Así cambia la ciudad el canto de las aves

En una discoteca, sobre todo cuando se intenta ligar, es normal tener que alzar la voz e incluso repetir los piropos en más de una ocasión para que el interlocutor o interlocutora se entere.  Puede que la maniobra sea acertada o no, eso ya depende de otros factores, pero lo que es seguro es que a la mañana siguiente los esfuerzos se pagarán con algo de afonía. Eso, en el mejor de los casos. Los pájaros urbanos viven una situación similar aunque, en su caso, no es buscada: el ruido de fondo de la ciudad convierte este hábitat en una discoteca gigante donde las aves se ven forzadas a elevar el volumen, repetir su canto e incluso cambiarlo haciéndolo más agudos. Y eso no son buenas noticias para nadie.

El impacto del ruido o, mejor, dicho, de la contaminación acústica, sobre las aves está documentado en diversos estudios científicos. Mario Díaz, investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales y presidente del Comité Científico de SEO/BirdLife,  explica que cada especie modifica su conducta en función de sus capacidades pero, en general, el ruido y la compensación de sus efectos tienen consecuencias negativas. “De la misma manera que exponerse a un ruido excesivo puede producir daños en las personas, la contaminación acústica perjudica a las aves”, señala.

Una posible solución, que viene bien tanto a los seres humanos como a las aves (y a la fauna en general), es apostar por una mayor naturalización de la ciudad. Urbes con más espacios verdes, que hacen de pantalla frente al ruido y generan ‘oasis’ sin contaminación acústica, contribuyen a paliar estos efectos. Por eso, y otras muchas razones, SEO/BirdLife ha emprendido un proyecto para crear una red de 100 refugios para la biodiversidad urbana, un centenar de patios, jardines, terrazas y balcones tranquilos que llenen de vida silvestre nuestras calles y barrios. Para ello, hemos activado una campaña de micromecenazgo ¿Nos ayudas?

CANTOAVES

¿Cómo afecta el ruido urbano al canto de las aves?

Díaz, quien analizó el impacto del sonido de la ciudad en las aves en un artículo publicado en la revista científica Behavioral Ecology, revisa que se pueden distinguir al menos cuatro grandes tipos de cambios.

1.    El canto cambia

El ruido de fondo de la ciudad se mueve en frecuencias bajas (graves) así que, para hacerse oír, algunas aves suben la frecuencia a la que emiten el canto, que se vuelve más agudo. Le pasa al carbonero y, según un reciente estudio de la Universidad de George Mason (EEUU), a los herrerillos. En este último caso, el cambio parece disminuir la calidad del canto según es percibida por las hembras, lo cual no es precisamente positivo a la hora de encontrar pareja.

2.    Se canta a destiempo

Para sobrevivir en una ciudad, hay especies que han optado por cantar cuando menos ruido hay. Una investigación realizada en Reino Unido señalaba que los petirrojos urbanos prefieren trasnochar. Otras especies, en cambio, madrugan más e incluso han adelantado la fase de emparejamiento.

3.    El efecto discoteca

Si las dos opciones anteriores no son posibles, al ave le queda la fórmula discotequera, esto es, subir el volumen de su canto y cantar más para hacerse oír. Este es precisamente el cambio que ha detectado Mario Díaz y su equipo en verdecillos urbanos. La modificación, según expone, tendría sin embargo costes como, por ejemplo, que el esfuerzo por cantar más no solo atraiga a potenciales parejas sino también a los depredadores.

4.    Cantar menos

El estudio de Díaz apunta que, llegados a un determinado nivel de ruido (70 decibelios o más), las  aves se rinden y optan por cantar menos, lo que indica que los beneficios de cantar no compensan sus costes. La última opción es marcharse: “Varios trabajos han demostrado pérdidas no aleatorias de especies en las proximidades de fuentes de ruido como autopistas o estaciones de bombeo de petróleo o gas”. Esto suele ocurrirle a especies que, como el verdecillo, cantan en frecuencias bajas y, por tanto, les cuesta más usar las otras alternativas para evitar el  ruido de coches y seres humanos.

Aún queda camino para conocer todo lo que puede llegar a afectar el ruido a las aves. Sin embargo, parece evidente que entornos con menor contaminación acústica favorecen a todos sus habitantes. Tengan alas o no.

RED

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