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Pájaros agricultores, por Ignasi Ripoll

Morito común consumiendo un caracol manzana en el Delta del Ebro ©Xavier Curto

 

Cuando disfrutamos de la observación de aves, pensamos que hay algo más allá de identificarlos y observar sus costumbres, cómo se alimentan, cazan o pescan, cómo nadan o se zambullen, cómo levantan el vuelo o aterrizan, cómo planean o agitan las alas, solitarios o en grandes bandadas multitudinarias, cómo duermen sobre una o dos patas, se pelean por un rincón sobre el extremo cortado de un tronco, o por defender los polluelos, o por conquistar una pareja, cómo incuban pacientes los huevos o crían ajetreados la pollada. Más allá de su belleza y comportamiento hay una relación ecológica con el entorno donde viven. [more…]

Debemos saber que las aves, como el resto de organismos animales, vegetales y microscópicos, tienen una relación material y energética entre ellos y con el medio físico y químico, acuático, terrestre y aéreo. Esto es especialmente interesante en los ecosistemas de una zona húmeda, y todavía más en un medio tan transformado y humanizado como el agrícola. En estos sistemas las aves tienen una influencia vital en cosas que nos incumben tanto como la producción de alimentos humanos, la salud ambiental o el mantenimiento del paisaje. Es como cuando vamos al cine o al teatro: más allá de la estética de la indumentaria y los diálogos, nos interesa entender el rol de los personajes, el argumento y el sentido de la obra.

El juego de roles ecológicos con influencia socioeconómica incumbe a todas las especies, no solo a las aves. Por ejemplo, los insectos del huerto, unos polinizadores y otros anti plagas, son imprescindibles para que las tomateras den tomates, y los limoneros, limones. Sin abejas, zánganos, sírfidos o mariposas, las plantas con flores no intercambiarían el polen y no darían frutos, y sin mariquitas, tijeretas y otros depredadores, los pulgones harían estragos en hojas y tallos de nuestras tiernas plantas de cultivo. Los necesitamos para comer.

En los arrozales de nuestro Delta del Ebro ya hace años se descubrió una influencia muy benefactora del murciélago enano, otro de los actores no ornitológicos del escenario agrícola en zona húmeda. Los pequeños quirópteros, en plena fase de cultivo del arroz, si están en número suficiente, se zampan las mariposas nocturnas de los barrenadores del arroz, el Chilo suppressalis. El efecto es impresionante, ya que convierten la peor de las plagas agrícolas en el mejor de los abonos para las plantas, el guano de murciélago, ahorrando pesticidas, abonos químicos, evitando gastos y contaminación del aire y del agua. Es suficiente con tener un refugio de estos animales por hectárea y, eso sí, darles tiempo a que se instalen. Es un rol muy similar al que hacían las ranas, cuando eran muy abundantes, también engolosinadas con estas mariposas nocturnas, o el que hacen los peces, que comen larvas de mosquito cuando las aguas son bastante abiertas.

 

En un sistema equilibrado todo aquello que abunda se aprovecha y casi no existen plagas

 

Pero queremos descubrir el rol de las aves, y no resulta nada nuevo reivindicar el efecto benéfico de las aves insectívoras sobre la agricultura. Ya en 1868 un grupo de agricultores, alarmados por la depredación de los pájaros insectívoros realizada por la industria del plumaje, muy desarrollada a raíz de la moda victoriana, pidió al Emperador Austro-Húngaro Francisco José I la suscripción de un tratado internacional para proteger las aves beneficiosas para la agricultura. En 1902 se firmó en París el Acuerdo Internacional para la Protección de las Aves Útiles para la Agricultura que establece prohibiciones de captura de determinadas especies y obligaciones referidas a la protección del nido y los huevos. Uno de los padres de la ornitología catalana del siglo XIX, Emili Tarré, publicó una obra divulgativa con el sugerente título “Els aucells més útils a l’agricultura de Catalunya” (1902), donde el autor describía una a una las especies de aves y su comportamiento benéfico para el campo. Una divulgación que no se hubiera dejado de hacer.

 

Arrozales ecológicos en el Delta del Ebro ©SEO/BirdLife

 

Ya se ha comentado en este blog que entre 1958 y 1959 los ornitólogos chinos debieron demostrar que el 25% de lo que los pájaros comían era grano, mientras que el 75 % eran insectos plaga, para parar el exterminio a gran escala ordenado por Mao Tse-Tung, después de declarar estos pájaros como enemigos de la revolución por su consumo de granos de arroz. La masacre de las poblaciones de esta ave en China dejó los arrozales a la merced de las plagas de langosta y provocó una catástrofe agrícola, con millones de muertes por hambre, y obligando a importar de nuevo gorriones de la vecina Unión Soviética.

En nuestro Delta, esta tarea ecológica insectívora la comparten los gorriones comunes y los gorriones molineros, aparte de un gran número de insectívoros estivales, como carriceros, carriceros tordales, la golondrina, el pájaro moscón, y todos los granívoros que, para alimentar a sus polluelos, deben capturan insectos. Por ello en la Reserva de Riet Vell, en la Reserva Ornitológica del Clot y en el Bosque de la Comandanta ponemos más de 150 cajas para gorriones molineros y comunes, que necesitan agujeros donde nidificar, pues en el Delta hay pocos árboles con agujeros naturales. También tenemos cajas para las lechuzas, que nos ayudan a proteger el grano de arroz almacenado contra su peor enemigo natural: los ratones.

Los cangrejos rojos americanos, desde hace cuarenta años invasión muy molesta para los arrozales por su costumbre de excavar los márgenes y producir fugas de agua que dificultan la gestión de los niveles, llegando a descalzar y destruir puentes, ahora son la base alimentaria de las gaviotas de Audouin, de todas las ardéidas, moritos comunes y una gran diversidad de especies del Delta, que lo aprovechan, decreciendo su población ostensiblemente. Las aves los tienen también bajo vigilancia. De hecho éste es un buen ejemplo de como la biodiversidad elevada ayuda a integrar y controlar las especies exóticas invasoras. Ahora es el turno del caracol manzana.

El caracol manzana, la especie exótica más peligrosa para los arrozales en estos momentos, parece que tiene diversos enemigos naturales como la carpa, el ánade real, la anguila y la rata, pero ahora ha aparecido uno que se está multiplicando por toda la superficie deltáica y que es capaz de engullirse individuos de caracol de los grandes. Los moritos comunes, que siempre han tenido gasterópodos como parte de su dieta, ahora pueden constituir un auténtico sistema inmunitario contra esta plaga en campos todavía no infectados, pues van rastreando palmo a palmo en los campos de los dos hemideltas y engullendo ávidamente todo pequeño organismo que su pico abarca. Deseémosles suerte. Los necesitamos.

Hay aves que no son un beneficio para los arrozales, como el calamón común, que puede producir pérdidas importantes en campos próximos a sus zonas de nidificación en carrizales y lagunas, aunque durante el invierno dejan los campos limpios de tubérculos de castañuela. En otras zonas, como Japón o Doñana, quien elimina los tubérculos de esta mala hierba, la peor de todas, es el ganso salvaje, animal migratorio que hurga el sedimento para hacerse con la energía contenida en las chufas durmientes. En estas zonas, los arrozales no sufren de esta hierba. Por aquí migran muy pocos gansos salvajes.

Nuestra sorpresa para este año, de pájaros agricultores, fue mientras plantábamos arroz y dejábamos flotando algunas castañuelas que venían con las gavillas del plantel, al comprobar como los fumareles cariblancos que nidifican en la laguna de Riet Vell se llevaban uno a uno los tallos de castañuela para construir su nido efímero y flotante. La colonia de fumareles cariblancos de este año ha sido un éxito reproductivo, como la de charranes comunes y gaviota vulgar en la laguna, las golondrinas en el observatorio, los gorriones molineros y los cernícalos en las cajas nido. Pero son las relaciones fantásticas y la acción equilibrada entre aves y agricultura las que no dejarán nunca de sorprender al observador atento.

 

 

Ignasi Ripoll, oficina técnica de SEO/Birdlife en el Delta del Ebro

Contacto: iripoll@seo.org

 

 

Otros artículos de Ignasi Ripoll:

La agricultura tradicional a la vanguardia

Hablan nuestros delegados (I)

Arrozvolución 000, cultivo ecológico en el Delta del Ebro sin huella de CO2

 

Más información sobre el Delta del Ebro:

Reserva Ornitológica de Riet Vell en la Aventura del Saber (TVE)

Reserva Ornitológica de El Clot en la Aventura del Saber (TVE)

Ignasi Ripoll, responsable de la oficina de SEO/BirdLife en el delta del Ebro habla de la importancia de la Reserva Ornitológica de Riet Vell en la Red Natura 2000

 

Vida del chorlitejo chico en un recinto industrial

El chorlitejo chico es un nidificante escaso en la Cornisa Cantábrica, y Cantabria no es una excepción. Ante la escasez de zonas naturales adecuadas para criar, se ha observado la ocupación por esta especie de espacios degradados originados por la actividad humana, como los solares abandonados en la periferia de las ciudades, o las graveras. [more…]

Esta tendencia alcanza su punto más llamativo en la importante colonia nidificante que ocupa desde hace años, con gran fidelidad, el recinto industrial de Solvay Química, S. L., situado a las afueras de la ciudad de Torrelavega. Esta colonia, con una media de siete parejas anuales, constituye una parte significativa de la población nidificante de Cantabria.

 

La colonia nidificante de chorlitejos chicos

Los chorlitejos chicos crían en zonas marginales del recinto fabril de la factoría, situadas en los extremos sur y norte del mismo.

La primera de ellas es el Parque de Materiales, situado al norte, donde hay abundantes explanadas de grava con muy escasa o nula (según las zonas) circulación de vehículos. Forma un mosaico de zonas de grava, almacenes, talleres, viales de circulación, vías internas de ferrocarril, almacén a la intemperie de grandes piezas metálicas y pequeñas zonas ajardinadas.

Nido de chorlitejo chico junto a una vía interna de ferrocarril fuera de uso © Antonio Rodríguez Arduengo

La segunda es el solar donde se encontraba la antigua fabricación de Hispavic, situada al sur de la carretera que va de Barreda al puente La Barca. Las zonas periféricas están ajardinadas, con abundante vegetación herbácea y arbórea. La zona central, correspondiente a los antiguos solares, desarrolla una vegetación herbácea escasa, y es la preferida por los chorlitejos.

En el año 2014 se localiza una tercera zona de cría en los antiguos Diques, situados al norte del recinto fabril, alejados de la actividad industrial. Esta zona se ha cubierto progresivamente de monte bajo y arbolado, por lo que tiene pocos lugares despejados y cubiertos de grava, que son los que seleccionan los chorlitejos chicos. No obstante, hay una explanada grande en la zona central que reúne estas características, y otro sector menos adecuado rodeado por monte bajo, en los que se ha confirmado la presencia de parejas reproductoras.

Ciclo reproductor

Los chorlitejos chicos aparecen en la fábrica a mediados de marzo, y permanecen en ella hasta principios o mediados de agosto. Las primeras semanas van ocupando los territorios usados en años anteriores, y empiezan sus primeras puestas en el mes de abril, aunque algunas parejas no lo hacen hasta mayo. Crían una o dos veces en cada temporada.

Los machos cortejan a las hembras pavoneándose ante ellas y ofreciéndoles posibles nidos, construidos por ellos en el suelo al apartar las piedras más gruesas con su pecho. Si la hembra consiente, se producirá la cópula. En los días siguientes irán poniendo los huevos, hasta completar cuatro (a veces tres). La incubación empezará con el penúltimo o el último huevo, y todos los pollos nacerán a la vez, tras una incubación de unos 24 días. El mismo día de su nacimiento, abandonarán el nido y empezarán a buscar comida, vigilados por sus padres.

Nidos ofrecidos por el macho a la hembra, y no ocupados © Antonio Rodríguez Arduengo

Cópula de chorlitejos chicos © Antonio Rodríguez Arduengo

Pollos recién nacidos, a punto de abandonar el nido. El de la derecha aún tiene el plumón húmedo © Antonio Rodríguez Arduengo

Al cabo de tres semanas o algo más, los pollos se independizarán de sus padres. Al principio su plumaje es críptico y les sirve como camuflaje, pero poco a poco se va transformando, hasta adquirir el aspecto de los adultos.

El comportamiento de los chorlitejos chicos

Los chorlitejos chicos son aves muy discretas, que consiguen pasar desapercibidas para la gran mayoría de los trabajadores del complejo fabril, a pesar de encontrarse muchas veces a pocos metros de donde éstos desarrollan su trabajo.

Cuando no están involucrados en un proceso de cría, se quedan parados a poca distancia de los vehículos que circulan, o se apartan discretamente cuando pasa alguien caminando.

Cuando están incubando, son igualmente discretos. El ejemplar que está echado en el nido, no se mueve de su sitio, a pesar de la cercanía de vehículos y trabajadores. No obstante, si percibe que alguien se queda parado frente a su nido y corre el riesgo de ser localizado, lo abandona y se marcha con paso apresurado, sin hacer ruido ni llamar la atención, hasta alejarse, confiando en el que la falta de infraestructura del nido y el diseño críptico de sus huevos los haga pasar desapercibidos (apenas apartan las piedras más grandes para crear una pequeña depresión y a veces acumulan unos pocos restos vegetales de pequeño tamaño). En efecto, cualquiera que haya intentado detectar un nido, a pesar de saber la zona en la que se encuentra, habrá comprobado lo difícil que resulta. En cuanto el chorlitejo que está incubando considera que el peligro ha pasado, retorna con la misma celeridad a su labor en el nido.

Chorlitejo incubando en su nido ©Antonio Rodríguez Arduengo

Nido (señalado con la flecha roja) con cuatro huevos de chorlitejo © Antonio Rodríguez Arduengo

En cambio, cuando ya han nacido sus pollos nidífugos, su comportamiento ante un posible depredador dista mucho de ser discreto. Los adultos empiezan a correr, emitiendo reclamos de alarma, mientras sus pollos se echan al suelo en cuanto los oyen, para pasar desapercibidos gracias a su plumaje críptico. Mientras tanto, si consideran que el depredador no se fija lo suficiente en los adultos, y se corre el riesgo de que localice a los pollos, sus progenitores empiezan a simular que tienen un ala rota, agachándose y sacudiendo primero un ala y luego otra de forma lastimera, a la vez que empiezan a alejarse, para que los siga el presunto depredador y alejarlo del lugar donde están echados sus pollos. Una vez que ha cesado el peligro, los adultos vuelven a donde dejaron a los pollos y la situación se normaliza, continuando toda la familia con la búsqueda de alimento.

Como ocurre con otras aves que anidan en espacios abiertos, los pollos consideran que su única oportunidad de supervivencia frente a un depredador es quedarse muy quietos, echados en el suelo. Aunque el observador se acerque mucho a ellos, hasta casi tocarlos, no se moverán. Al igual que ocurre con los huevos, el diseño de su plumaje es tal, que resulta muy difícil localizarlos en el suelo, aunque se encuentren en un lugar desprovisto de vegetación, a muy poca distancia del observador.

Chorlitejo simulando tener un ala rota, para atraer la atención del presunto depredador © Antonio Rodríguez Arduengo

Estas maniobras de distracción por los adultos y de camuflaje por parte de los pollos continúan mientras estos últimos son pequeños. Más tarde, cuando son capaces de correr con rapidez, o incluso de volar, los pollos ya no se echan al suelo habitualmente, y prefieren alejarse del peligro cuando sus padres emiten los reclamos de alarma.

Pollo muy pequeño, echado para camuflarse ante un presunto depredador © Antonio Rodríguez Arduengo

Sus costumbres evolucionan

Tras años de seguimiento de esta población nidificante, se ha observado una evolución en las costumbres de la misma: un abandono progresivo de amplias zonas con características apropiadas para la cría y concentración en zonas con una mayor actividad humana. En estas zonas con mayor actividad, con trabajadores haciendo labores de mantenimiento y vehículos circulando, los riesgos potenciales de que se malogre el proceso de cría por accidentes fortuitos (aplastamiento de un nido o de un pollo) son mayores. En cambio es muy posible que el beneficio obtenido (ausencia o menor presencia de depredadores, que evitan las zonas más frecuentadas por el hombre), hace que los chorlitejos seleccionen positivamente estas zonas. Así encontramos que uno de los lugares que escogen cada año se encuentra a pocos metros de distancia de talleres con una actividad constante y de vehículos circulando, entre material almacenado en el suelo.

Los chorlitejos prefieren criar muy cerca de los trabajadores porque alí hay menos depredadores

Las costumbres de nidificación de los chorlitejos los hacen muy vulnerables a los depredadores, ya que sus huevos y sus pollos están a su alcance sin dificultad (están en el suelo, no en acantilados inaccesibles ni en árboles altos), y su seguridad está basada en la vigilancia de los padres y la capacidad de camuflaje. Esto hace que, aunque sus puestas son de cuatro huevos y normalmente eclosionan todos, el número de pollos que mantiene cada familia suele ir reduciéndose con el paso de las semanas que dura el proceso de dependencia, hasta incluso llegar a cero en algunos casos.

Chorlitejo chico incubando cerca de zonas con gran actividad humana © Antonio Rodríguez Arduengo

Los depredadores principales de los chorlitejos chicos, los perros y los gatos asilvestrados, están ausentes del recinto fabril. En este sentido, resulta llamativa la diferencia de comportamiento entre esta población del recinto fabril y los que anidan en la cantera de Cuchía, utilizada hasta hace unos años para la extracción de piedra caliza por Solvay Química S. L., y actualmente en proceso de rehabilitación ambiental. En el recinto fabril es fácil hacer un seguimiento del estado de cada familia, si se tiene experiencia en ello y se los observa a una cierta distancia, y se puede saber por su comportamiento si están incubando y dónde tienen el nido, o si sus pollos ya nacieron, cuántos quedan y cómo están de desarrollados, ya que su comportamiento es de camuflaje y defensa, como ya se ha descrito, pero sin demasiada tensión. En cambio, en la citada cantera, que es de libre acceso y por la que pasean muchas personas con perros sueltos, el comportamiento observado a la pareja nidificante localizada en 2014 es muy diferente. Cuando ven que llega un caminante, a distancias enormes empiezan ya a avisar a sus pollos, que no se limitan a echarse al suelo, si no que se esconden entre la escasa vegetación del suelo, señal de que sufren una presión depredadora muy superior, lo que se refleja en que el número de pollos se reduce con rapidez.

Otros posibles depredadores de los huevos y pollos de los chorlitejos, como el jabalí o el zorro, no suelen llegar a las zonas que los chorlitejos ocupan mayoritariamente en el recinto fabril. Caso diferente es el de las martas o los córvidos. Es probable que esta sea la razón de que cada vez críen en zonas más cercanas a la actividad humana.

Chorlitejo hembra junto a un pollo de corta edad © Antonio Rodríguez Arduengo

Medidas de protección de la población nidificante

La Dirección de la empresa es conocedora de la existencia de la colonia de cría de chorlitejos chicos y de su evolución. El seguimiento y cuidado de la misma corre a cargo de Antonio Rodríguez Arduengo, que lleva a cabo las siguientes medidas de protección:

• Da instrucciones a los jardineros sobre cuándo y dónde se puede segar, para evitar destrucciones de pollos o huevos por un lado, pero también para evitar el excesivo crecimiento de la vegetación herbácea, que desagrada a los chorlitejos chicos y los disuade de ocupar los solares en los que crece mucho la hierba.

Mantiene una vigilancia constante de posibles usos de los espacios ocupados por los chorlitejos, incompatibles con su supervivencia, informando de la existencia de estas aves a las personas necesarias, para evitar la circulación de vehículos por zonas que no sean viales, o el depósito de materiales en lugares sensibles (nidos en proceso de incubación, pollos pequeños).

• Realiza un seguimiento semanal durante el período de permanencia de los chorlitejos en las instalaciones fabriles, para conocer la evolución de la población (cría, ocupación de zonas, etc.). Con los datos recogidos, elabora un informe anual de cada temporada de cría.

• Evita una excesiva publicidad de la existencia de los chorlitejos chicos, informando de ella sólo a los que considera imprescindibles (aquéllos que pueden influir en su seguridad) por considerar también que dicha seguridad se ve favorecida por el relativo desconocimiento de su presencia, ya que una visita frecuente de curiosos a los lugares donde se encuentran los pollos y los huevos podría perjudicar el éxito del proceso de cría.

 

Antonio Rodríguez Arduengo es socio de SEO/BirdLife y de otras ONG’s, como Fotografía y Biodiversidad, en la que participa como experto en la Galería de Mamíferos de la plataforma Biodiversidad Virtual

Contacto: antarduengo@terra.com

 

 

Los chorlitejos reclaman su parte de playa

Lunes 24 de marzo de 2014, en la playa del Serradal de Castellón. Desde la distancia se observa algo en la arena, apenas un bulto, que conforme nos acercamos, se levanta y corre rápidamente hacia unas dunas cercanas desde donde otea nuestra llegada. Se trata de una hembra adulta de chorlitejo patinegro Charadrius alexandrinus, en concreto N[AAC], que desde el pasado 7 de marzo anda ocupada junto a N[AAD] en el cuidado de su nido.Se trata del primer nido encontrado en el municipio este año, y al igual que en 2013, esta pareja ha sido la más tempranera… incluso han repetido zona, pues dichas áreas de nidificación apenas distan 35 metros. [more…]

Toda esta información, así como el haber podido determinar en nuestra población la existencia de poligamia secuencial (es decir, la hembra se empareja con un macho y hace una primera puesta, a continuación se empareja con otro macho con el que tiene otra puesta). En nuestro caso la hembra N[AAC]* se emparejó con N[AAD], y tras la eclosión de los huevos se emparejo con N[AAv]. O ver que una misma hembra, N[AAF], hizo dos puestas consecutivas distantes en más de 2km, no hubiese sido posible sin el anillamiento de los diferentes ejemplares (que permite identificar mediante las anillas a cada individuo). Estos datos provienen del proyecto de seguimiento del chorlitejo patinegro en las provincias de Castellón y Valencia que llevan a cabo de manera conjunta la Colla Ecologista de Castelló (CEC) y el Grupo de Anillamiento Pit-Roig (GAPR).

La biodiversidad, añade un nuevo valor –el ecológico- a las playas entendidas como zonas de relax, ocio y disfrute

¿Por qué surge este proyecto? Porque pese a la falta de datos a nivel nacional, se ha podido determinar el declive de la especie en diversas comunidades autónomas, entre ellas la Comunidad Valenciana. A modo de ejemplo, en la provincia de Castellón, donde la CEC realiza censos anuales de nidos desde 1993, se ha observado para el período 1993-2013 una disminución del 88.75% de los mismos (338 a 38 nidos). Éstas y otras evidencias han hecho reconsiderar el estatus de la especie, que en la actualidad está catalogada como Vulnerable (Orden 6/2013, DOCV núm 6996 de 04/04/2013).

Dado que la mayoría de información disponible se basa en censos, nuestra idea es proporcionar, para las provincias de Castellón y Valencia, parámetros adicionales de tipo individual (supervivencia, dispersión, áreas de invernada, parámetros reproductores) que puedan ayudar a conocer más detalladamente los problemas que padece la especie, así como sus posibles soluciones.

Resultado de los censos anuales de nidos para la provincia de Castellón (1993-2012). Sin datos para 1995 y 1997

En la actualidad se considera que el descenso en la población se debe en gran medida a la degradación que han sufrido sus áreas de cría, fundamentalmente ecosistemas dunares y humedales costeros. En la Comunidad Valenciana casi la mitad de los nidos (42.7%) se situan en la playa, y resulta evidente que reproduciéndose en un hábitat de gran interés turístico, y precisamente en la época de mayor afluencia de visitantes -marzo a julio-, es raro el día que nadie les provoque molestias.

Además, aún cuando un nido resistiese los 24-27 dias de incubación sin abandonos, aparece la cuestión de la alimentación de los pollos. Una de las zonas que mantienen mayor cantidad de invertebrados de los que alimentarse son las algas que cubren la arena tras los temporales, pero éstas son continuamente retirados por parte de las brigadas de limpieza (que a su vez pueden pisar y destruir los nidos durante estas mismas labores), lo que reduce notablemente la capacidad de los jóvenes para comer y, por tanto, sobrevivir. Hay que añadir también, los fracasos debidos a causas naturales y los ocasionados por vehículos y perros que, pese a las prohibiciones al respecto, transitan por el litoral.

Pero no pensemos que estos problemas de degradación del medio litoral afectan únicamente al chorlitejo patinegro. Podríamos encontrar un caso parecido en el charrancito Sternula albifrons, cuya querencia por hábitats costeros es causante, en gran medida, de la tendecia regresiva de la especie a nivel nacional. Por poner ejemplos de algo más que aves, insectos como el escarabajo pelotero de las dunas Scarabaeus semipunctatus y el diptero Rhyncomya italica, o plantas como la jarilla de cabeza de gato Helianthemum caput-felis todos ellos exclusivos de ambientes dunares, también muestran tendencias regresivas muy importantes. Del mismo modo, la presión turística de las zonas litorales parece haber sido la causa del descenso poblacional de varias especies de tortugas marinas. Curiosamente, y de manera sorprendente han sido localizadas este mismo año 2 puestas de Tortuga boba Caretta caretta en el litoral mediterráneo, una en Alicante y otra en Tarragona. Estas puestas han sido trasladadas a playas con acceso restringido de l’Albufera de Valencia y Delta del Ebro respectivamente, para favorecer la eclosión y supervivencia de las crías.

Izqu: chorlitejo patinegro alimentándose de arribazones © Sandra Gómez. Dcha: Pulga de mar, fuente de alimento © Pepe Greño

Dado que las causas conocidas de estos descensos poblacionales son variadas, entendemos que también han de serlo las soluciones, así como las asociaciones que tomen parte de las mismas. Por lo tanto, y por poner como ejemplo la especie con la que iniciabamos esta entrada, desde GAPR y CEC, así como otras entidades, se están llevando a cabo una serie de medidas que pretenden favorecer la mejora de las poblaciones de chorlitejo patinegro: campañas de divulgación, censos, anillamiento de las aves y seguimiento anual posterior, limpieza controlada de las playas, etc.  (para más información contactar directamente con el autor)

Todas estas medidas (cuya eficacia real aún ha de ser evaluada) muestra una intención político-económica, aunque sea puntual, de sustituir un agresivo modelo turístico de sol y playa por otro más sostenible. En este nuevo escenario, la biodiversidad, como otro usuario del hábitat, dispone de derechos de uso y disfrute sobre el mismo, que han de ser respetados, y que en lugar de restar, añade un nuevo valor –el ecológico- a las playas entendidas como zonas de relax, ocio y disfrute.

 

*Anillas de lectura a distancia utilizadas de forma complementaria a las anillas metálicas oficiales. Estas anillas de lectura a distancia permiten hacer el seguimiento de los individuos sin necesidad de volver a capturar al ave.

 

 

José Luis (Pepe) Greño es anillador experto del Grupo Pit-roig del CMA. Miembro de la Colla Ecologista de Castelló

Contacto:Facebook de Pepe Greño

 

 

 

Más información sobre el trabajo con el chorlitejo patinegro:

 

 

Temporales y mortandad de aves marinas: ¿a qué nos enfrentamos?

El hallazgo de miles de aves marinas muertas o debilitadas tras los fuertes y repetidos temporales de este invierno 2013–2014 está causando cierto eco en los medios de comunicación y abre numerosos interrogantes: ¿Se trata de un fenómeno excepcional? ¿Qué impacto tendrá sobre las poblaciones de las especies afectadas? Si mueren decenas o cientos de miles de aves por las tormentas ¿por qué no reaccionar de forma tan contundente como ante una marea negra, que tiene un impacto directo similar? ¿Y qué sentido tiene preocuparse tanto por las capturas accidentales en artes de pesca, cuando podrían morir más aves a causa de fenómenos estocásticos (es decir, azarosos) como los temporales? El presente escrito surge de varias conversaciones entre los firmantes a raíz de este episodio, en las que hemos discutido sobre estas y otras cuestiones de trascendencia para la conservación de las aves marinas.

Voluntarios recogiendo aves orilladas por los recientes temporales © SEO/BirdLife

 

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Animales de larga vida

Para abordar estas cuestiones, es importante dar primero unas pinceladas sobre las estrategias vitales de las aves marinas [1]. En general, se trata de animales muy longevos, que pueden alcanzar ¡hasta más de 60 años! En ellos, la tasa de supervivencia (adulta) es un parámetro clave en la dinámica poblacional, y suele ser bastante estable. Como contrapartida, sus tasas de reproducción son bajas y más variables. En años adversos pueden darse fracasos reproductores generalizados, pero los adultos suelen sobrevivir. En conjunto podemos hablar de especies “conservadoras”, con poblaciones que reaccionan lentamente a los cambios en el medio.

 

Las aves marinas son animales muy longevos que pueden alcanzar más de 60 años de edad

 

Estas características son generales al grupo de las aves marinas, pero puede haber diferencias substanciales entre especies. Los albatros y las pardelas son ejemplos extremos de  esta estrategia tan conservadora: sólo ponen un huevo por episodio de reproducción y no crían todos los años, presentando tasas de supervivencia bastante constantes y elevadas (la probabilidad para un adulto de sobrevivir de un año al siguiente suele ser de más del 90%). Estas especies son las más sensibles ante fenómenos de mortalidad (adulta) masiva. Por otro lado, ciertas especies presentan tasas de supervivencia más bajas y sujetas a mayor variabilidad, al tiempo que sus tasas de reproducción son más elevadas (algunos cormoranes, por ejemplo, pueden llegar a poner hasta siete huevos, y/o reproducirse dos veces en un mismo año). Estas especies pueden reaccionar mejor ante severos impactos de fenómenos estocásticos. Encontramos casos extremos en ambientes sujetos a grandes oscilaciones, como en la zona de la Corriente de Humboldt, en la costa occidental de Sudamérica. Allí, las llamadas “aves del guano” están muy condicionadas por los episodios de El Niño, durante los cuales la escasez de alimento provoca fracasos reproductores generalizados e incluso la muerte de una importante proporción de los adultos. El tamaño de las poblaciones locales de aves marinas fluctúa notablemente, al ritmo de estos episodios. Pero, sin ir tan lejos, especies como el cormorán moñudo presentan tasas de supervivencia adulta bastante variables, al parecer influenciadas por fenómenos estocásticos como los temporales [2]. E incluso aves como la pardela cenicienta, especie “conservadora” por excelencia, reflejan el efecto de los huracanes en sus tendencias poblacionales, sea de forma directa o –más probablemente- indirecta (escasez de alimento) [3].

 

¿Qué pasa entonces con los temporales de este invierno?

Aún entendiendo que algunas especies de aves marinas están “adaptadas” a mortalidades “masivas” causadas por fenómenos estocásticos, como grandes temporales, queda por ver si lo ocurrido este invierno es normal.

 

La cifra total podría superar ampliamente las 100.000 aves, estima equiparable a la mortalidad directa causada por el accidente del Prestige

 

Esta vez los principales afectados están siendo los álcidos, con cerca de 30.000 ejemplares recogidos hasta la fecha entre España, Francia y el sur de Gran Bretaña. Predominan los araos en España, y los frailecillos en Francia y Gran Bretaña. Estos últimos son particularmente vulnerables en esta época, pues se encuentran en plena muda y pierden la capacidad de volar. Asumiendo que la mayor parte de las aves muertas en alta mar no llegan a tierra firme, la cifra total podría superar ampliamente las 100.000 aves, estima equiparable a la mortalidad directa causada por el accidente del Prestige [4, 5]. Revisando la bibliografía encontramos algunos casos de “mortalidad masiva” de álcidos relacionados con temporales anormalmente intensos. Sin embargo, se suele hablar de episodios con varios centenares o unos pocos miles de aves afectadas, siendo las cifras de este año excepcionalmente elevadas.

 

 

Algunas de las aves halladas muertas en una prospección de playas en Cantabria, en febrero de 2014. Autor: Felipe González-SEO/BirdLife

 

 

Asimismo, los temporales de estos días son excepcionales en cuanto a frecuencia e intensidad combinadas. Así por ejemplo, el oleaje mensual medio registrado en los tres primeros meses de 2014 supera en los tres casos cualquier otro promedio mensual en prácticamente todo el frente costero del Norte peninsular desde, por lo menos, 1995.

 

Medias mensuales de la altura significante del oleaje (en metros), desde noviembre de 1995 hasta mediados de marzo de 2014. Datos para las costas frente a Galicia, Asturias, País Vasco y Cantabria (orden agujas del reloj). Información recogida de Puertos del Estado, Ministerio de Fomento.

 

 

 

La intensificación de fenómenos como los que hemos sufrido este invierno concuerda con los efectos esperados del cambio climático

 

 

La intensidad de los temporales se ha hecho notar también en Gran Bretaña, donde se han registrado inundaciones sin precedentes. Asimismo, al otro lado del Atlántico han sufrido una ola de frío excepcional. Todas estas anomalías parecen interrelacionadas, y se explicarían por unas condiciones anómalas en la circulación de vientos a nivel de la estratosfera. Si bien no puede descartarse como un episodio extremo dentro de la variabilidad climática de la región, la intensificación de fenómenos como los que hemos sufrido este invierno concuerda con los efectos esperados del cambio climático [6, 7].

 

¿Cómo afectará este episodio a las poblaciones de aves marinas?

Para poder entender mejor los efectos de los temporales es importante tener en cuenta qué especies se han visto afectadas. En concreto, éstas son principalmente el frailecillo atlántico y el arao común. Ambos cuentan con poblaciones bien distribuidas por el Atlántico Norte y que superan los 15-20 millones de individuos, por lo que el impacto debería ser diluido a nivel global. Además, se trata de especies en las que suele observarse este tipo de fenómenos con relativa frecuencia, aunque con intensidades más bajas, y que presentan tasas de supervivencia relativamente variables [1]. El impacto hubiera sido mucho mayor en el caso de afectar a una especie de distribución más restringida y menor tamaño poblacional. El impacto sería también más grave en el caso de especies menos preparadas ante fenómenos de “mortalidad masiva”, como las pardelas o los albatros, aunque es esperable que éstas estén más preparadas para enfrentarse a este tipo de situaciones.

Otro aspecto a tener en cuenta es la fracción de la población más afectada. Puesto que la principal causa de mortalidad parece el debilitamiento de las aves, combinación de las inclemencias directas (fuertes vientos, bajas temperaturas) y de la imposibilidad de obtener alimento en condiciones meteorológicas tan adversas, probablemente las aves más inexpertas (jóvenes) y/o con peor condición física hayan sido las más afectadas. De ser así, el impacto poblacional sería menos severo que en el caso de afectar indiscriminadamente a toda la población.

 

Araos orillados en la playa de Somocuevas (Cantabria). Autor: Roberto González

 

Hasta aquí todo lo ocurrido entraría dentro de la “normalidad”: un episodio inusual pero esperable cada tantos años, que formaría parte de la historia de vida de estas aves. Aún así, las poblaciones de origen quedarían debilitadas. Por mucho que el arao y el frailecillo estén bien distribuidos, la mayoría de las aves recogidas procedían de las Islas Británicas, de acuerdo con la información de las anillas encontradas, y los impactos allí sí podrían hacerse notar. Aún así, es posible que ni siquiera se aprecien descensos poblacionales, ya que las aves marinas suelen tener una gran “reserva” de aves no reproductoras (generalmente aves inmaduras e inexpertas) que pasan a reproducirse cuando desciende el número de adultos reproductores, al reducirse la competencia [8]. Este efecto “tampón”, sin embargo, puede eclipsar una situación de riesgo, ya que ante un segundo achaque la población puede reaccionar con un descenso drástico. Estudios detallados en las colonias son importantes para entender mejor estos fenómenos, y el anillamiento sistemático de las aves contribuye notablemente a ello.

 

¿Si el número de aves afectadas es similar, por qué reaccionar ante los temporales de forma distinta que ante el Prestige?

En primer lugar, los temporales no dejan de ser un fenómeno natural, salvo por la posible intervención del cambio climático. Por el contrario, accidentes como el del Prestige se deben enteramente a causas humanas directas, y como tales tenemos opción (y obligación) de aprender de ellos para prevenir futuros episodios similares. Además, los impactos de una marea negra no se limitan a la mortalidad directa de varias decenas (o centenares) de miles de aves. Esa es la punta del iceberg, pero los efectos sobre el ecosistema en su conjunto son mucho más graves y afectan de forma indirecta a un mayor número de aves (persistencia de contaminantes, agotamiento de presas, etc.) [9-11]. Más aún, si bien es esperable que los temporales afecten principalmente a las aves más inexpertas y/o en peor condición física, los vertidos de hidrocarburos probablemente tengan un impacto más azaroso, afectando tanto a aves débiles como a otras en buena condición. Finalmente, una marea negra puede afectar con mayor facilidad a especies con estrategias de vida más “conservadoras”, preparadas para resistir temporales pero no vertidos de crudo.

La mortalidad directa de aves marinas causada por mareas negras es sólo la punta del iceberg, a ello hay que añadir los efectos indirectos sobre las aves, y la degradación del ecosistema en su conjunto

Un ejemplo paradigmático del grave impacto que podría tener una marea negra sobre una especie marina es el de la pardela balear. Esta especie, que posiblemente pueda resistir mejor que los álcidos las inclemencias de los temporales, cuenta con una población global de apenas 25.000 individuos, concentrados para criar en las Islas Baleares. Además, la especie presenta un carácter muy gregario, pudiendo observarse concentraciones de varios miles de aves. De coincidir un vertido de hidrocarburos con una de estas concentraciones, una fracción muy importante de la población podría desaparecer de un plumazo, con efectos desastrosos para la especie. En general, accidentes como el del Prestige tendrían un impacto más elevado en el Mediterráneo, donde las especies reproductoras cuentan generalmente con poblaciones más pequeñas que en el Atlántico.

 

¿Y qué pasa con las capturas accidentales?

Las capturas accidentales en artes de pesca se consideran una de las principales amenazas para las aves marinas, por afectar a la supervivencia adulta [12]. Tal vez no supongan un impacto tan espectacular como el de los temporales o las mareas negras, pero representan un goteo constante de aves muertas, no necesariamente las que están en peor condición física. En ocasiones el goteo pasa a ser un chorro, cuando se dan capturas masivas. En casos extremos se ha llegado a describir la captura de varios centenares de aves en una sola operación de pesca, aunque no es lo más frecuente. En total, se estima que unas 200.000 aves marinas mueren anualmente en Europa por esta causa, algo equiparable a lo que ha pasado con los temporales y a lo que pasó con el Prestige. Pero esto ocurre año tras año, y en muchos casos afecta a especies mucho muy sensibles. Volviendo a la pardela balear, se calcula que varios cientos o incluso unos pocos miles de aves mueren anualmente por esta causa. Esta especie debería tener una tasa de supervivencia superior al 90% si se compara con otras especies de su grupo, pero la estima actual es del 78% [13]. Aunque a priori no parezca una diferencia abismal, los modelos poblacionales indican que esta tasa llevaría a la extinción de la especie en poco más de medio siglo, de ahí su estado crítico de amenaza.

 

Efectos sinérgicos

Con todo lo dicho, parece claro que el efecto de los temporales puede ser severo de forma puntual, aunque las poblaciones de aves marinas tienen cierta capacidad para “tamponar” este tipo de fenómenos estocásticos. El problema surge cuando otros múltiples factores de origen antrópico se suman a la ecuación: a los citados vertidos de hidrocarburos y las capturas en artes de pesca cabe añadir la depredación en las colonias por mamíferos introducidos,  la reducción de presas por efectos de la sobreexplotación pesquera y del cambio climático, la contaminación de fondo, etc. Todos estos factores debilitan la capacidad de respuesta de las poblaciones, y si a ello sumamos ahora una intensificación de fenómenos estocásticos “naturales”, a la larga nos podemos encontrar con declives poblacionales muy serios. No olvidemos que las aves marinas se encuentran entre las más amenazadas del planeta [14] y que por ello debemos velar por el buen estado de sus poblaciones.

Aunque las aves marinas pueden encajar el efecto severo de un temporal cada tantos años, la intensificación de este tipo de episodios por el cambio climático, y la suma de diveros impactos directos causados por el hombre, ponen en riesgo la viabilidad de algunas especies a largo plazo

¿Qué hacer?

Ante todo, es necesario mantener la guardia y saber actuar con eficacia. Por ejemplo, aunque la tarea no es baladí, trabajar por la reducción de las capturas accidentales puede significar una mejora substancial para algunas poblaciones de aves marinas [12]. Por el contrario, poco podemos hacer para prevenir fenómenos estocásticos naturales, como los temporales. Como mucho, podemos concienciarnos del problema y aportar nuestro pequeño grano de arena en la lucha contra el cambio climático, que podría intensificar la frecuencia de este tipo de fenómenos. Aún así, no se trata de quedarse de brazos cruzados ante episodios de mortalidad de aves marinas como el registrado este invierno. Es importante:

a) Recoger y recopilar toda la información posible acerca de las aves afectadas: números, especies, edades, condición física, patrones de aparición, posibles anillas, etc. Para ello es importante una buena coordinación entre todos: asociaciones, administraciones, voluntarios, grupos de investigación, etc.

b) Promover programas regulares de prospección de playas, como el que mantiene SEO/BirdLife gracias al proyecto FAME, que permiten contextualizar la importancia relativa de estos episodios al contar con una referencia de la “mortalidad de fondo”.

c) Promover el seguimiento a largo plazo de las poblaciones de aves marinas, especialmente en sus colonias de origen. Solo así podremos contextualizar los efectos poblacionales de episodios como el de este invierno.

d) Promover la recogida de aves debilitadas por los temporales, que debidamente atendidas pueden recuperarse y volver al mar a los pocos días.

 

Pep Arcos es coordinador del Programa Marino de SEO/BirdLife.

Síguele en twitter: @PepArcos

Eduardo de Juana es Presidente de SEO/BirdLife

Roberto González García es técnico del Área de Políticas Ambientales de SEO/BirdLife.

 

Albert Cama es coordinador de las prospecciones de playas en el Proyecto FAME

 

 

Felipe González Sánchez es delegado territorial de SEO/BirdLife en Cantabria

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Referencias

1. Schreiber, E.A. & Burger, J. (Eds.) 2002. Biology of Marine Birds. CRC Press. Florida.

2. Frederiksen, M., Daunt, F., Harris, M.P. & Wanless, S. 2008. The demographic impact of extreme events: stochastic weather drives survival and population dynamics in a long-lived seabird. Journal of Animal Ecology 2008, 77: 1020–1029.

3. Genovart, M., Sanz-Aguilar, A., Fernández-Chacón, A., Igual, J.M., Pradel, R., Forero, M.G. & Oro, D. 2013. Contrasting effects of climatic variability on the demography of a trans-equatorial migratory seabird. Journal of Animal Ecology 82: 121-130.

4. Munilla, I., Arcos, J.M., Oro, D., Álvarez, D., Leyenda, P.M. & Velando, A.. 2011. Mass mortality of seabirds in the aftermath of the Prestige oil spill. Ecosphere, 2: art83.

5. García, L., Viada, C., Moreno-Opo, R., Carboneras, C., Alcalde, A. & González, F.. 2003. Impacto de la marea negra del “Prestige” sobre las aves marinas. SEO/BirdLife. Madrid.

6. Met Office & CEH. 2014. The recent storms and floods in the UK.  http://www.metoffice.gov.uk/media/pdf/1/2/Recent_Storms_Briefing_Final_SLR_20140211.pdf

7. Stocker, T.F., D. Qin, G.-K. Plattner, M. Tignor, S.K. Allen, J. Boschung, A. Nauels, Y. Xia, V. Bex and P.M. Midgley (eds). 2013. Climate Change 2013: The Physical Science Basis. Contribution of Working Group I to the Fifth Assessment Report of the Intergovernmental Panel on Climate Change. IPCC. Cambridge Universiti Press, Cambridge, United Kingdom and New York, NY, USA.

8. Votier, S.C., Birkhead, T.R., Oro, D., Trinder, M., Grantham, M.J., Clark, J.A., McCleery, R.H. & Hatchwell, B.J. 2008. Recruitment and survival of immature seabirds in relation to oil spills and climate variability. Journal of Animal Ecology 77: 974–983.

9. Moreno, R., Jover, L., Díez, C., Sardà-Palomera, F. & Sanpera, C. 2013. Ten years after the Prestige oil spill: seabird trophic ecology as indicator of long-term effects on the coastal marine ecosystem. PLoS ONE 8(10): e77360.

10. Peterson, C.H., Rice, S., Short, J.W., Esler, D., Bodkin, J.L., Ballachey, B.E. & Irons, D.B. 2003. Long-term ecosystem response to the Exxon Valdez oil spill. Science 302: 2082-2086.

11. Velando, A., Munilla, I. & Leyenda, P.M. 2005a. Short-term indirect effects of the Prestige oil spill on a marine top predator: changes in prey availability for European shags. Marine Ecology Progress Series 302: 263-274.

12. Lewison, R., Oro, D., Godley, B., Underhill, L., Bearhop, S., Wilson, R.P., Ainley, D., Arcos, J.M., Boersma, D., Borboroglu, P.G., Boulinier, T., Frederiksen, M., Genovart, M., González-Solís, J., Green, J. A., Grémillet, D., Hamer, K. C., Hilton, G.M., Hyrenbach, K.D., Martínez-Abraín, A., Montevecchi, W.A., Phillips, R.A., Ryan, P.G., Sagar, P., Sydeman, W.J., Yorio, P., Wanless,S., Watanuki, Y. & Weimerskirch, H. 2012. Research priorities for seabirds: Improving seabird conservation and management in the 21st century. Endangered Species Research 17:93-121.

13. Oro, D., Aguilar, J.S., Igual, J.M. & Louzao, M. 2004. Modelling demography and extinction risk in the endangered Balearic shearwater. Biological Conservation 116: 93-102.

14. Croxall, J.P., Butchart, S.H.M., Lascelles, B., Stattersfield, A.J., Sullivan, B., Symes, A. & Taylor, P. 2012. Seabird conservation status, threats and priority actions: a global assessment. Bird Conservation International 22: 1-34.

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