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La guerra contra los buitres africanos

 

En julio de este año (2013) entre 400 y 600 buitres fueron envenenados en la Franja del Caprivi, en Namibia, en el extremo sudoccidental de África. Esta región –recientemente rebautizada como Región del Zambeze- es un estrecho corredor de tierra fronterizo con Angola, Botsuana, Zambia y Zimbabue, en el que todavía existe una nutrida población de elefantes a la que le tienen echado el ojo desde hace unos años los furtivos y comerciantes ilegales de marfil. Si bien el furtivismo organizado es bastante raro en Namibia, en el Caprivi está golpeando con fuerza ya que es fácil huir al otro lado de la frontera y refugiarse en un país distinto. Así, sólo en 2012 se descubrieron los cadáveres de 72 elefantes y otros 6 hasta julio de 2013. La policía namibia ha recuperado hasta ahora 49 de esos colmillos (427 kg de marfil con un valor estimado de unos 40.000 € en origen).[more…]

Buitres dorsiblancos y alimoches sombríos alimentándose de una carroña de ñu en el Parque Nacional de Kruger (Sudáfrica) ©Nacho Aransay

 

Pero, ¿qué culpa tienen los buitres en este feo asunto? Simplemente, la de delatar a los furtivos al acudir a alimentarse de los elefantes que matan. Para evitar que los cuerpos sean encontrados con rapidez, los furtivos han decidido matar al mensajero literalmente poniendo animales muertos envenenados en el campo para acabar con los buitres. Eso es lo que aparentemente ha sucedido este verano (invierno allí) en el Parque Nacional de Bwabwata en Namibia. El resultado: 500 buitres y otros carroñeros muertos en plena época de cría. La mayoría provenían de Botsuana, donde una prospección de la colonia de Buitres Dorsiblancos Africanos (Gyps africanus) cercana al lugar del envenenamiento ha revelado que prácticamente todos los pollos han muerto y la colonia se da por extinguida, por lo que la cuenta total de buitres muertos se eleva a un millar.

Desgraciadamente, los cadáveres de los buitres envenenados no se descubrieron hasta muchos días después de su muerte, y además el personal del parque quemó la mayoría apresuradamente, por lo que no se han podido realizar análisis toxicológicos detallados. No obstante, se cree que el veneno utilizado es un organofosfato presente en muchos pesticidas.

Mientras que hace menos de 10 años las especies de buitres presentes en esta zona de África (Buitre Dorsiblanco Africano, Alimoche Sombrío Necrosyrtes monachus, Buitre Cabeciblanco Trigonoceps occipitalis, y Buitre Orejudo, Torgos tracheliotus) estaban catalogadas como de “preocupación menor” a nivel mundial (“least concern”, excepto el Orejudo, “vulnerable” desde hace años), hoy en día las dos primeras están catalogadas “en peligro” de extinción, y las dos últimas como “vulnerables”.

 

El Dorsiblanco Africano es el que cuenta todavía con una mayor población (270.000 individuos), seguido del Alimoche Sombrío (197.000), el Buitre Cabeciblanco (10.000-20.000) y, por último, el Orejudo (8.500). De las cuatro especies, tan sólo una pequeña población de Orejudos (500) existe fuera de África, en la Península Arábiga. Una quinta especie que habitaba Namibia, el Alimoche Común (Neophron percnopterus), está ya extinguida localmente. Por último, el Buitre de El Cabo (Gyps coprotheres) está también prácticamente extinguido como reproductor en el país: apenas sobreviven una veintena de ellos en el Parque Nacional de Waterberg.

Las causas principales de esta situación son múltiples: desaparición y transformación de hábitat, disminución de animales salvajes, tráfico internacional de aves, persecución directa, envenenamiento directo y secundario (veneno dirigido a envenenar otros animales como leones, hienas y chacales), electrocución en tendidos eléctricos, molestias en las zonas de cría, etc. Una amenaza muy particular en África es el uso de algunas especies en fetichismo y brujería: en Sudáfrica, por ejemplo, se cree que fumar cerebro desecado otorga al consumidor la poderosa visión de los buitres para… ganar la lotería, y que tener una pata de buitre otorga buena suerte a su portador. Vivir para creer… pero al igual que pasa con los rinocerontes y los tigres, estas lucrativas supersticiones están poniendo al borde de la extinción a algunas poblaciones de estas aves.

Un efecto más devastador y expeditivo que estas amenazas podría tenerlo el uso de Diclofenac (y otras sustancias similares) en África. Esta droga anti-inflamatoria de uso veterinario produce en los buitres del género Gyps un fallo renal y un tipo de gota visceral que acaba con ellos rápidamente, lo que ha puesto a los buitres asiáticos al borde de la extinción desde el año 2000. El Diclofenac también se produce y comercializa en Tanzania y desde allí se exporta a otros 15 países africanos.

En definitiva, los buitres africanos se enfrentan a una situación muy complicada y su conservación requiere medidas urgentes y coordinadas.

Para empezar, Namibia ha diseñado urgentemente un protocolo de actuación para emergencias como la acontecida en julio, y ha creado una nueva unidad anti-furtivismo en la zona a la que se suman guardas de las diferentes “conservancies” de la zona.

Este país lleva años aplicando una política de desarrollo de “conservancies” que, de forma similar a la custodia del territorio en España, son asociaciones de propietarios o de comunidades constituidas legalmente con el objetivo de aprovechar económicamente los recursos naturales a la vez que los protegen. Las “conservancies” tienen la propiedad legal de los animales mientras se encuentren en sus límites y pueden aprovechar este recurso mediante el turismo, la caza legal o la venta de carne de especies silvestres, entre otras posibilidades. Esta política está teniendo un gran éxito en el país, de forma que las poblaciones de muchas especies de grandes mamíferos se han duplicado en los últimos años. Incluso la población de rinocerontes negros, la mayor del mundo, está en aumento gracias a estas medidas hasta el punto de que se están translocando rinocerontes negros desde parques nacionales a “conservancies” para reforzar la población de estas últimas.

Más allá de sus fronteras, el gobierno namibio está trabajando en la preparación de una reunión regional para abordar el problema internacionalmente. El Grupo de Especialistas sobre Buitres de la UICN también está apoyando a los países de la región para que hagan de este asunto una prioridad similar a la que se da al furtivismo de elefantes y rinocerontes, modernizando leyes, aumentando las penas por este tipo de delitos y formando adecuadamente al personal técnico involucrado en esta lucha.

Este grupo, junto a otras organizaciones, organizó en 2012 en Kenia la primera reunión pan-africana sobre buitres que producirá, a su vez, la Estrategia Pan-africana para los Buitres.

BirdLife Botsuana, por su parte, va a lanzar una campaña de sensibilización con el nombre de “¡Quiero los buitres de Botsuana vivos, no muertos!”, sobre la que podéis leer más aquí. Namibia todavía no tiene representación de BirdLife.

Otra buena fuente de información sobre este problema es la interesante entrevista a los responsables del Grupo de Especialistas sobre Buitres de la UICN.

Tiemblo de pensar que, como en Namibia, a los furtivos que están masacrando la población de rinocerontes en Sudáfrica se les ocurra empezar a poner veneno. Este año, en el Parque Nacional de Kruger solamente -que es probablemente el mejor vigilado de los grandes parques africanos- están matando una media de casi 2 rinocerontes blancos diarios, por lo que las autoridades sudafricanas están desatando una verdadera guerra en la que los muertos en ambos bandos se cuentan ya por centenas. Tan sólo espero que los furtivos y los que los envían–la mayoría mozambiqueños rurales pagados por mafias chinas y vietnamitas-no lean los periódicos namibios.

 

Nacho Aransay es biólogo y ha trabajado para SEO/BirdLife en España, Túnez y Marruecos. Emigró a África hace varios años y actualmente vive en Mozambique, después de haber pasado también por Senegal y Namibia.

Contacto: nachoaransay@hotmail.com

Más sobre Nacho en su blog

 

 

Nuestras crónicas de viajes: Monfragüe, embalses y llanos de Cáceres

 

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El pasado sábado, en una actividad programa dentro de nuestro programa de excursiones y viajes, nos desplazamos desde Madrid con un grupo de aficionados a las aves, para disfrutar durante tres días de la enorme biodiversidad que atesora la provincia cacereña. Nuestro viaje se planificó con tres objetivos; descubrir durante el sábado los embalses y humedales próximos a Monfragüe (IBA 298), dedicar el domingo a recorrer el Parque Nacional de Monfragüe (IBA 298), y por último, trasladarnos el lunes hasta los llanos cacereños (IBA 295)para disfrutar de sus aves esteparias. Como recompensa a tal variedad de medios visitados, recopilamos un abundante número de observaciones de especies muy diversas; en total 109 especies de aves.

El sábado partimos puntuales (gracias a todos los participantes) hacia nuestro destino, dedicando la mañana a observar aves en el pequeño embalse de Charco Salado (observamos entre otras especies: ánade azulón, cerceta común, cuchara europeo, porrón moñudo, garceta grande, garza real, garceta común, somormujo lavanco, zampullín común, y hasta una espátula) y Cerro Alto, donde además de los primeros aguiluchos laguneros, disfrutamos de aves de la campiña como el críalo, alcaudones reales y comunes, entre el incesante canto de los trigueros y el inconfundible reclamo del cuco (para muchos de nosotros el primero del año).

 

Macho de tarabilla europea, en el entorno del embalse de Arrocampo. Foto: Luis Martínez

Hembra de tarabilla europea, portando material para la construcción de su nido. El macho de la foto anterior, pareja de este ejemplar, no dejó de vigilar nuestros movimientos mientras nos mantuvimos cerca. Foto: Luis Martínez

 

Tras el descanso para comer, dirigimos nuestros pasos hacia el embalse de Almaraz-Arrocampo, dispuestos a disfrutar desde los observatorios que se distribuyen por su orilla. Desgraciadamente la lluvia nos alcanzó, pero no fué suficiente como para no dejarnos disfrutar de los numerosos calamones que se “asoman” en las orillas, garzas, y otras aves (entre ellas un elanio común en los campos circundantes al embalse). Como guinda, se pudo escuchar un par de veces el canto del avetoro, esa garza misteriosa, huidiza, mimética y escasa, que mantiene aquí una pequeña población invernante y reproductora.

Calamón en Arrocampo, una especie sorprendentemente abundante en sus orillas de la que disfrutamos con gran placer. Foto: Luis Martínez

 

El domingo despertó amenazando más lluvia, pero la fortuna quiso que durante la mañana no cayese más agua que la que dejaban gotear los árboles bajo los que pasábamos, ya que recorrimos esa hermosa senda que tras subir al Castillo de Monfragüe y disfrutar de sus vistas (con un poco de frío), desciende atravesando la frondosa foresta que cubre la vertiente de umbría de la Sierra de las Corchuelas hasta la conocida como fuente del Francés.

Descendiendo del castillo hacia la fuente del Francés a través de un frondoso y tupido bosque mediterráneo. Foto: Luis Martínez

Aprovechando el fin de la ruta para observar aves y ciervos en el horizonte. Foto: Luis Martínez

 

Una vez terminada la ruta, de vuelta al autocar hasta nuestra siguiente parada, quizá uno de los lugares más conocidos y emblemáticos para muchos observadores de aves de media europa… el conocido como “Salto del Gitano” y  Peña Falcón. Aquí pudimos observar varias cigüeñas negras que nidifican en la impresionante mole rocosa, así como halcón peregrino, alimoches, culebrera europea y un incontable número de buitres leonados y los más escasos buitres negros.

Milano negro portando un "pequeño" siluro recién capturado sobre las aguas del Tajo. Foto: Luis Martínez

 

Una de las cigüeñas negras observadas en el "Salto del Gitano". Foto: Luis Martínez

Un buitre negro descansa atento al vuelo de los inumerables buitres leonados que usan Peña Falcón como punto de cría o descanso. Foto: Luis Martínez

Acostumbrados al continuo tránsito de los inofensivos ornitólogos de medio mundo, los buitres no dudan en anidar a escasos metros de los miradores, observando quizá con curiosidad a los miles de "pajareros" que cada año se acercan a este espectacular enclave. Foto: Luis Martínez

 

Contemplando un halcón peregrino posado en una repisa rocosa. En lugares como este, hay ocasiones en que lo difícil es elegir donde apuntar nuestro telescopio. Foto: Luis Martínez

 

Este buitre, demuestra más curiosidad hacia nosotros que nosotros hacia él, que por entonces contemplábamos una lejana águila imperial ibérica. Foto: Luis Martínez

 

Tras comer en Villarreal de San Carlos y con una lluvia suave e intermitente que nos acompañaría durante el resto de la jornada nos deplazamos a los miradores de La Tajadilla (donde observamos más buitres leonados y negros, además de picogordo y otras pequeñas aves (con el águila perdicera no hubo suerte)) y La Portilla del Tiétar, donde finalizamos la jornada, sin ver a la habitual nutria, pero pudiendo disfrutar brevemente del águila imperial ibérica y del búho real, que se dejo escuchar y ver brevemente poco después del ocaso.

Buitre leonado en la Portilla del Tiétar, en vuelo a pesar de la fina lluvia. Foto: Luis Martínez

Aprovechando el día lluvioso “padecido”, decidimos sacarle provecho ofreciendo una salida nocturna para observar anfibios en el entorno de Torrejón el Rubio para aquellos que después de cenar, se encontraran con ganas de dar un paseo a la luz de la luna (el cielo quedó despejado al caer la noche). Provistos de linternas nos dirigimos hacia un arroyo cercano, donde encontramos activos algunos machos de ranita meridional, que ajenos al frio, proclamaban con su canto que el invierno va quedando atrás y se acerca el momento de procrear. También vimos un tímido sapo corredor, varias ranas comunes y dos sorpresas, la primera una ensenada con varios galápagos leprosos que comían plantas acuáticas a la luz de nuestras linternas. La segunda sorpresa fué escuchar la voz del autillo cerca del pueblo.

Ranita meridional. En la muy parecida ranita de san antonio, la banda oscura que parte detrás del ojo es mucho más larga, extendiéndose por los flancos de la ranita hasta alcanzar casi sus patas posteriores. Foto: Luis Martínez

Ya el lunes, nos fuimos hacia los llanos de Cáceres para completar el viaje con la observación de aves esteparias. Allí nos daba la bienvenida un coro de calandrias y cogujadas. Hay que decir que las aves no nos lo pusieron fácil, hubo que realizar una larga caminata por estos “infinitos” paisajes para disfrutar de avutardas y lejanas gangas ibéricas. Una pareja de huidizos alcaravanes se escondió a nuestro paso y gracias a su mimetismo “desaparecieron” para una parte del grupo. Sin embargo un mochuelo confió demasiado en su camuflaje, y apretado contra el suelo y entre las hierbas pudo ser contemplado a corta distancia por los asistentes. Aguilas calzadas, culebreras, y cernícalos primillas, entre otras muchas aves, completaron la jornada hasta la hora de regresar hacia nuestros hogares, …

… después de pasar tres días en agradable compañía, haber conocido gente estupenda disfrutando de aquello que nos gusta: una naturaleza diversa y variada, desde la pequeña ranita al inmenso buitre.

Un triguero levanta el vuelo a nuestro paso, para posarse unos metros más allá y continuar con su incesante y breve canto. Foto: Luis Martínez

Este simpático mochuelo se creía a salvo de nuestras miradas, y ciertamente, a pesar de la proximidad resultaba difícil de localizar para quién no supiera donde mirar. Foto: Luis Martínez

Un día soleado pero frío, excelentes condiciones para observar aves y soportar una larga caminata, que con calor hubiera resultado dura de afrontar. Foto: Luis Martínez

 

Luis Martínez Martínez, es ornitólogo y uno de los integrantes del equipo de SEO/BirdLife del Programa de Viajes, excursiones y Cursos

Contacto: excursiones@seo.org

 

 

 

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Nuestras crónicas de viajes: lagunas de Beleña y llanos del Jarama

Avutardas © Robert Chubb

 

En el viaje del pasado sábado 9 de marzo nos desplazamos a los llanos del Medio Jarama madrileño y la Campiña caracense, en busca de aves esteparias, acuáticas y rapaces. Visitamos la laguna de Meco y los llanos del Jarama, ambos incluidos en la IBA número 74 Talamanca-Camarma, y las lagunas de Puebla de Beleña. [more…]

La ruta comenzó en la laguna de Meco, una balsa de agua originada artificialmente tras algunos movimientos de tierra para construcción y que mantiene una buena vegetación palustre y un tarajal muy desarrollado, donde la sorpresa comenzó pronto: un grupo de alcaravanes tenían armado un escándalo impresionante entre los tarajes y algunos se exhibieron en vuelo. En el agua se movían fochas comunes, ánades frisos y azulones; porrones europeos, gaviotas reidoras (muchas ya con su “capucha veraniega”) y una garza real, pero los protagonistas fueron los aguiluchos laguneros, con un macho adulto, una hembra adulta y un ave inmadura llamando la atención de nuestros prismáticos y telescopios. Las rapaces se ampliaron con un cernícalo vulgar y un milano real inmaduro y también se dieron cita cigüeñas blancas y gaviotas sombrías.

Ya en la Reserva Natural de las lagunas de Puebla de Beleña nos dimos cuenta que el agua era la protagonista: las balsas estaban mucho mejor de agua que semanas anteriores y los caminos se encontraban anegados, con numerosos charcos y escorrentías. El viento habitual de estas parameras refrescaba, y mucho, el ambiente. Las aves no eran abundantes, pero sí disfrutamos de un selecto grupo de especies y algunos momentos de emoción. Un morito, un archibebe común y un combatiente fueron las acuáticas más notables y pese al viento se intuía el coro de los sapos de espuelas en el agua o las alondras comunes en el cielo, pero una vez más, fueron las rapaces las que robaron nuestra atención.

Mirando buitres y águilas © Álvaro Díaz

 

Primero fue un milano negro, quizá recién llegado de su invernada en África, el que cazó un sapo y se lo comió tranquilamente en vuelo sobre nosotros. Después fue el gran susto de un grupo de avefrías lo que nos avisó de la presencia de un azor. Por último, el viento provocó que los buitres leonados volaran muy cerca del grupo y un águila real se animó a dar unas pasadas.

 

Tras las huellas de las avutardas... © Álvaro Díaz

 

Para el final del día reservamos lo mejor y por ello nos desplazamos hasta los llanos del Jarama. No hicimos más que poner el pie en tierra cuando sobre unas lomas divisamos los primeros machos de avutarda exhibiéndose en sus leks. Es ahora, en marzo, cuando se produce el auge en el celo de esta especie y entonces los “barbones” (llamados así por las plumas de su cuello, muy abundantes en las aves más viejas), vestidos con sus mejores galas, ponen en marcha un ritual que conocemos con la “rueda” o el “baño de espuma” para los británicos.

Edad de los machos de avutarda. Juan C. Alonso, Marina Magaña, Carlos A. Martín, Carlos Palacín y Javier A. Alonso (2006). Field determination of age in male great bustards (Otis tarda) in spring. European Journal of Wildlife Research 52: 43–47

 

Estas aves enormes, que llegan a superar los 15kg, voltean parte de su plumaje transformándose en bolas blancas, hinchan su cuello color rojo ladrillo y erizan sus barbas. Tras el baile, que bien parece un chotis, y especialmente si se acerca alguna hembra, finalizan con una pedorreta que, aunque desagradable para nosotros, debe de hacer las delicias de sus compañeras…

Video: “rueda” de avutarda

 Video: “rueda” de avutarda, sisón cantando y aguilucho pálido

Por suerte, pudimos ver decenas de hembras y algunos inmaduros, pese a que los machos no se dignaron a aparecer más cerca. La tarde se animó aun más con los aguiluchos laguneros y pálidos que frecuentan la zona, una decena de sisones que levantaron el vuelo de una siembra, mostrando los machos ya muy avanzado su plumaje de verano, y un grupo de corzos que sesteaban en un barbecho.

Y aquí llama la atención al no tan iniciado que los campos de labor, tristes eriales a primera vista, guarden tan bien sus tesoros, como las grandes avutardas o los corzos y que, disfrutando de su presencia, uno pueda girar la cabeza ligeramente y ver por el rabillo del ojo las altas torres de la gran urbe madrileña.

A los asistentes y guías, ¡muchas gracias y hasta la próxima!

 

Álvaro Díaz, es ornitólogo y uno de los integrantes del equipo de SEO/BirdLife responsable del Programa de Viajes, excursiones y Cursos

Contacto: excursiones@seo.org

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