Tag Archive for Aves y naturaleza

EN FAMILIA con Cristina y Carmen, las hijas del profesor Francisco Bernis

En el centenario del nacimiento de Francisco Bernis, fundador de la Sociedad Española de Ornitología, nos adentramos en su figura a través de la visión de sus hijas Cristina y Carmen, quienes amablemente nos reciben una mañana del pasado mes de noviembre. Durante una grata conversación, ambas destilan recuerdos imborrables, anécdotas curiosas y algunos aspectos poco conocidos del padre de la ornitología en España. También hablan del importante papel que jugó en la vida del profesor su esposa, Cristina Carro, y algunos retazos biográficos de ellas mismas.

 

Carmen (izquierdaI y Cristina Bernis durante la entrevisa ©A. Carretero-SEOBirdLife

Carmen (izquierda) y Cristina Bernis durante la entrevisa ©A. Carretero-SEO/BirdLife

 

Lo recuerdo siempre trabajando, muy entusiasmado, aunque también salía mucho al campo. Tenía bastante capacidad de relación si le interesaba por asuntos profesionales, pero su prioridad era el trabajo que hacía y al que dedicaba muchas horas al día”. Así describe Carmen Bernis, la menor de los tres hijos, la faceta profesional de Francisco Bernis. “Como padre era muy estricto, una mezcla de persona científica, sabia, que explicaba, y a la vez muy ingenuo, buena persona. Y con mucho genio”, añade Cristina, la hija mayor, adentrándose algo en su perfil más humano.

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‘Luz verde’ al cambio, por Asunción Ruiz

A 20 días de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en París (COP21) y a 40 días de las elecciones generales del 20-D, el editorial “Luz Verde al cambio” del número 17 de la revista Aves y Naturaleza está hoy más que nunca de actualidad. También fue publicado en este mismo blog el pasado mes de marzo.

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¡Llegan las golondrinas! Por fin está aquí la ansiada primavera…
La estación que provoca los cambios más transformadores y renovadores en la naturaleza. De hecho, su origen etimológico se refiere al “primer verdor”. Las plantas reverdecen, los almendros florecen… Es la estación del año más regeneradora, más explosiva, más vital…


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El bosque protector, un paseo naturalista por la Amazonía ecuatoriana de Tena

 

En la Amazonía de Ecuador la vida nunca se detiene. La frenética actividad del bosque primario continúa de noche, sin descanso. Las aguas del río Tena, uno de los manantiales del Amazonas, bajan crecidas después de las fuertes lluvias de la madrugada. Es pronto, cerca de las seis de la mañana, y el sol empieza a deshacer el vapor de la selva formando un velo que escapa de las copas de los grandes árboles del bosque. La biodiversidad de este ecosistema es de las más elevadas del mundo, sin duda. Hay rincones que cobijan hasta 300 especies de árboles por hectárea, como ocurre en la Reserva Faunística de Cuyabeno, y se pueden censar cerca de 500 aves diferentes, casi como la diversidad ornitológica de España.

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Hoacin. © Carlos Sánchez

Un grupo de oropéndolas dorsirrojizas, algunas con sus ojos celestes y plumas de color café y amarillo, vuela hacía sus nidos en forma de calcetín que cuelgan de las ramas de un gran ceibo. Este corona un cerro cercano donde algunas nubes bajas han quedado atrapadas. Ecuador es la capital del reino de las aves, con más de 1.600 especies, el país con mayor número en relación a su superficie, la mitad de España. Esta cifra duplica la de Europa o Norteamérica. Solo en la región amazónica hay contabilizadas 600 especies. Un auténtico parque temático para los ornitólogos. Ya en la espesura del bosque escuchamos el canto de una pava carunculada que nos confirma el dato. Se trata de una discreta gallinácea negra de gran actividad crepuscular, difícil de ver.

Gran parte de la Amazonía ecuatoriana está repartida por las provincias de Sucumbíos, Orellana, Napo, Pastaza, Morona Santiago y Zamora Chinchipe, todas al nordeste del país, en los límites con Perú y Colombia. De todas estas regiones, una de las más humildes es la de Napo, con menos riqueza petrolífera y tal vez por ello mucho más auténtica, con infraestructuras básicas y pequeñas ciudades y parroquias de viviendas bajas y desarrollo horizontal, asentadas juntos a caudalosos ríos. También es la más interesante medioambientalmente por la gran diferencia altitudinal del territorio, que oscila entre los 300 metros de la cuenca del río Napo y los más de cinco mil del Parque Nacional de Cotopaxi, donde se encuentra uno de los volcanes activos más altos del mundo, el Cotopaxi (5.897 m) Esta variedad de pisos climáticos ofrece una riqueza de ecosistemas de difícil digestión para el aficionado a la naturaleza.

 

Cascada de San Rafael, en la Reserva de Cayambe-Coca. Potente caudal del río Quijos procedente del volcán Reventador (3.562 m), que se descuelga a 160 metros de altura. Se llega por un sendero bien preparado con puentes y observatorios. © Eugene Berman

 

Paseo por el bosque Colonso
Cerca de la ciudad de Tena, la capital de la provincia, tenemos el primer contacto con el bosque. A través del sendero Chuncho 1 de 3.200 metros de longitud se alcanza un maravilloso mirador del bosque protector Colonso, nombre de uno de los ríos que peinan esta enorme extensión verde. Aquí se hermanan los Andes orientales y la Amazonía, la sierra y la selva, la serenidad andina y la salvaje naturaleza del bosque animado. Estamos en el país de la canela, el cacao y las aves. Y también el país de los quijos, una tribu indígena que se enfrentó a Gonzalo Pizarro y Francisco de Orellana en 1541. Las enfermedades y sobre todo la búsqueda de la legendaria ciudad de El Dorado obligaron a este último a localizar una salida por el bosque a través del río Coca, y así fue como los españoles descubrieron el Amazonas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Para muchos científicos, este rincón de la Amazonía, situado en la ladera oriental de los Andes, está considerado entre los más ricos del planeta en flora y fauna. Por aquí se deja escuchar el búho ventribandeado y aún se puede ver al jacamar pechicobrizo, una especie amenazada por la tala de su hábitat. El guía nos avisa de la presencia de una rana venenosa de líneas amarillas, que salta desde la hoja de una bromelia asustada por nuestra presencia. Mientras, el tamborileo de un picolete o carpinterito nos advierte de la hora del desayuno de este pájaro, aficionado a limpiar de larvas la corteza de los árboles. Pronto se empina el sendero y el paseo se convierte en una deliciosa clase de botánica. Hoy toca estudiar helechos, bromelias, heliconias, ericaceas y orquídeas, una de las flores más hermosas de la tierra. En Ecuador hay censadas tres mil especies, de las que mil son endémicas. En la Amazonía la vida tiene forma de flor. El suelo está blando por las frecuentes tormentas tropicales y deja ver las huellas de los habitantes de la noche: zarigüeyas, osos de anteojos, margays -pequeño leopardo-, pumas o puerco espines. El lodo es la cámara de vigilancia del bosque. Me cuentan que solo en la huella dejada por mi bota en el suelo viven más de mil quinientas especies distintas.

Beso de novia (Psychotria poeppigiana). © Dr. Morley Read

Llama la atención cómo los grandes árboles forman un pequeño jardín botánico de plantas epífitas como las orquídeas, joyapas o huaicundos. No se trata de plantas parásitas; estas preparan su propio alimento y son una importante fuente de polen para colibríes, murciélagos e invertebrados. La mayoría luce un atractivo color rojo, igual que algunas flores arbustivas como el llamativo beso de novia (Psychotria poeppigiana), cuyos carnosos pétalos rojos se asemejan a los labios recién pintados de una bella mujer. Entonces el bosque protector se convierte en seductor y muestra su lado femenino.
El interior del bosque es oscuro y silencioso, húmedo y cálido a la vez, sereno e inquieto, siempre en plena actividad. De repente observamos cómo un delicioso colibrí de pico curvo se acerca a un platanillo, una de las heliconias más hermosas por sus tonos amarillos y rojos.

 

Tangara paraíso. © 44kmos

 

Entre las señas de identidad del bosque lluvioso llama la atención la liana, una planta leñosa que asciende por el tronco de los árboles hasta la copa para atrapar un poco de luz y producir su fotosíntesis. Si hiciéramos un corte en ella tendríamos una fuente de agua potable, fresca y natural. Curiosas plantas trepadoras que son un complemento alimenticio para los monos y las aves, y un divertimento para los viajeros con ganas de imitar a Tarzán. No resulta fácil la observación de aves debido a la espesura del bosque, pero en este mundo sobra la paciencia y las ganas por ver y conocer. A veces los cantos son tan insinuantes que nos podemos imaginar hasta el plumaje de las aves.

Gigantes en busca de sol
El guía nos avisa de la proximidad del mirador del bosque protector y nos explica la importancia de los gigantes de la selva, los grandes árboles de 30 metros de altura que luchan por alcanzar el cielo en busca del sol. Muchos son auténticos monumentos naturales por la edad y el tamaño como los chunchos, ficus, canelos, guarangos, cedros rojos, arrayanes y ceibos. Algunos están identificados por su gran valor histórico, como el avio, conocido por su látex, o la cascarilla, árbol del país, de gran importancia médica porque de su corteza se extraía la quinina, sustancia que salvó la vida de miles de personas afectadas por el paludismo.
Comprobamos que el bosque protector es generoso y aporta sus frutos en beneficio de la comunidad. El sendero aporta energía, carbono, hidratos, nitrógeno, vitaminas, salud. Probamos la uva de árbol, dulce y refrescante, y el fruto del pitón, la naranjilla silvestre, la guayaba, la guabilla, la guaba, la chirimoya… y así hasta 40 frutos comestibles, todos de sabor agradable, diferente, único.

Pushihua: palma móvil cuyas raíces aéreas buscan la humedad del terreno. © Javier Leralta

Nos cruzamos con un ejército de hormigas corta hojas trasladando a hombros sus tesoros que luego acumulan para producir un tipo de hongo que les sirve de alimento. Hasta el invertebrado más pequeño transmite sabiduría y conocimiento. Nos llama la atención un curioso árbol móvil cuyas raíces externas se desplazan en busca de agua. Se trata de una palma de la familia Arecaceae que los kichwas llaman pushihua y destaca por sus múltiples raíces que forman un cono en la base del árbol a partir del cual se yergue el tronco. Hoy no hemos tenido suerte con el avistamiento de una de las joyas de este rincón de la Amazonía de Tena, el tucán de mandíbula negra, la única especie andina de pecho amarillo, una maravilla de la naturaleza. Hay ornitólogos que cruzan medio mundo para verlo. En Ecuador hay censadas 19 especies de tucanes y de psitácidas (loros, papagayos, guacamayos y cotorras).

 

Tucán mandíbula negra. © Chris Pole

 

Colibríes, tangaras y elanios tijereta
En cambio hemos tenido la fortuna de observar a una preciosa e inquieta parejita de eufonías ventrinaranjas, con su plumaje azul y amarillo, varias especies de tangaras (Elanoides forticatus y episcopus) y hasta un alasable del Napo, un hermoso colibrí multicolor de tonos metálicos, a veces azul y a veces verde en función de la luz. Aunque las más frecuentes y fáciles de ver son el vencejo cuelliblanco y el frutero verdinegro. En nuestro particular conteo hemos llegado a detectar 40 especies de aves, pero los datos de los últimos censos indican un número superior a las 100 para una superficie de apenas 10.000 ha, entre ellas el hoacín.Durante los ciclos migratorios, el bosque se llena de nuevos inquilinos como la reinita collareja, el pibí oriental o el zorzal de Swainson: más sonidos y más colores que enriquecen el sendero y despiertan los sentidos.

 

Elanio tijereta. © Steve Byland

 

El paseo alcanza su cota máxima en un espectacular mirador que muestra toda la grandeza del bosque protector Colonso, un trocito de la Amazonía ecuatoriana que sirve de aula de interpretación para explicar la grandeza de la selva y el importante papel que juega en el difícil equilibrio ambiental del planeta. Los vuelos de los elanios tijeretas, una rapaz de llamativa cola en forma de V, nos alejan la mirada hacia el cielo, allí donde se pierde el espeso manto verde del bosque protector.

El porqué de tanta diversidad
Según estimaciones de BirdLife International, Ecuador cuenta con más de 170 especies endémicas –algunas compartidas con Perú y Colombia– repartidas en diez áreas de endemismo EBA, incluyendo el archipiélago de Galápagos, tal vez el más rico. La gran diversidad ornitológica del país se debe, en parte, a su envidiable posición geográfica ecuatorial donde se juntan la cordillera de los Andes, con sus diferentes pisos climáticos, y la corriente marina de Humboldt, inversión térmica que influye en el clima litoral y en el régimen subtropical de lluvias. En el Ecuador continental hay identificadas 46 formaciones vegetales y cuenta con 33 áreas protegidas entre parques nacionales, reservas biológicas, geobotánicas y ecológicas, y refugios de vida silvestre, además de los humedales Ramsar.

GUÍA PRÁCTICA
Transportes
A la provincia de Napo se puede llegar desde Quito en autobús, cruzando la provincia de Pichincha a través de los Andes, o bien en avión hasta el reciente aeropuerto de Tena, en un trayecto de 10 minutos. El viaje por la tortuosa carretera resulta maravilloso por la diversidad de paisajes y las cascadas que se precipitan al vacío, pero es muy pesado. Hasta la ciudad de Baeza se tarda de cuatro a cinco horas y dos más hasta Tena.
Alojamientos
Existen cabañas, el equivalente a nuestro turismo rural, en la mayoría de las parroquias de Tena, Baeza, Archidona o El Chaco.
Visitas
En la ciudad de Tena se puede visitar el Centro de Ciencias Juan José Espinosa y el Parque Amazónico La Isla, un centro educativo y ambiental que cuenta con un jardín botánico, pequeño zoológico, sendero autoguiado y torre de observación de aves.
En Baeza: Museo Etnológico y de Ciencias Naturales
Excursiones
El cantón de Tena ofrece las mejores infraestructuras turísticas. Uno de los mejores lugares para disfrutar de la esencia de la Amazonía es Puerto Misahuallí, un pequeño poblado situado en la unión de las aguas de los ríos Misahuallí y Napo. La calle principal está llena de pequeños negocios de turismo de aventura y comunitario que acercan a los turistas hasta las diferentes comunidades indígenas (Shiripuno, Muyuna) para conocer sus costumbres, compartiendo con ellas las tareas domésticas y durmiendo en cabañas levantadas al pie del río Napo.
Otras excursiones son más audaces y llegan hasta la ciudad peruana de Iquitos en un viaje fluvial de dos semanas. El cantón de Santa Clara, en la cercana provincia de Pastaza, también ofrece cabañas y centros turísticos en los ríos Piatua y Anzu en los que se puede realizar actividades multiaventura debido al fuerte caudal de las aguas.
Información
www.tena.gob.ec – www.napo.gob.ec – www.amazoniaturistica.com
www.ecostravel.com

 

 Javier Leralta, periodista y escritor ambiental.

Este reportaje aparece publicado en el último número de la revista Aves y naturaleza

 

 

 

 

 

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