Entrevista a Juan A. Amat, editor de ‘Ardeola’

Juan A. Amat lleva 38 años dedicado a la investigación científica en ornitología. Nada más terminar la carrera de Biología, en 1976, comenzó a trabajar en el CSIC, institución en la que continúa de forma permanente, dentro del departamento de Ecología de Humedales de la Estación Biológica de Doñana. Desde 2011, Amat edita Ardeola, la revista científica de SEO/BirdLife, que en 2014 cumple su 60 aniversario, efeméride que se ha celebrado integrando a la publicación dentro del importante portal online de ciencia BioOne.

 

Juan A. Amat, junto a la colección histórica de Ardeola en la biblioteca de SEO/BirdLife

Juan A. Amat, junto a la colección histórica de Ardeola en la biblioteca de SEO/BirdLife © Agustín Carretero-SEO/BirdLife

 

Aves y naturaleza. ¿Cuándo surge en su vida la llamada de la ornitología?

Juan Amat. Siempre me llamaron mucho la atención las aves. Durante mi infancia pasaba largas temporadas en el campo y recuerdo que mi principal afición era buscar nidos, sobre todo de pardillos comunes, pero también capturar pájaros con redes de tiro en abrevaderos. A casi todos los liberaba después. Lo que más capturaba eran fringílidos y terreras comunes.

 

AyN. Los capturaba para estudiarlos, imagino.

JA. A unos pocos los enjaulaba, pero no para estudiarlos. Me gustaba observar su comportamiento, pero sin mucho espíritu científico. Por entonces tenía menos de 14 años.

 

AyN. ¿De qué trataba su primer estudio científico y dónde lo publicó?

JA. Mi primer estudio ornitológico lo hice junto a Carlos Herrera, también investigador del CSIC. Fue sobre alimentación de garza imperial en Doñana y lo publicamos en Ardeola.

 

AyN. La mayoría de sus investigaciones tienen alguna relación con los humedales y las aves acuáticas. ¿Cómo llegó a decantarse por esta especialidad?

JA. Cuando en 1976, tras terminar la licenciatura, fui a hablar con Javier Castroviejo, por entonces director de la Estación Biológica de Doñana, para ver la posibilidad de iniciar un doctorado; él me indicó la necesidad de hacer estudios sobre aves acuáticas en Doñana. Y sugirió la realización de una tesis sobre patos o garzas. Preferí trabajar con patos porque pensaba que, como no tenía mucha experiencia, sería más fácil que trabajar con aves coloniales. Es irónico que empezase a trabajar con aves acuáticas porque a mí lo que más me gustaban eran los secarrales.

 

AyN. Es curioso, llegó a la investigación en humedales casi por azar, pero se ha mantenido fiel a este medio. Tendrá que confesarnos entonces cuál es su humedal predilecto.

JA. He visitado humedales en varios países, algunos de ellos espectaculares. Pero por los que más apego tengo es por dos en los que he trabajado muchos años: la marisma de Doñana y la laguna de Fuente de Piedra. Si tuviera que elegir uno me quedaría con una parte de la marisma de Doñana, entre los caños Travieso y de Guadiamar, donde están Las Colás, el lucio del Nudo y la quebrada de la Cierva, entre otros sitios. Allí junto al Travieso crían muchas aves acuáticas, como patos colorados, porrones comunes, cercetas pardillas, calamones, fochas comunes, polluelas chicas, fumareles cariblancos … y miles de mosquitos.

 

AyN. Algo tendrá que decirnos sobre el flamenco, una especie a la que ha dedicado más de un estudio científico. ¿Tiene algo que ver su proximidad a Doñana?

JA. No exactamente. Al flamenco llegué a través de Fuente de Piedra. En 1991 empecé en esa laguna un estudio sobre el chorlitejo patinegro, que estuve realizando sin interrupción hasta 1999 y que posteriormente continué, aunque no con tanta dedicación. En el año 2000 surgió la posibilidad de trabajar en un proyecto sobre flamencos para la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, y así es como empecé con esa especie. El estudio no solo se centraba en Fuente de Piedra sino en toda Andalucía. Desde entonces tuve otros proyectos y aunque en la actualidad no tengo ninguno específico sobre flamencos, todavía estamos analizando datos tomados en años anteriores.

 

Juan A. Amat pesando un macho de chorlitejo patinegro, una especie a cuyo estudio ha dedicado más de una década ©Cristina Ramo

Juan A. Amat pesando un macho de chorlitejo patinegro, una especie a cuyo estudio ha dedicado más de una década ©Cristina Ramo

  AyN. Desde sus comienzos como ornitólogo cómo ha visto la evolución de la ornitología en España.

JA. El cambio que ha habido a partir de la década de 1980 ha sido espectacular. No solo desde el punto de vista científico, también desde el aficionado. Ahora los aficionados están mucho mejor equipados con telescopios, cámaras fotográficas con potentes teleobjetivos, etc., de lo que lo estábamos hace 30 o 40 años, cuando si teníamos unos prismáticos éramos afortunados. Además, las posibilidades de ver especies poco comunes son mucho mayores en la actualidad, porque a través de los foros en Internet se avisa rápidamente de su presencia y localización. Por otra parte, los trabajos científicos que hacen los ornitólogos españoles no tienen nada que envidiar a los que se hacen en el resto del mundo. De hecho, tanto en la Universidad como en el CSIC, hay varios grupos punteros a nivel mundial.

 

AyN. Socio de SEO/BirdLife desde 1972, nada menos que desde hace 42 años, antes de terminar la carrera de Biología. ¿Recuerda en qué momento decidió unirse a la organización?

JA. Estaba en segundo curso de carrera cuando me enteré, no recuerdo cómo, de la existencia de SEO. Sí recuerdo que pedí información para hacerme socio y que me la envió el profesor Manuel Fernández-Cruz. El motivo por el que me hice socio tuvo más que ver con mi interés por la ornitología como ciencia que como afición.

 

AyN. Como sabe, estamos de celebración: el 60 aniversario de SEO/BirdLife. Imagino que la SEO a la que se apuntó cuando era estudiante universitario ha cambiado mucho desde entonces. ¿Qué le parece la organización a día de hoy?

JA. Sí que ha cambiado mucho. Si consideramos un eje, con el idealismo en un extremo y el materialismo en el otro, SEO/BirdLife ha hecho este recorrido de punta a punta con el paso de los años. Eso no es una crítica. Al principio funcionaba por la buena predisposición de un grupo de personas que dedicaban su tiempo libre a tirar del carro. En la actualidad la organización se ha profesionalizado, lo que ha sido importante porque ha permitido que personas entusiastas se puedan dedicar a tiempo completo a lo que les gusta. Y los logros, sobre todo conservacionistas, están ahí. Todo esto, además, se ha visto reforzado por un número de socios mucho mayor que hace 30 o 40 años.

 

AyN. ¿Hay algún hito de SEO/BirdLife que le gustaría destacar en estos 60 años de historia?

JA. Por lo que supuso en el rumbo de la organización, creo que la asociación con BirdLife International fue importantísima. Desde un punto de vista personal, siempre recordaré el primer congreso de SEO (entonces jornadas) al que asistí, en Cáceres en 1981, porque allí conocí a muchos ornitólogos con los que todavía mantengo contacto.

 

AyN. Ahora hablemos de Ardeola, que este año 2014 celebra también su 60 aniversario ¿Cómo valora la posición que ocupa en relación al conjunto de publicaciones de su ámbito?

JA. En el mundo de la ornitología científica la posición de Ardeola es muy aceptable. De hecho, forma parte de un limitado grupo de revistas que cumplen los estándares internacionales de calidad científica. Esa posición se consolidó gracias a los esfuerzos de los equipos editoriales que han trabajado en la revista durante las últimas décadas.

 

AyN. Con su debut como editor de Ardeola en 2011, la revista ha entrado a formar parte del portal de ciencia por Internet BioOne. ¿Qué supone para Ardeola estar presente en esta biblioteca virtual que aglutina publicaciones a la vanguardia en ciencias de la vida?

JA. Que la revista aparezca en BioOne posibilitará una mayor visibilidad en el mundo académico, lo que espero que favorezca un aumento en el número de suscripciones institucionales. También va a posibilitar que los socios de SEO/BirdLife podamos realizar, espero que en un futuro muy próximo, la suscripción a la versión online de Ardeola. Esto supondrá no solo ventajas medioambientales, al reducir el gasto de papel, de combustible (por el transporte de la revista impresa), los propios costes de impresión, etc., sino también ventajas para la propia revista, ya que al recibir ingresos de suscripciones institucionales permitirá que sus costes de producción se puedan cubrir en parte con esas suscripciones. Por otra parte, estar en BioOne puede favorecer un incremento del índice de impacto, que mide la calidad de una revista científica. El de Ardeola en la actualidad está en una posición intermedia en relación a otras revistas científicas ornitológicas.

 

¿Nos aguardan otras novedades mientras siga como editor?

JA. Mi tiempo como editor de Ardeola ya sobrepasó el ecuador. A corto plazo tenemos pensado que algunas secciones de la revista solo aparezcan, en acceso abierto, en la edición online. Novedades propiamente dichas en el tiempo que me queda como editor no preveo ninguna. Eso sí, en el equipo editorial continuaremos esforzándonos para mejorar la revista.

 

AyN. Díganos algún motivo por el que merece la pena estar suscrito a Ardeola

JA. Sería por un motivo doble. Por una parte permite tener acceso a los descubrimientos más recientes en ornitología. Por otra, se apoya la labor conservacionista de SEO/BirdLife.

 

Entrevista publicada en Aves y Naturareza nº 15

‘Ardeola’, 60 años de ornitología en España

 

 

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