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La primera especie de ave extinguida en España por el hombre

Ya sabía que el hombre es capaz de extinguir especies el solito. Las hemerotecas y ahora la red están llenas de ejemplos sobre la capacidad “exterminadora” de Homo sapiens. La más extrema que recuerdo, así de memoria, es la extinción de una especie de chochín en una isla de Nueva Zelanda. En ese caso se demostró que un sólo hombre, el farero de la isla, fue capaz de acabar con el Chochín de Stephens (Xenicus lyalli) y se da la circunstancia que fue su gato, el gato del farero, el que acabó el solo con los últimos ejemplares que quedaban de esta especie de chochín desconocida para la ciencia, endémica de la isla y que tenía poca capacidad de vuelo. [more…]

 

Lo que no sabía, o realmente no era tan consciente de ello, era que la fauna española también ha padecido este fenómeno de extinción masiva que está produciendo el hombre sobre la biosfera. Y además, se trata de una muestra bastante reciente. Hablo de la extinción del Ostrero Canario (Haematopus meadewaldoi) que como indica el título de este post es la primera extinción conocida en España de un ave por la mano del hombre. El último ejemplar vivo pudo identificarse en el año 1913 en la isla canaria de La Graciosa. Toda la historia e incluso mucho más, está perfectamente contada e ilustrada en una reciente publicación de Arturo Valledor de Lozoya, naturalista, malacólogo y médico, heredero de una tradición hoy casi desaparecida que vincula la Medicina y las Ciencias Naturales. El libro es:

Ostrero Canario. Historia y biología de una especie de la fauna española extinguida por el hombre (Ed. Magrama, 2013), el cúal no solo cuenta con una cuidada edición con gran calidad de impresión, sino que es el mayor compendio del ostrero canario conocida hasta la fecha, y nos relata con una ingente y pormenorizada documentación (incluidas ilustraciones de época y fotografías históricas) la historia de cómo el hombre extinguió esta especie de ave bastante desconocida y poco estudiada hasta la fecha de su desaparición.

Arturo Valledor, el autor de este excepcional libro, cuenta con una dilatada experiencia en hacer ver que la relación actual del ser humano con la naturaleza es desastrosa y limitada. No en vano, en sus múltiples investigaciones ha recorrido medio mundo y es autor de centenares de trabajos científcos y artículos divulgativos (puedes seguirle habitualmente en Quercus), así como de varios libros, de los cuales recomiendo encarecidamente la lectura de La especie suicida: el peligroso rumbo de la humanidad. (Ed. Díaz de Santos, 1999)

La lectura de esta obra deja un regusto amargo, como es saber que somos capaces de acabar con animales cercanos a nosotros y muy bellos, pero sigue siendo un placer y una necesidad adentrarse en este libro, ya que sigo pensando que la base para conservar, es conocer.

 

Carlos Hernáez es zoólogo y técnico de SEO/BirdLife donde ha trabajado en varias áreas y proyectos (impacto ambiental, conservación de especies amenazadas y agricultura, entre otras). Actualmente en el Área de Comunicación.

Contacto: chernaez@seo.org





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En Cataluña la Justicia investiga a los políticos que permitieron el ‘parany’

Estos días muchos escuchamos atónitos la noticia de que el Govern Valencià pretende autorizar la caza con decenas de paranys en base a un supuesto estudio científico sobre la migración.

Con esta autorización se vulneran normativas estatales e internacionales, sentencias judiciales, el criterio y método científico de la comunidad científica y el sentido común de la mayor parte de los ciudadanos.

 

 

Caza ilegal de aves: parany from SEO/BirdLife on Vimeo. Vídeo producido por SEO/BirdLife y Natura HD con imágenes de CONDOR Filmproduktion Berlin (condorfilm.de/)

 

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¿Capturar con pega y limpiar posteriormente con disolvente las plumas de aves migradoras de especies protegidas puede considerarse en verdad un estudio científico para averiguar algo sobre la migración? ¿Mantener una práctica de captura masiva y no selectiva mediante triquiñuelas que ya han fracasado y han llevado ante los tribunales a otros dirigentes políticos tiene sentido?

Como si se tratara de un déjà vu, a muchos nos vino a la memoria el recuerdo  de Núria Buenaventura, ex diputada catalana que fue imputada por prevaricación por la fiscalía de Barcelona. En julio de 2009, Núria Buenaventura firmó en condición de directora general de Medio Natural de la Generalitat de Cataluña, una resolución que autorizaba excepcionalmente la captura de aves utilizando el vesc (cola). En total se autorizaron 3.374 licencias para capturar fringílidos como parte de un estudio sobre la selectividad del método. Esta autorización contravenía directivas europeas que lo prohíben y la propia Ley de Patrimonio y Biodiversidad.

 

Los tribunales han citado a declarar como imputada a la directora general de Medio Natura de Cataluña que autorizó 3.374 licencias en 2009 para capturar aves con liga

 

Ahora es en Valencia donde se pretenden autorizar paranys con el mismo trasfondo: la continuidad de una práctica hace años prohibida. ¿Por qué? Sencillamente porque siempre se ha hecho y por tanto ¿por qué ahora no? Y los que no entendemos de esos ardides pedimos seriedad y respeto. Respeto a un tiempo y un momento en el que deberíamos estar invirtiendo los recursos en superar una crisis que nos afecta a todos.

 

Imagen de un parany, árboles preparados para ser untados de pegamento y cazar aves en ellos.

 

¿Por qué se gastan parte de los magros recursos de los que dispone esa Dirección General en idear complejas artimañas para no cumplir la ley? Si hace años que se trata de una práctica prohibida, si hay cinco sentencias en contra de la misma en la Comunitat Valenciana, si la mayor parte de la comunidad científica y de la sociedad está en contra ¿por qué malgastar tiempo y recursos? Parece que pretendan reinventar la rueda, como hacen los gobiernos tantas veces, pensando que ellos sí podrán conseguir lo que otros no lograron.

Que no nos falle la memoria, que no nos abandone. Aunque parece que a algunos ya les ha pasado.

 

 CristinaSánchez es delegada de SEO/BirdLife en Cataluña

 

 

 

 

 

Más información: Denunciamos ante el Seprona y la Fiscalía la actividad de 28 paranys en la Comunidad Valenciana

 

 

 

 

 

 

 

¿Con-servación con-ciencia?

Técnicos de SEO/BirdLife colocando un geolocalizar a un ruiseñor, para el estudio de su migración ©SEO/BirdLife

Recientemente he recibido la amable invitación de SEO/BirdLife para contribuir en este blog que como salta a la vista he aceptado gustosamente. [more…]

Considerando mi formación como científico y aunando este hecho a mi previa condición de amante de la naturaleza, ornitólogo aficionado y socio de SEO desde el año 1982 (el orden en la enumeración no es casual sino cronológico), me gustaría centrar esta y futuras contribuciones desde esa faceta de investigador.

En esta primera ocasión quiero destacar el valor de la ciencia en la conservación y sobre todo el valor de la ciencia en SEO/BirdLife. No pretendo ser exahustivo en el razonamiento si no invitar una vez más a la reflexión sobre estas cuestiones que aunque se dan por asentadas quizás requieran de ello.

SEO/BirdLife hunde sus raíces en el conocimiento científico

Posiblemente la primera cuestión, el valor de la ciencia en la conservación pueda parecer obvia y recurrente, pero incluso siendo así creo que no está de más volver a incidir en ello. Solamente a través del conocimiento y de un conocimiento de calidad tendremos las herramientas necesarias para construir propuestas de conservación robustas y rigurosas que convenzan por la fuerza de la razón a quienes deban tomar decisiones respecto de la gestión del medio natural.

La investigación de calidad que se basa en que el método científico ofrece resultados contrastables y repetibles, obtenidos dentro de un marco metodológico contrastado y sustentado por cuerpos teóricos que generan confianza entre quienes son los receptores de esa información. No voy a entrar en ofrecer ejemplos porque me extendería más de lo pertinente, pero todos seguramente tenemos en la mente actuaciones que se han llevado a cabo sin la debida información y que han resultado contraproducentes aunque se hicieran con buenas intenciones.

Conservar el medio ambiente significa moverse dentro la complejidad del mundo biológico, no sin razón el premio nobel Sydney Brenner dijo que la biología es el arte de lo satisfactorio en comparación a las matemáticas, el arte de lo perfecto, o de la física, el arte de lo óptimo. Eso significa que para desentrañar esa complejidad que recurrentemente nos sorprende hace falta entender los procesos y mecanismos que la generan y los actores que la ejecutan y esto solo se consigue por medio del conocimiento científico que aplica con rigurosidad el método científico. A partir de este entendimiento será cuando podamos ofrecer propuestas y demandas serias y rigurosas.

La importancia que SEO/BirdLife da al conocimiento científico la hace una rara avis en el panorama de las ONGs conservacionistas españolas

SEO/BirdLife hunde sus raíces en el conocimiento científico, surge como una sociedad interesada en el conocimiento de la biología de las aves y desgraciadamente, las amenazas graves y constantes sobre las aves y su entorno, hacen que tenga que atender también desde sus inicios a su conservación. Desde el primer momento ciencia y conservación han ido pues de la mano, con un mayor o menor equilibrio durante la vida de la sociedad y momentos en los que se han generado tensiones alrededor de estas cuestiones, pero cuya convivencia ha continuado hasta la actualidad y de una forma reforzada en los últimos tiempos. Este origen y la consideración y convencimiento de la importancia del conocimiento científico como la herramienta fundamental en la que basar actuaciones conservacionistas hace de SEO/BirdLife una rara avis en el panorama de las ONGs conservacionistas españolas. Hasta donde yo sé es la única que tiene un Comité Científico formado por investigadores de gran prestigio a la vez que socios, que entre otras cosas asesora a la sociedad en la toma de posición frente a diversos problemas ambientales. Asímismo, es la única ONG conservacionista española que edita una revista científica que ha recibido además el reconocimiento de formar parte de lista de revistas incluidas en el Science Citation Index, base de datos donde se incluyen las revistas de mayor prestigio internacional. No hay que olvidar que entre la base social se encuentran también muchos de los científicos de mayor prestigio en el ámbito de las ciencias naturales del país.

Esta comunión entre ciencia y conservación es herramienta habitual en las actuaciones de la sociedad y es uno de sus valores añadidos que debemos mantener y destacar sin duda. Me atrevería a decir además que es entre otras una de las señas de identidad de la sociedad. Se trata, en definitiva,  de conservar con ciencia para concienciar sobre la conservación.

 

Andrés Barbosa es investigador científico del CSIC en el Museo Nacional de Ciencias Naturales

Socio nº 16.370

 @barbosaandres

 

El ave del trueno y el pajarito no hay

[Crónica publicada en Aves y Naturaleza nº 12]

En mis correrías de casi tres décadas por los ríos y bosques de la Amazonía del Perú, investigando las aves y trabajando con comunidades indígenas, siempre me ha sorprendido la sabiduría de la gente amazónica sobre su entorno.

Los indígenas me hablaron de un ave misteriosa que se lanzaba desde las alturas produciendo un silbido y una explosión como si de un cohete se tratase[more…]

El ornitólogo José Álvarez remando en un lago ("cocha") de la amazonía peruana

En especial con respecto a las aves, mi área de especialidad. Mención destacada merece una avecita a la que en el río Tigre llaman “truenopishco”. Cuando los indígenas Kichwa-Alama del alto Tigre me vieron mirando y grabando pajaritos, con el micrófono en ristre, comenzaron a hablarme de un ave misteriosa que se lanzaba desde las alturas hasta casi tocar el agua de los lagos (‘cochas’), produciendo un silbido y una explosión como si de un cohete se tratase, de ahí su nombre indígena, que significa ave del trueno. Yo estaba intrigadísimo.

Pasé larguísimas horas tratando de ver o siquiera oír a la misteriosa ave en la orilla de varias cochas, sin resultado alguno. Finalmente, en la cocha Napo, cerca de Intuto, en la frontera entre Perú y Ecuador, donde yo tenía mi base, escuché por primera vez un sonido que parecía efectivamente el siseo de un cohete seguido de una explosión lejana.

Seguí esperando, no recuerdo ya cuántas horas o días, hasta que finalmente conseguí observar un pequeño bulto bajando de las alturas a toda velocidad y produciendo el intrigante sonido. Sin embargo, me fue imposible identificar el ave con los prismáticos, debido a la velocidad a la que descendía y a la circunstancia de que al llegar cerca de las copas, y después de producir la explosión, se perdía rapidísimamente entre el follaje. Además, el comportamiento era impredecible y poco frecuente.

Después de varios días, por fin se resolvió el misterio: tras escuchar la explosión sobre las copas, vino a posarse a pocos metros de mí un ave de aspecto modesto perteneciente a una familia conocida por las llamativas exhibiciones de cortejo, los saltarines o manaquines (Pipridae). Se trataba del macho del saltarín crestinaranja (Heterocercus aurantiivertex), una especie de cuya historia natural casi no se conocía nada, y con una distribución muy restringida entre Perú y Ecuador.

Durante los meses siguientes me regodeé observando y documentando comportamientos jamás antes vistos por un científico, y grabando diversos sonidos de esta ave

Tenía un variadísimo repertorio de cantos y llamadas y, además de la espectacular exhibición aérea, durante la que se eleva hasta más de 100 m de altura, ejecutaba también delante de las hembras una danza de saltos y cabriolas sobre un tronco caído en el sotobosque. Basándome en estas observaciones publiqué un artículo en la revista Cóndor (1999).

Saltarín crestinaranja o pájaro del trueno, en la selva amazónica en Perú

Con la descripción de este comportamiento quedó aclarado el misterio que había intrigado a los ornitólogos durante décadas sobre los Heterocercus: la posesión de alas muy largas y cola graduada, inusuales para esta familia de aves poco voladoras. Con las plumas de la cola extendidas el truenopishco produce, aparentemente, el sonido de siseo durante el descenso en picado.

Entusiasmado con el descubrimiento me propuse encontrar su nido. Ninguno de mis amigos indígenas lo había visto. Fue entonces cuando Julio Hualinga, un indígena Kichwa-Alana de Intuto, me aseguró que podría encontrarlo. El reto era difícil.

Pasaron los meses. Yo ya había perdido las esperanzas, cuando un día Julio me visitó y me dijo: “Huauqui (hermano), ya tengo tu encargo”. No lo podía creer. Le pregunté dónde era; me dijo que en la quebrada Aguaruna, un afluente del río Tigre como a medio día aguas arriba de Intuto. Viajamos a la zona y llegamos a un lugar donde un “renaco” (higuera amazónica) se inclinaba sobre el agua negra de la quebrada, y mi amigo Julio me señaló una rama sobresaliente.

“Ahí está”. Se trataba de una tenue red de raicillas entretejidas en una delgada horquilla. Por el hábitat, tamaño y posición, juzgué que podría ser el nido del truenopishco. Pero estaba vacío. “Cuando lo vi, hace una semana, estaba el pajarito en él”, aseguró Julio. Pasado un rato escuché su típica llamada. Al otro lado de la quebrada había un árbol -“pashaco”, una leguminosa- que también extendía sus ramas sobre el agua. Y allí estaba la escurridiza ave posada sobre una rama saliente, a unos cuatro metros de altura. Cuando enfoqué, observé que no estaba posado sobre una rama, sino…¡sobre su nido!

Pasé ese día y el siguiente haciendo observaciones y fotos del nido y su dueña, la hembra que lo atendía. Coincidió que estaba en el último día de incubación, y pude observar primero los huevos y luego las crías recién nacidas. Lo que más me llamó la atención era el comportamiento de la hembra cuando estaba en el nido: no se echaba sobre los huevos o las crías como otras aves, sino que se situaba en una posición casi vertical, como si estuviese posada simplemente en una rama. Deduje que se trataba de una estrategia para confundir a los depredadores y hacerles creer que no había nido ni crías debajo. La descripción del nido fue publicada en 2001 en la revista Cotinga.

En otra ocasión, un amigo indígena del río Tigre, al que todos llamaban Ayapuyito, me había hablado varias veces de un ave misteriosa que cantaba sólo en un extraño bosque que llamaban “varillal”. Me aseguró Ayapuyito:

El pajarito ‘no hay, no hay’ es la madre que cuida ese bosque y nos avisa con su canto de que allí no hay animales grandes, y sólo viven aves y plantas que no hay en otro lugar

Ese bosque lo llaman varillal en la Amazonía norperuana porque los árboles crecen como varillas. El más cercano quedaba a varias horas de camino desde la orilla del río frente a su comunidad, cerca también de la frontera entre Perú y Ecuador. Así que un día armé mi botecito de techo de hoja de palmera y partí  hacia la comunidad de mi buen amigo. Nos internamos en el bosque y, tras largas horas abriendo trocha por la espesura, comencé a notar un cambio en la  vegetación. El bosque se hizo más ralo. En esa zona el suelo estaba cubierto de una capa tan espesa de hojas muertas y raíces que parecía un mullido colchón, algo muy raro en la selva amazónica, donde las hojas y ramas se pudren  rápidamente, y la capa de humus es muy delgada.

Saltarín coronigualdo, el pájaro "no hay, no hay" ©Pepe Álvarez

Gradualmente la vegetación se hizo más y más delgada y baja, hasta un punto en el que el majestuoso bosque amazónico se convirtió en un bosquecillo, con árboles y arbustos raquíticos, en algunos lugares de apenas dos o tres metros de altura, y con formas a cual más extraña. En contraste con el habitual bullicio de aves, ranas e insectos de los bosques amazónicos, el silencio dominante, junto con las formas de los árboles, le daban al lugar un aire sobrecogedor.

De repente se escuchó el canto de un ave que no había escuchado jamás, como un lamento. Ayapuyito gritó: “Ese es, ahí está el pajarito `no hay, no hay´”. Caminamos unos metros en dirección al sonido y busqué con mis prismáticos al protagonista: un ave que nunca había sido registrada en Perú. Se trataba del saltarín cornonigualdo (Neopelma chrysocephalum), miembro también de la familia de los manakines.

En los días siguientes descubrí varias especies más nunca antes vistas en Perú, incluyendo el tinamú patigris (Crypturellus duidae) y el tinamú casiquiare (Crypturellus casiquiare), conocidas en la remota región de los tepuis, entre Venezuela y Brasil, a más de mil kilómetros de distancia. Pude comprobar que el tamaño raquítico de los árboles se debía a una particularidad del suelo: era pura arena blanca, finos granos de cuarzo puro. Algo extraño en la Amazonía peruana, que está cerca de los Andes, donde los suelos suelen ser más bien arcillosos o limosos. Estos bosques resultaron ser una mina de oro para un ornitólogo principiante como yo. En la última década han sido descritas cinco especies de aves nuevas para la ciencia (hay una más en camino y varias más en estudio) y una docena de especies nuevas para el Perú. Decenas de especies nuevas de plantas e insectos han sido descubiertas también en estos bosques, incluyendo el árbol Protium alvarezianum, nominado así en reconocimiento al trabajo científico y de conservación en torno a estos frágiles hábitats.

Hoy buena parte de estos raros bosques están protegidos en tres reservas que suman más de un millón y medio de hectáreas, formando un corredor biológico en una de las zonas más ricas en biodiversidad del planeta.

 

José Álvarez, ornitólogo leonés afincado en la Amazonía peruana desde 1983, ha descubierto para la ciencia seis especies de aves. En esta crónica relata la búsqueda y su primer encuentro con dos curiosos pájaros amazónicos siguiendo la pista de los testimonios recogidos en las comunidades indígenas, con las que tanto ha trabajado para salvaguardar su cultura y su entorno.

Más información:

  • Entrevista a José Álvarez en Aves y naturaleza 1, págs. 18-21. Si quieres recibir la revista Hazte Socio AHORA
  • www.pepealvarez.com
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