‘Luz verde’ al cambio, por Asunción Ruiz

A 20 días de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en París (COP21) y a 40 días de las elecciones generales del 20-D, el editorial “Luz Verde al cambio” del número 17 de la revista Aves y Naturaleza está hoy más que nunca de actualidad. También fue publicado en este mismo blog el pasado mes de marzo.

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¡Llegan las golondrinas! Por fin está aquí la ansiada primavera…
La estación que provoca los cambios más transformadores y renovadores en la naturaleza. De hecho, su origen etimológico se refiere al “primer verdor”. Las plantas reverdecen, los almendros florecen… Es la estación del año más regeneradora, más explosiva, más vital…

Algo que recuerda -si se permite el símil- al momento que estamos viviendo. El ambiente está incandescente. El cambio se pide a gritos. El descontento se respira y… ¡No es para menos! Las movilizaciones sociales son un hecho, el panorama político está efervescente y los poderes económicos en alerta.

Nada que sorprenda. Es más, si de algo ha servido la crisis económica ha sido para desenmascarar las debilidades y miserias de nuestro modelo político, económico y social. Y algo más… ¡mucho más! Hasta anteayer, salvo conservacionistas, ecologistas y honrosas excepciones de personajes públicos, muy poco se hablaba, y mucho menos en un periodo de crisis, de la imperiosa necesidad de aplicar políticas ambientales más ambiciosas, como garantía ya no de sostenibilidad, sino de viabilidad del modelo actual.

 

Si de algo ha servido la crisis económica ha sido para desenmascarar las debilidades y miserias de nuestro modelo político, económico y social

Sin embargo, quizás fruto del optimismo que despierta la ansiada primavera, anima y alienta que después de muchos, demasiados años de lucha, cada vez más instituciones de prestigio y de muy diversa índole adopten nuestro propio discurso y coincidan con nuestras demandas históricas. Ahí van sólo algunos ejemplos recientes:

La Agencia Europea de Medio Ambiente advertía que muchos de los indicadores ambientales en nuestro continente estarán en alerta roja a 5-10 años vista y que ninguno muestra una tendencia positiva global más allá de 20 años.

La Agencia Internacional de la Energía recordaba la urgencia de implantar energías renovables y de  abandonar los combustibles fósiles ante los peligrosos efectos del cambio climático. Esto supondría aprovechar como máximo la tercera parte de las reservas conocidas de gas, petróleo y carbón en el mundo.

El Banco de Inglaterra declaraba que los combustibles fósiles no pueden rentabilizarse, lo que supone un grave riesgo financiero que debe considerarse seriamente en los mercados de inversiones, seguros, etc.

La Comisión Europea exigía a España corregir su gestión en el uso del agua y la conservación de la biodiversidad, y reorientar de forma urgente las políticas actuales, para evitar el riesgo de multas y la paralización del acceso a los beneficiosos fondos europeos.

La NASA alertaba de que se evidencian todas las señales que alertan de un posible colapso de la civilización industrial en pocas décadas de continuar la insostenible explotación de recursos naturales y la creciente desigualdad en la distribución de la riqueza.

La OCDE requería a España una política de ecofiscalidad más potente para incentivar la creación de empleo, y un modelo económico y energético más verde.

El Pentágono manifestaba que el cambio climático conlleva impactos y consecuencias que supondrán riesgos importantes para la seguridad internacional.

¡Atención! ¿Se están radicalizando las instituciones? No, sencillamente, llevábamos razón. Incluso todas ellas coinciden en que queda muy poco tiempo. ¿También son alarmistas?

Pues ni la NASA convence… Me explico. Los influyentes poderes económicos buscan los beneficios que les ofrece el crecimiento y a los Gobiernos ese crecimiento les asegura votos, pero ¿qué necesita la sociedad para progresar? Actuemos…

Desactivemos el desatinado modelo actual de manera sencilla. Estamos en año electoral. Exijamos a todos los partidos políticos compromisos ambientales ambiciosos, discursos ambientales en boca de sus líderes y seamos impecables e implacables en demandar su estricto cumplimiento. Y…, gane quien gane, seamos consumidores coherentes y responsables que empujen a los mercados a otro modelo de producción y consumo.

Salgamos de esta amnesia ecológica y de este insatisfactorio déficit de naturaleza. El verdadero problema es nuestra mentalidad, es nuestra cultura

Cambiemos el objeto de deseo. Provoquemos que los publicistas anuncien bienestar personal, en lugar de estatus económico. Salgamos de esta amnesia ecológica y de este insatisfactorio déficit de naturaleza. El verdadero problema es nuestra mentalidad, es nuestra cultura.

Y hablemos claro, mucho de lo vivido hasta ahora no podrá repetirse. No se trata sólo de salvar el planeta, el planeta seguirá… Se trata de nuestra supervivencia en él.
Entonces… ¿Será un cambio primaveral renovador? ¿Será una hibernación hasta que pase el temporal económico?

¡Vamos! Después de tantos años de lucha no se nos puede escapar esta motivadora primavera. Está en nuestras manos elegir bien el interruptor. Pongámonos las pilas. Demos luz verde a lo verde. Seamos decisivos. De lo contrario, el tan deseado cambio no será suficiente. No será regenerador.
Es más, visto lo visto, incluso se nos podría tachar de organizaciones “light”. Ironías aparte, es el momento…

¡Demos “luz verde” al cambio!
Aseguremos que las golondrinas anuncian todas nuestras primaveras.

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