que su nido ha sido descubierto por un depredador (nosotros), y esa “sensación” de vulnerabilidad puede provocar que abandonen el nido al considerar que ya está “perdido”. Además, nuestra manipulación puede provocar que las crías que hay en el interior del nido huyan asustadas antes de tiempo, condenándolas a una probable muerte. Por ello volvemos a repetir: nunca se debe intentar manipular la caja nido durante el proceso reproductor.

 

Os animamos a compartir fotografías que muestren vuestros trabajos solos o en familia, en el jardín, en la terraza o el balcón. Enviádnoslas por Twitter, Facebook o Instagram, con la etiqueta #MesdelosNidos. Todas vuestras experiencias nos interesan… y además tienen premio:

 

 

Próxima entrada: #MesdelosNidos. Un hogar para las golondrinas

Si tienes cualquier duda puedes escribirnos a biodiversidadurbana@seo.org

 

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Autor del texto: Luis Martínez, área Social de SEO/BirdLife

 

Entradas anteriores:

1. Marzo es el #MesdelosNidos

2. #MesdelosNidos: ¿una caja nido para petirrojo o golondrina?

3. #MesdelosNidos: un hogar para golondrinas

4. #MesdelosNidos. La vida en el interior de una caja nido: construir e incubar

 

 

 

 

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