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Foto fija de la naturaleza canaria

Seguramente influenciados por los documentales de Félix Rodríguez de la Fuente, el inicio de mi pasión por la naturaleza fue compartido con un buen amigo cuando, allá por los años ochenta, nos propusimos conocer cómo era el comportamiento de algunas aves canarias. Si al principio nuestra labor consistía solo en hacer anotaciones sobre diversos aspectos relacionados con su ecología, más tarde pensamos que sería de gran ayuda plasmar con fotografías todas esas curiosas pautas que teníamos oportunidad de observar.

 

Fue a partir de ese momento cuando entró la cámara en mi vida, y las imágenes como complemento a dichas observaciones pasaron a ser una prioridad. Desde ese entonces mi vida cambió y he estado hasta el día de hoy cautivo de una irresistible fascinación…

 

José Juan Hernández ha obtenido el premio de la categoría “Paisajes de la Red Natura 2000” del concurso FotoAves 2013. Esta imagen del bosque del Alisio que nos transporta a los ancestrales bosques de laurisilva que aún perviven en Canarias.

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Aunque soy un apasionado de las aves y casi siempre les dedico la mayor parte del tiempo, me gusta cualquier disciplina dentro del mundo de la fotografía de naturaleza en general.

 

Precisamente, la oportunidad de viajar a menudo entre las islas del archipiélago canario me ha aportado, desde hace ya un buen número de años, conocimiento y experiencia a la hora de buscar formas cada vez más adecuadas para abordar las distintas especies.

Con mis fotografías quiero dar a conocer comportamientos curiosos, muchos de ellos nunca o raramente vistos, sobre todo los que tienen que ver con las relaciones que existen entre animales y plantas en los ecosistemas isleños. Con ello intento, además, obtener imágenes que cautiven al espectador y de este modo concienciarle de la importancia de estos mutualismos y de la protección que demandan estas especies y sus hábitats. Como enamorado de la naturaleza, pienso asimismo que cada uno de nosotros debería colaborar  con aquello que tiene a mano para que nuestro patrimonio natural se conserve lo mejor posible.

 

Mi trabajo ha estado centrado en mostrar la biodiversidad de Canarias, mi tierra, una región insular que cuenta con gran variedad de ecosistemas y un sinfín de especies únicas en el mundo.

Casi la mitad de este territorio está protegido, por lo que poner como temática la Red Natura 2000 a un concurso fotográfico fue una ventaja que tenía que aprovechar.

A partir del año 2005 empiezo a compaginar mi trabajo de fotógrafo con el de naturalista y operador de cámara en una productora canaria de documentales de naturaleza. Mi cometido, entre otras muchas labores, ha consistido en localizar especies y montar las infraestructuras necesarias para poder filmarlas. En este sentido, nunca olvidaré el primer plano que filmé cuando, en aquellos tiempos preliminares para uno, trabajábamos aún con una cámara Arriflex súper 16 mm de alta velocidad. Ese día mi compañero me dejó solo con el equipo y me dijo: este botón es tanto para grabar como para parar… Cogí el pesado conjunto compuesto por trípode, cámara y óptica y me coloqué enfrente de una flor que de antemano sabíamos que era visitada por diferentes aves en busca de néctar. Cuando se acercó un mosquitero canario apreté el botón para captar esos “dulces segundos” en los que introducía su cabeza en la flor…, y al final aquel plano se incluyó en el documental.

 

Lagarto tizón momentos antes de obtener néctar en la flor de un bicácaro. Autor ©Juán José Hernández

 

Para poder conseguir fotografías de los rayos del sol penetrando entre los árboles de la laurisilva se tienen que dar a la vez varias circunstancias. La primera es, como era de esperar, estar en el lugar y momento concretos, puesto que dicho fenómeno no ocurre con mucha frecuencia. En estas ocasiones, la rapidez con la que actúes es fundamental dado que la intensidad de los rayos puede disminuir, incluso desaparecer, de un segundo a otro por el paso constante de la niebla. Por todo ello debes ser ávido a la hora de decidir cambiar de posición para adecuarla al fenómeno y así poder conseguir la composición deseada.

En el caso de la fotografía ganadora, aquel día me encontraba fotografiando diferentes detalles de las hojas y troncos de algunos árboles de este bosque húmedo canario. De repente empecé a ver cómo la niebla, que se iba disipando, dejaba pasar velados rayos del sol por instantes. Sin perder tiempo, cambié el objetivo macro por uno de los dos angulares que siempre llevo en la mochila para distintos usos. Cogí el que tenía menos ángulo de visión para tantear, comprobando que era suficiente para cubrir la escena y, además,  que permitía hacer encuadres más cerrados. A fin de conseguir una buena composición, “desplacé” el sol hacia un lado al tiempo que lo “colocaba” detrás del follaje para evitar los reflejos del mismo sobre la lente. Intenté, antes de que desaparecieran los rayos, hacer varios encuadres, aunque no alcancé grandes resultados.

 

Mosquitero canario durante una visita a la inflorescencia de cresta de gallo en busca del dulce néctar. ©Juan José Hernández

Uno de mis ámbitos favoritos para trabajar es la laurisilva o monteverde. El Monte del Agua y Pasos, presente en el noroeste de de Tenerife, es el lugar que más frecuento durante mis incursiones fotográficas, pues aquí puedo dar rienda suelta a la imaginación y trabajar con muchas especies exclusivas. Una “selva de niebla” propiciada por el alisio que me ofrece infinidad de motivos relacionados con la fauna, la flora y el paisaje, y que en cada estación me brinda algún tipo de alianza entre animales y plantas. Un hábitat propio de estas islas oceánicas que siempre te dará motivos para coger el equipo e intentar inmortalizar procesos fascinantes…

Después de muchos años haciendo fotografías prácticamente en el anonimato, mi mayor número de publicaciones llegó a partir del año 2000. En la actualidad son más de un centenar repartidas en distintos medios, entre los que destacaría la revista National Geographic, la enciclopedia Handbook of The Birds of The World y el libro Aves de España, una celebración. Sin duda, el 2013 ha sido un año importante para mí, pues he tenido la suerte de disfrutar varias veces de una agradable sensación de bienestar, la que se produce cuando tu esfuerzo es recompensado en diferentes concursos de fotografía de naturaleza.

 

 

José Juan Hernández es Fotógrafo de naturaleza y ganador del premio “Paisajes de la Red Natura 2000” del concurso FotoAves 2013 de SEO/BirdLife

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¿Es España un país inflamable? 3ª Parte

El fuego, elemento natural modelador de la biodiversidad

Cortafuegos, uno de las herramientas que se utilizan para evitar la expansión de los incendios ©Jordi Prieto-SEO/BirdLife

Durante milenios se han ido sucediendo repetidamente episodios más o menos intensos de incendios en la cuenca mediterránea y el fuego se convirtió en un factor de presión evolutiva imprescindible para entender la biodiversidad en esta región. En la actualidad, el cambio climático y una gestión del paisaje cada vez más errónea de los montes, en combinación con factores demográficos y otras perturbaciones, está propiciando la sucesión de regimenes de incendios.  Las especies mediterráneas, que consiguieron adaptarse al fuego, después de miles de años de evolución, no están preparadas.

[more…]Multitud de plantas mediterráneas están completamente adaptadas a determinadas frecuencias y tipos de fuegos, bien mediante una estrategia de plantas “rebrotadoras”, rebrotando del tronco o los tocones calcinados tras el incendio, o como especies “reclutadoras” o “semilladoras”, cuyas semillas ven estimulado su potencial germinativo por el calor del fuego.

Entre las rebrotadoras podemos encontrar los brezos, enebros, alcornoques, quejigos, encinas, etc. Y entre las semilladoras o reclutadoras destacan las leguminosas arbustivas como las aliagas o tojos, y multitud de coníferas, muchas de las cuales a pesar de producir semillas todos los años, la producción no la liberan anualmente, sino que queda acumulada en las piñas de las copas hasta que se produce un incendio. Este fenómeno, en el que el calor del fuego abre las piñas y permite la dispersión de las semillas después de un incendio (entorno luminoso y suelo con abundantes nutrientes) para facilitar la germinación de nuevos individuos, se conoce como serotinia, y es muy frecuente en plantas de California, Sudáfrica, el SO de Australia, y en algunos pinos y cipreses del hemisferio norte. Aunque este tipo de plantas están adaptadas a soportar el fuego, si los incendios son muy frecuentes o son siempre de copa, estas especies no lograrán regenerarse

 

La alteración de los regimenes naturales del fuego, produce la existencia de incendios más destructivos

Algunos hábitats mediterráneos están completamente adaptados y dependen de un régimen de incendios frecuentes pero poco severos, pero actualmente están sufriendo muy pocos incendios pero muy intensos, no pudiendo recuperarse (por ejemplo algunos bosques de coníferas). Otros hábitats por el contrario soportan la presencia del fuego en forma de incendios muy intensos pero poco frecuentes (como las maquias o garrigas). Si no se restaura un régimen ecológicamente aceptable de incendios en los enclaves donde se desarrollan estos hábitats, muchos de ellos protegidos por la legislación europea mediante la Directiva Hábitat, desaparecerán. Es decir, si la recurrencia se hace muy elevada, algunas especies no se podrán regenerar adecuadamente, lo que puede significar una pérdida de biodiversidad, un incremento de los procesos erosivos y, en general, una disminución de la calidad de paisaje.

Por otra parte, además de la intensidad y frecuencia de los incendios, otra alteración del régimen de incendios es la causada por un aumento de las superficies afectadas, ya que en los últimos años no solo se están produciendo más incendios, sino que éstos afectan a superficies mayores. El incremento de incendios a escala regional implica un incremento de la recurrencia de incendios a escala local, por lo que los mecanismos de muchas especies mediterráneas para persistir después de los incendios serán insuficientes para garantizar su supervivencia.

Roble melojo rebrotando en Cobeta (Guadalajara) tras el incendio de 2005 que devastó más de 10.000 ha. ©Niko López/SEOBirdLife

Temperatura, humedad relativa y velocidad del viento son tres factores fundamentales para que se produzca un incendio, pero aunque estos tres factores alcancen valores extremos y preocupantes, siempre debe existir un desencadenante y además el fuego tiene que alcanzar una fuente de combustible. De manera que al no poder controlar los condicionantes meteorológicos que propician la propagación de un incendio, hay que intentar incidir sobre los factores que los originan y sobre los que los mantienen o alimentan y extienden. Es decir, hay que analizar la causalidad de los incendios (tipos de siniestros y tipos de causas) y estudiar el mapa de acumulación de combustible diseñando un buen “modelo de inflamabilidad”.

Estas dos últimas variables, causalidad y disponibilidad espacial del combustible, junto con la distribución temporal de los incendios, o lo que es lo mismo, la frecuencia en que se producen, marcan la diferencia entre sucesos naturales propios de los ecosistemas mediterráneos (ecología del fuego) y dramas a escala humana y ambiental en los que las pérdidas personales, materiales y medioambientales son irreparables.

Las estadísticas oficiales muestran que más de la mitad de los siniestros (conatos e incendios) tienen un origen intencionado, y cada año esta causa va en aumento con respecto a años anteriores y a otras posibles causas. Analizando el tipo de superficie calcinada, hay que destacar que para el caso de las superficies forestales arboladas, la gran mayoría de los incendios tienen un origen intencionado, especialmente en Galicia, Asturias y Cantabria. Y en el caso de los GIF, la práctica totalidad son de origen intencionado.

Las especies de los ecosistemas mediterráneos que han estado conviviendo con los incendios durante miles de años, e incluso dependen de estos para dispersar o hacer que germinen sus semillas, soportan un determinado tipo de incendio y una frecuencia en el número de incendios. Por encima de esos límites, hasta las especies mediterráneas mejor adaptadas a los incendios se verán afectadas. El fuego es un factor modelador del paisaje, que ha acompañado a los ecosistemas mediterráneos durante miles de años, al igual que por ejemplo, el herviborismo o las fluctuaciones termopluviométricas. Cuando esos factores alteran su régimen natural, es cuando sobreviene el problema o la catástrofe: el sobrepastoreo, las épocas de sequía recurrentes o las inundaciones y avenidas provocadas por las lluvias torrenciales pueden ser tan destructivas de la cubierta vegetal como algunos incendios.

 

Las labores de extinción

Al margen de los factores anteriormente descritos, y cuando las labores de prevención y sensibilización han fracasado, las tareas de extinción resultan imprescindibles para que se vean afectadas el menor número de hectáreas posibles.

Dependiendo del tipo de incendio y de su severidad estas deben ir en un sentido o en otro. Y es en este punto donde una buena gestión forestal marca la diferencia. El tipo y estructura del bosque, la existencia y mantenimiento de suficientes cortafuegos, la permanencia del pastoreo o el tipo de explotación forestal incidirá directamente en la propagación del incendio y en su mayor o menor virulencia. Por ejemplo, en un bosque monoespecífico y poco pastoreado, donde se acumule la biomasa a nivel del suelo, es posible que el incendio alcance grandes proporciones y los medios de extinción terrestres únicamente puedan efectuar labores perimetrales de extinción, mientras que en un bosque mixto, pastoreado, donde se mantienen los cortafuegos y se realizan labores periódicas de limpieza del sotobosque, es muy probable que el fuego se extienda con lentitud y no se produzca un gran fuego de superficie. A su vez, hay tipos de ecosistemas, estructuras vegetales y especies mucho más inflamables que otras. Los “ecosistemas inflamables” o pirófilos, no solo están completamente adaptados a los incendios, sino que dependen de su aparición, con una cierta frecuencia temporal, para subsistir. Sin este fenómeno natural desaparecerían.

Algunos ecosistemas desaparecerían sin no se producen incendios naturales

Y después qué?

Tras el incendio, es necesario evaluar los daños socioeconómicos y medioambientales para establecer un plan de actuación que incluya una serie de ayudas económicas y un proyecto de restauración ecológica específico para la zona incendiada.

 

Restauración Ecológica de Áreas Incendiadas

Para reducir la erosión del suelo y facilitar la regeneración y recolonización de las especies tras la perturbación que provoca un incendio en los ecosistemas, la Restauración Ambiental como disciplina biológica, cuenta con una serie de métodos y herramientas que pueden aplicarse antes (gestión de la vegetación, del combustible y del paisaje) y después de que se produzca un incendio (protección del suelo, siembras, plantaciones, etc.).

La restauración de un área incendiada es un proceso que ofrece resultados a largo plazo, no es un proceso rápido, en que será prioritario: frenar los procesos erosivos, facilitar la implantación de la vegetación, revegetar con especies autóctonas en las zonas necesarias y aprovechar la oportunidad para revisar el modelo de gestión urbanística y forestal, incluyendo una nueva concepción basada en la prevención.

Hay que recordar que aunque algunos hábitats o ecosistemas pueden ser objeto de medidas de restauración tras un incendio, únicamente podremos favorecer el proceso de cicatrización. Es posible que se instale una cubierta vegetal en el territorio y con el tiempo evolucioné y presente una vegetación más o menos estructurada, jamás será el mismo paisaje, ni dará lugar a las mismas comunidades vegetales, ni contará con la misma fauna que tuvo el lugar en su origen, ya que aunque fuésemos capaces de realizar una labor de restauración de verdaderos “cirujanos biorreconstructores”, colocando todas las especies que se quemaron, en una proporción similar a la que tenían y distribuidas de manera análoga a la situación de partida, sería imposible reproducir de novo el proceso histórico que permitió la existencia y perdurabilidad de los hábitats incendiados.

 

Pino resinero germinando en Cobeta (Guadalajara) tras el incendio de 2005 que devastó más de 10.000 ha. ©Niko López/SEOBirdLife

 

CONCLUSIÓN

La deriva climática, socioeconómica y demográfica actual nos debe poner en guardia para aprender de las experiencias exitosas que se están llevando a cabo en el ámbito de la gestión del riesgo de incendios en algunos territorios, y establecer unas políticas preventivas que mitiguen, en la medida de lo posible, que fenómenos naturales como los incendios no se cobren vidas humanas y se reduzca su frecuencia y extensión, especialmente en los espacios protegidos.

 

Tanto desde el punto de vista de la seguridad de las personas y de sus bienes, así como de la biodiversidad y los procesos ecológicos que la sostienen, la gestión del territorio y especialmente de los paisajes mediterráneos, debe tener entre sus objetivos la coexistencia sostenible con los incendios. Si establecemos un modelo de gestión de los incendios basado únicamente en controlar procesos físicos (propiedades y cantidad de combustible, medios y velocidad de propagación, etc.), pero no tenemos en cuenta, además, los procesos ecológicos y sociales que se están produciendo en el territorio, estaremos condenando dicha gestión al fracaso.

Por otra parte, la gestión de los incendios nunca puede supeditarse a modelos o estrategias cortoplacistas, ya que tanto la prevención como la extinción y la restauración deben planificarse a largo plazo contemplando el balance entre costes y beneficios ambientales.

 

Por lo tanto, se debe incidir e invertir más y mejor en prevención y en sensibilización, como principales herramientas para reducir el riesgo de incendios, y establecer una adecuada gestión de nuestros cada vez más frecuentes paisajes inflamables.

 

¿Es España un país inflamable? 1ª Parte

¿Es España un país inflamable? 2ª Parte

 

Nicolás López, es Doctor en Ciencias Biológicas y técnico del Área de Conservación de Especies y Espacios de SEO/BirdLife.

Su relación con el bosque del que nos habla en este artículo va mucho más allá, ya que también es artesano de la madera, demostrando con ello que el uso sostenible del bosque autóctono es posible.

Contacto: nlopez@seo.org

 

¿Es España un país inflamable? 2ª Parte

Para resolver esta pregunta es necesario exponer argumentos a favor y en contra, para poder entender porqué, ante un calentamiento global de la Tierra, debemos trabajar para que un fenómeno natural como el fuego se encuentre con un territorio poco inflamable.

 

¿Por qué España NO ES un país más inflamable que otros?

España NO ES un país inflamable porque se acumulen grandes cantidades de biomasa vegetal, propiciado por tener un clima mediterráneo húmedo y suave durante una buena parte del año.

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Se ha demostrado que el pastoreo con ganado ovino o caprino en zonas forestales de la Red Natura 2000 ayuda a reducir los incendios forestales

 

España NO ES un país inflamable porque existan en los montes grandes cantidades de combustible y al presentar veranos secos y cálidos los incendios estivales sean un fenómeno frecuente.

España NO ES un país inflamable porque en determinados lugares y momentos del año, se den altas temperaturas, baja humedad relativa y fuertes vientos en enclaves donde hay disponible una gran cantidad de combustible vegetal.

España NO ES un país inflamable porque a causa de los rayos se produzcan incendios de manera natural, como viene ocurriendo desde la aparición del combustible vegetal, hace millones de años, ya desde los inicios de las plantas terrestres (hace 450 millones de años, en el Silúrico).

España NO ES un país inflamable porque los humanos utilicen el fuego como herramienta modeladora del paisaje. Para los humanos y los demás seres vivos de estas tierras, el fuego se convirtió en un elemento esencial en sus vidas (aproximadamente desde el Mesolítico, hace unos 12.000 años), modelador de paisajes y especies, herramienta indispensable e importante elemento sensitivo-cultural (el “hogar”) y no por eso, la península Ibérica resultaba ser más o menos inflamable.

 

La tendencia hacia un modelo de país inflamable

España ES un país inflamable porque ahora, el fuego, o mejor dicho, los procesos de ignición que provocan los incendios forestales, no dependen únicamente de factores climáticos y de la disponibilidad de combustible en el medio, sino que están verdaderamente influidos por la “dinámica inflamable” que actualmente está sufriendo el país.

España ES un país inflamable porque se está produciendo un grave despoblamiento del mundo rural que, entre otras cosas, esta provocando el abandono de la tierra, lo que trae consigo el cese de gran parte de las actividades agrícolas y ganaderas, y la acumulación de combustible en el medio, bien por la falta de pastoreo, por el abandono de las actividades de explotación y recogida de madera y leñas, por la reconquista de la vegetación silvestre en los terrenos agrícolas abandonados o por el cese de los trabajos ligados a otras  explotaciones selvícolas de las zonas forestales (resina, corcho, miel, etc.).

Zona arrasada por un incendio en el Alt Empordà (Girona) ©J.M.Arcos/SEOBirdLife

 

España ES un país inflamable por los desequilibrios económicos entre prevención/extinción/divulgación-sensibilización, provocados porque muchas administraciones autonómicas destinan partidas presupuestarias cada vez mayores a las tareas de extinción, mientras que la inversión en prevención y sensibilización va siendo reducida paulatinamente, hasta el punto que si no se dispone de medios para gestionar el combustible forestal, los incendios forestales serán cada vez de mayor magnitud y el éxito de los medios de extinción será cuestionable.

La inversión en extinción de incendios tanto del Estado como de las Comunidades Autónomas, generalmente, es muy superior al gasto empleado en labores de prevención y sensibilización.

Y también es un hecho que la superficie forestal española, ha aumentado en unos 1,7 millones de hectáreas en los últimos 10 años y desde los años 70 hasta ahora, se ha producido un incremento de más del 15%. Este notable incremento se ha producido principalmente por las repoblaciones llevadas a cabo en la segunda mitad del siglo pasado, por las políticas de abandono y reforestación de tierras agrícolas y por la expansión natural de algunos tipos de bosques. La evolución de la superficie forestal protegida también ha experimentado un notable incremento en los últimos 10-15 años y en consecuencia cuando se produce un incendio, se queman más hectáreas arboladas y es más probable que ocurra en espacios protegidos.

Pero aunque en general, las CCAA y el Estado invierten aproximadamente el doble en labores de extinción que en acciones preventivas y de sensibilización, con el paso de los años, se está comprobando que aquellas administraciones que más gastan en prevención, frente a las que aplican un mayor esfuerzo económico en extinción, tienen cada año un menor número de hectáreas de monte arrasadas por las llamas.

Algunas administraciones autonómicas, al igual que algunos países europeos, están invirtiendo esta tendencia y desarrollan programas preventivos para evitar o minimizar el impacto de los incendios forestales, como por ejemplo la iniciativa denominada “Red de Áreas Pasto-Cortafuegos de Andalucía (RAPCA)” que lleva a cabo una selvicultura preventiva frente a los incendios forestales mediante el uso ganadero controlado de los pastos de montes públicos. Los beneficios de este tipo de iniciativas son múltiples: lucha contra el despoblamiento rural y abandono de los montes, desarrollo de alternativas sostenibles y eficientes para la gestión del territorio, empleo verde, eliminación de combustible forestal, etc. Los cambios en la abundancia de herbívoros alteran el régimen de los incendios, ya que fuego y herbívoros compiten por un mismo recurso: biomasa vegetal.

La abundancia de grandes herbívoros mantiene niveles bajos de biomasa vegetal, limitando el tamaño e intensidad de los incendios.

Por el contrario, en otras CCAA, la inversión en prevención cuenta con presupuestos cada vez menores, y los recursos para extinción se reducen con la crisis a la mitad. Las consecuencias no se hacen esperar y tenemos el ejemplo de lo que está ocurriendo en la provincia de Guadalajara este año: se han reducido al 50% los recursos humanos destinados anualmente a los retenes forestales mediante un ERE, se han cerrado algunos de los helipuertos y torretas de vigilancia y se está recurriendo de manera casi continua a la colaboración de los medios de extinción del Estado (especialmente de la Unidad Militar de Emergencias) o de comunidades vecinas como Madrid. Y el resultado: solo en la primera semana de agosto se han producido seis incendios importantes en la provincia.

España ES un país inflamable por la expansión de las zonas urbanas y periurbanas a zonas agrícolas y forestales, causado principalmente por el modelo urbanístico instaurado durante los últimos años en nuestro país, especialmente en los municipios de la periferia de grandes ciudades. La cantidad de incendios estrechamente relacionada con la densidad de población y con la extensión de las zonas residenciales imbricadas en el medio natural, conocida como interfase urbano-forestal, está aumentando alarmantemente, y debido a que en los protocolos de extinción de incendios debe primar, como es lógico, salvar las vidas humanas y los bienes de las personas antes que la vegetación. A consecuencia de esta situación, los medios de extinción tardan mucho más en controlar las áreas con vegetación natural incendiadas y el incendio se vuelve de mayores dimensiones.

 

Izqu. IUF (interfaz urbano-forestal) y vegetación forestal. Dcha. incendios forstales del periodo 1996-2005, con colores más oscuros cuanto a mayor nº de incendios. La correlación que se observa entre un mapa y otro es muy directa y responde también a lo sucedido en los años 2012 y 2013

 

Y es que aunque existen restricciones y códigos para la planificación urbanística y la construcción de viviendas en áreas con riesgo sísmico o en zonas de inundaciones frecuentes, es necesario que las administraciones competentes elaboren códigos de urbanización y restricciones para la construcción en zonas con riesgo de incendio, ya que con las políticas ambientales actuales, el entorno forestal se está volviendo cada vez es más propenso a los incendios y los medios de extinción están alcanzando su techo de efectividad.

España ES un país inflamable porque se está produciendo un aumento de los usos recreativos en las zonas forestales, con un número cada vez mayor de personas que practican actividades de ocio en el medio natural, aumentando también el riesgo de incendio. Aunque las actividades humanas también pueden reducir las igniciones naturales, ya que la mayoría de los rayos que caen en zonas agrícolas o urbanas no provocan incendios como hubiera ocurrido en el pasado, cuando esos territorios estaban cubiertos por superficie forestal. La actual fragmentación del hábitat y algunas políticas de prevención y extinción de incendios también contribuyen a reducir el número de incendios o la extensión de estos.

España ES un país inflamable porque muchos ecosistemas se están viendo invadidos por especies vegetales exóticas de carácter invasor, muy bien adaptadas al fuego y que propician la acumulación de materia vegetal en el suelo, desplazando a las especies locales menos propensas a arder.

Pero para una comprensión holística del problema, nos faltaría explicar la dinámica natural del fuego en el paisaje, además de ciertos aspectos de las labores de extinción y la posterior restauración ecológica.

No te pierdas la última parte de España Inflamable. Próximamente…

¿Es España un país inflamable? 1ª Parte

¿Es España un país inflamable? 3ª Parte

 

Nicolás López, es Doctor en Ciencias Biológicas y técnico del Área de Conservación de Especies y Espacios de SEO/BirdLife.

Su relación con el bosque del que nos habla en este artículo va mucho más allá, ya que también es artesano de la madera, demostrando con ello que el uso sostenible del bosque autóctono es posible.

Contacto: nlopez@seo.org

 

¿Es España un país inflamable? 1ª Parte

Incendio en 2012 en Red Natura2000 (Sierra de San Vicente-Toledo) en una zona de alto valor natural con especies en peligro de extinción como águila imperial ibérica y cigueña negra. ©Miguel Ángel Sánchez

Como cada verano, nos abrasan con noticias sobre incendios forestales de mayor o menor magnitud. Sin embargo, precisamente 2013 (desde enero hasta julio), es el año con menor superficie forestal afectada y menos incendios del último decenio para ese periodo. Todavía queda año, así que a ver si no lo estropeamos.

Nos espera un país climáticamente más inflamable por lo que cada vez es más necesario prevenir que extinguir

[more…]El resto del año también se producen muc­hos incendios, la mayoría intencionados, pero no son noticia salvo que haya pérdidas humanas.

No obstante, ante un escenario palpable de cambio climático, en el que el aumento de las temperaturas y el descenso de las precipitaciones anuales, provoca escenarios cada vez más inflamables en nuestros montes, es cada vez más urgente que las erróneas políticas de desarrollo socioeconómico se tornen en modelos de gestión urbanística y forestal más acordes al principio de prevención que al de extinción, ya que nos espera un país climáticamente cada vez más inflamable.

Revisando los datos oficiales correspondientes a 2012, las cifras son escalofriantes, especialmente si las comparamos con los diez años anteriores:

Y es que al final el refranero español, tan denostado desde la aparición de los modelos predictivos de incendios, basados en millones de cálculos informáticos, va a tener razón: año bisiesto, año siniestro o año bisiesto, ni viña ni huerto o año bisiesto, sin cuba ni cesto, etc.

A diferencia del 2013 (con mala terminación pero con mejores cifras), 2012 fue al año con mayor superficie forestal arrasada y con mayor número de Grandes Incendios Forestales (GIF >500 ha) del último decenio, llegándose a quemar casi 210.000 ha (aproximadamente la extensión de Luxemburgo), es decir, una superficie mayor que la que ocupan todas las áreas dedicadas al cultivo de hortalizas existentes en España. En cuanto a las superficies afectadas, tanto la arbolada como la total forestal, superan en un 117,3 % y 82,9 % respectivamente, la media del decenio 2002-2012.

Desde el punto de vista ambiental las consecuencias son todavía más graves, ya que 34 de los 39 GIF (>500 ha) de 2012, afectaron a Espacios Protegidos de la Red Natura 2000 (la red Europea de Espacios Protegidos) y 19 de ellos a Espacios Naturales Protegidos de la red nacional o autonómica, es decir, que en mayor o menor medida, el 95% de los incendios de 2012 afectaron a espacios que están protegidos por sus valores biológicos únicos. Y todavía no se tienen cifras de las especies o poblaciones que pudieron verse afectadas o desaparecieron para siempre.

El 95% de los grandes incendios de 2012 afectaron a espacios que están protegidos por sus valores biológicos únicos

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En la tabla de la derecha se resumen los datos relativos a los GIF que ocurrieron en 2012, indicando a que tipo de espacio protegido afectaron:

Aparentemente muchas zonas de la Tierra que son poco inflamables, como las áreas cubiertas por bosques tropicales o Siberia, son los territorios más arrasados por el fuego, tal y como se ve en las imágenes tomadas por el satélite Terra de la NASA del siguiente video:

¿Por qué se incendian entonces, bosques con tanta humedad, en los que las temperaturas no son muy elevadas, el viento fuerte es infrecuente y hay muy poco combustible en el suelo? En los bosques boreales de Canadá son incendios naturales provocados por los ciclos de lluvia, sequedad y tormentas eléctricas. Pero en otras zonas como en Sudamérica, los incendios que asolan todos los años de agosto a octubre el continente son fruto de fuegos intencionados o accidentales provocados por las actividades humanas.

A la vista de estos datos, y teniendo en cuenta que la ocurrencia y extensión de los incendios en 2012 fue especialmente virulenta, ¿podemos afirmar que España es un país inflamable?

Se admiten respuestas. Resolveremos la duda muy pronto en la siguiente entrega…

 

Nicolás López, es Doctor en Ciencias Biológicas y técnico del Área de Conservación de Especies y Espacios de SEO/BirdLife.

Su relación con el bosque del que nos habla en este artículo va mucho más allá, ya que también es artesano de la madera, demostrando con ello que el uso sostenible del bosque autóctono es posible.

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¿Es España un país inflamable? 2ªParte

 

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