Queremos seguir siendo tontos

Eduardo de Juana. Presidente de SEO/birdLife

Eduardo de Juana. Presidente de SEO/birdLife

Los que participamos en los maratones ornitológicos
compartimos una curiosa experiencia: tener que explicar una y otra vez, a cuantos se interesan por nuestra alocada carrera pajarera, que los equipos que en ella participamos confiamos ciegamente unos en otros. Siempre es lo mismo:

–¿Y cómo sabéis que no os engañan, que los otros no añaden a sus listas especies que no han visto?
– Pues, caramba, porque este es un juego de caballeros… ¿Qué placer van a encontrar ganando con trampa? En el fondo, aquí no se trata de superar a los demás sino a uno mismo…
– Vale, vale, lo que quieras, pero yo que tú, no me fiaría.

Todo apunta a que en la sociedad en que vivimos cada vez cuenta menos la palabra y, al contrario, se tiende a disculpar el uso de cartas marcadas, ya sea para evadir impuestos, beneficiarse de amistades, abusar de bajas médicas o llevarse a casa fondos públicos. ¡Aquí todo vale! A la cabeza acude el tango de Enrique Santos Discépolo: “Siglo XX, cambalache problemático y febril, el que no llora no  mama y el que no afana es un gil”.

A uno le gustaría pensar que hay excepciones, que por lo menos en este mundillo en el que nos movemos, el del estudio de las aves y la conservación de la naturaleza, las cosas son diferentes. Pero ¡qué va!

En todas partes cuecen habas… En los últimos tiempos hemos tenido en los periódicos dos casos de fraude y corrupción en los que los imputados no son, como solían, constructores o concejales de urbanismo sino presuntos científicos y conservacionistas, aparentemente tan preocupados como nosotros por la suerte de las más amenazadas aves de presa. Sí, sí… ¡menudos buitres!

En uno de estos casos, que investiga el Comité de Ética del CSIC, parece ser que un tal Lemus, veterinario contratado en la Estación Biológica de Doñana y antes en el Museo de Ciencias Naturales, se habría inventado los datos que le permitieron publicar, con las firmas acompañantes de toda una serie de científicos de prestigio –sin duda engañados- y con la de otro simplemente inventado, del orden de una decena de artículos en revistas de alta calidad. Sostenían algunos de estos trabajos, por ejemplo, que nuestros buitres negros se estaban cargando de antibióticos al consumir carroñas de animales domésticos y que esto podría incrementar su mortalidad al deprimir el sistema
inmune de los pollos… ¡Un caso de conciencia para SEO/ BirdLife! ¿Debíamos continuar pidiendo que se dejaran los cadáveres en el campo? El fraude lo han destapado los propios científicos –menos mal- cuando sospecharon de los resultados de unos análisis que apuntaban, nada menos, a que casi la mitad de las cotorras de Barcelona estaban afectadas de psitacosis, y tendieron una trampa a su desleal colega cambiándole muestras y etiquetas.
Ahora les queda la papeleta de enmendar en lo posible los daños producidos.

También es sumamente triste el otro caso al que aludo, el que destapó el pasado verano la “operación Horus” del Seprona. La investigación de una
supuesta trama de expolios de nidos de rapaces encontró conexiones con el centro de cría en cautividad del águila imperial en Sevilla, cuyo director
fue detenido, y por extensión con el proyecto de recuperación de esta especie en Andalucía. La guardia civil sostiene, según cuentan los periódicos, que el proyecto ha estado plagado de irregularidades en cuanto a las retiradas de ejemplares de los nidos y en lo que se refiere a las estadísticas publicadas sobre parejas existentes, pollos volados, ejemplares liberados, aves muertas por electrocución, etc. El caso está sub júdice y cabe por tanto la presunción de inocencia, pero las conversaciones telefónicas que se han conocido (www.larazon. es/noticia/4362) ponen los pelos de punta.

No es cuestión de rasgarse las vestiduras. La historia de la ornitología, como la
de la ciencia en general, está plagada de ejemplos de fraudes más o menos notorios. Pero sí es hora de tomar nota y hacer todo lo que podamos para mantenernos limpios. Lo de que “el que no afana es un gil” no va desde luego
con nosotros, que queremos seguir siendo honrados. Y para ello, con más razón aún en esta época de penurias económicas, vamos a estar muy vigilantes para exterminar de raíz cualquier posible brote de este cáncer de la corrupción, a lo que se ve tan extendido. Que tengan los socios de SEO/BirdLife la absoluta
seguridad de que en la Junta Directiva, con el tesorero al frente, fiscalizaremos con sumo cuidado las cuestiones pecuniarias de nuestra asociación, sujetas por otra parte a la auditoría externa anual que marca la ley y también, de forma voluntaria, a los dictámenes de la Fundación Lealtad (www.fundacionlealtad.
org), que garantizan que cumplimos con, entre otros, los principios de: 1) transparencia en la financiación; 2) control en la utilización de fondos, y 3) presentación de las cuentas anuales y cumplimiento de las obligaciones legales pertinentes.

El dinero que sale de los bolsillos de los socios se utiliza en SEO/BirdLife de forma correcta, pueden estar tranquilos. Aquí, como en el maratón ornitológico, tontos de remate, hasta el final.

Al traste con el cambio climático

Asunción Ruiz. Directora Ejecutiva

Asunción Ruiz. Directora Ejecutiva

¿A quién le importa ya el cambio climático? ¿Cómo vamos a reducir nuestras emisiones de CO2 a la atmósfera y el número de desempleados al mismo tiempo? Y así, con la excusa de la grave tempestad económica ¡tiene tela marinera!, el nuevo equipo de Gobierno lleva “al garete” al cambio climático: la mayor amenaza social, ambiental y económica a la que se enfrenta la humanidad en el planeta en un futuro cada vez más cercano.
Sus consecuencias juegan un papel demoledor en el mantenimiento de la biodiversidad, de la cubierta forestal, de la productividad de los cultivos, de las pesquerías más importantes, de la disponibilidad de agua, del turismo estival… ¿No son todos estos temas cruciales para el futuro de la sociedad española?

Los expertos afirman que nuestro país será -si no lo es ya- uno de los más castigados de la Unión Europea. Sequía, olas de calor e incendios forestales están cada vez más presentes en los informativos. Hace tan solo dos días Cataluña vivió su peor episodio de incendios forestales de invierno desde 1984. En los dos primeros meses de 2012, los fuegos han arrasado ya en España 13.541 ha (4.473 más que en 2011). Por su parte, la sequía está aquí.

En estos días, Arias Cañete ha pedido a la Comisión Europea fondos específicos en los próximos presupuestos europeos 2014-2020, para paliar los daños que la falta de agua provoca en el sector agrícola y ganadero, y en el medio ambiente en general. Palabras textuales: “Hay que dar respuesta comunitaria a estos fenómenos de sequía que se están acentuando con el cambio climático”.

Ministro, es más que lícito “capear el temporal” y pedir dinero a Bruselas por las consecuencias del cambio climático, pero estas ayudas se “tirarán por la borda” si no se acompañan de medidas responsables de adaptación climática, como fomentar el ahorro y la gestión exquisita del recurso hídrico o defender una política agraria más verde que minimice los efectos del cambio climático. Por cierto, ante el riesgo que corre nuestro litoral como consecuencia de la subida del nivel del mar, ¿es urgente modificar la Ley de Costas?

No es fácil la travesía, ni se puede poner rumbo en solitario. Necesita el apoyo del ministro de Industria, Turismo y Energía. Enfrentarse al cambio climático y a la crisis económica exige un nuevo modelo energético, que reduzca nuestras emisiones de CO2 a la atmósfera y aproxime nuestras formas de producción y consumo a los límites del planeta. “Que cada palo aguante su vela”, pero poner freno a las energías limpias no es defender el empleo, ni al consumidor, ni al ciudadano. Es una medida para contentar al “mercado” de las energías y proteger a las compañías eléctricas. No atiende al interés general. Es más, el precio de la luz sube, las emisiones de CO2 a la atmósfera no se reducen y se sigue destruyendo empleo.

“Lleguen a buen puerto”, gobiernen con sensibilidad climática y responsabilidad en favor de “todos” y de todos los sectores económicos clave de la economía española: el turismo, la agricultura o la pesca. Es inaplazable aumentar
nuestra ambición de ahorro y eficiencia energética. Este mero compromiso en el modelo de producción, edificación, transporte y servicios será un motor de nuevos empleos verdes.

Es de “guasa marinera”… ¿por qué no se penaliza el precio de CO2? Sería un incentivo a la inversión de las compañías en tecnologías limpias y, aún mejor, la disminución de emisiones globales conseguida reduciría la factura que la sociedad española paga por la nefasta política energética actual. Por no hablar de… nuestras eternas subvenciones al carbón ¿Cómo podemos comprar más y más derechos de emisión en este país? ¿Son gastos admisibles en nuestros presupuestos públicos?

Visto lo visto, y ante la decisión del señor Soria de mandar “al traste” a las energías renovables, es posible que el cambio climático sea un tema demasiado trascendental para dejarlo en manos de los poderes políticos y de los
Gobiernos. Es legítimo que cada uno defienda lo suyo, pero ¿quién defiende lo que es de todos? ¡Estamos a la deriva! La sociedad civil “pide permiso para subir a bordo” y “dar un golpe de timón”: exigimos un modelo energético sostenible ya. Nos jugamos algo más que la estabilidad presupuestaria.

La POLÍTICA VERDE empieza por cumplir la Ley

Asunción Ruiz, Directora Ejecutiva

Nos enfrentamos a problemas de primer orden como la pérdida de biodiversidad o el cambio climático. Para ello contamos con unanormativa ambiental cada vez más adecuada y, sin embargo, la degradación va en aumento. Algo no funciona. Normas, leyes, reales decretos, planes, estrategias, acuerdos, convenios y tratados internacionales, pero ¿para proteger el medio ambiente o para salvar conciencias? No es necesario contestar.

La Administración pública tiene encomendada la misión de velar por el interés general y las condiciones que favorecen el bienestar de los ciudadanos: ese es el caso, sin duda, de la calidad del medio ambiente. En este sentido, las leyes deberían ser una herramienta útil para proteger el capital natural como bien público de incuestionable interés general, así como el arma perfecta de todas las políticas sectoriales para defender lo común frente a intereses particulares y especulativos. Pero la realidad es otra: la normativa ambiental se ha convertido en un mero obstáculo que pone en dificultades a la Administración pública y a los gobiernos cuando pretenden contentar intereses particulares o atender a acuerdos o negociaciones de sus antecesores.

Es verdad que dificulta y retrasa la tramitación de expedientes ambiental, social y económicamente inaceptables, y provoca un importante gasto energético de defensores y detractores, pero al final, en demasiados casos, se acaban sorteando los impedimentos a través de vericuetos y salidas falsas de la propia ley ambiental u otras normativas de mayor rango. Un verdadero desperdicio. Las administraciones públicas tienen la obligación de dejarse la piel defendiendo ese interés general frente a otros de dudosa sostenibilidad, por muy poderosos que sean sus promotores. Cuestión de responsabilidad y de pedagogía hacia la sociedad: “no vale todo”. Así empieza la política verde.

Dicho así, parecería que la legislación ambiental no sirve. Y no, no es eso… la necesitamos y mucho. Es más, se convierte en el último recurso al que podemos aferrarnos los conservacionistas para defender el interés general cuando los poderes políticos y las administraciones públicas no han hecho los deberes. Lo triste es que ya en los tribunales se ha perdido la principal batalla, la prevención de un atropello ambiental. Me explico.

El camino judicial es siempre largo, difícil y costoso y no siempre se gana. Es evidente que los lobbies a los que nos enfrentamos son mucho más poderosos
¡Dónde va a parar! Y, aunque cada vez hay una mayor sensibilidad ambiental en la Justicia -esto es indiscutible-, es cuestión de ritmos. Los procesos judiciales son lentos (también los de defensa ambiental), mientras que en la construcción de aeropuertos, carreteras, instalaciones energéticas, etc. van que se las pelan. Y, al final, no hay nada más frustrante que ganar un recurso con una sentencia ejemplar sobre una actuación que ya se ha ejecutado y cuyos daños ambientales son ya irreversibles e irrecuperables.

En estos casos solo consuela y alienta a seguir el: “al menos teníamos razón…”. Pero no es suficiente, la normativa tendría que defender “a tiempo” los derechos ambientales y, aunque estamos orgullosos de las numerosas sentencias favorables, no podemos conformarnos con aquellas que llegan cuando ya está construida la presa, la carretera o el aeropuerto. En estos casos es urgente que se apliquen con mas frecuencia medidas cautelares que impidan que el mal se haga antes de dictar sentencia.

A veces es desolador estar cargado de razón. Al cierre de la revista el embalse de Biscarrués ha recibido una Declaración de Impacto Ambiental positiva, con muchísimos condicionantes sí, pero positiva. Sobre esta infraestructura ya está todo dicho. Sobran argumentos para estar en contra de su construcción que -además de ser inadmisible desde el punto vista social, ambiental y económico- contraviene nada más y nada menos que la Directiva Marco de Agua, la Directiva de Aves Silvestres, la Directiva de Hábitats y la de Impacto Ambiental.
Con esta noticia de última hora, SEO/BirdLife no está para celebraciones ni brindis y recuerda a quien corresponde que no valen discursos: la
política verde empieza por el cumplimiento de la normativa ambiental.

Capeando el temporal

Eduardo de Juana. Presidente de SEO/birdLife

Eduardo de Juana. Presidente de SEO/birdLife

Quizás algún lector se acuerde de una de estas columnas mías donde arremetía, pluma en ristre, contra no sé qué instituto de estudios económicos que, en 2007, decía que los españoles éramos mucho más ricos que diez años antes gracias al fenómeno de la construcción. Pues apenas cuatro años después, me pregunto si se atreverían ahora dichos señores a explicarnos por qué estamos como estamos.

La burbuja inmobiliaria se pinchó, como se veía venir, y todos hemos caído en que, por el despilfarro, la avaricia, la corrupción y la incompetencia de unos pocos, tenemos cinco millones de parados, más de tres millones de viviendas vacías, cajas de ahorros sin fondos, autopistas sin coches, aeropuertos sin aviones… y nulas perspectivas de ser esa octava potencia económica del mundo, por delante de Italia, con que algunos soñaban. También contamos ahora con un porcentaje mayor del territorio tapado para siempre por el cemento y el asfalto, con menos pájaros y con peores paisajes, además de con la incertidumbre generalizada sobre cómo salir adelante en tan fea coyuntura. Que cómo nos las apañamos en SEO/BirdLife, me preguntan a menudo. Pues lo cierto es que relativamente bien. Tal como se suele decir, capeando el temporal. Quizás merezca la pena que me extienda un poco, porque muchos socios pueden sentir legítima preocupación.

Cabe decir, en primer lugar, que nuestros balances económicos en los últimos años han terminado en positivo y con un buen grado de ejecución del presupuesto, lo que significa que en poco nos equivocamos a la hora de calcular
gastos e ingresos. En 2010, el último año con cuentas auditadas y aprobadas, ingresamos 6.340.237 euros y gastamos 5.876.061. No está mal. Sin embargo, el hecho de que un porcentaje muy elevado de los ingresos provenga de las administraciones públicas constituye una suerte de talón de Aquiles que hay que tener siempre presente, como recuerda una y otra vez en las reuniones de Junta Directiva nuestro vigilante tesorero, Jorge Buckley. La mala situación de las finanzas públicas hace endémico el retraso en los cobros, lo que cada vez con más frecuencia nos lleva a episodios de falta de liquidez y a tener que recurrir a préstamos bancarios y a incurrir en gastos financieros.

También ha repercutido en que últimamente hayamos sido más lentos de lo debido a la hora de pagar a nuestros proveedores y colaboradores, por lo que tenemos que pedir disculpas. Y nos duele especialmente retrasarnos a la hora de abonar los trabajos de campo a gente que sabemos que no anda sobrada de recursos.

Trabajar con las Administraciones nos hace también ver nubes negras en el horizonte. Las cuentas del país van mal. El cambio de Gobierno que en estos precisos momentos está teniendo lugar, rodeado de fuertes presiones internacionales que exigen sin contemplaciones un rápido ajuste presupuestario, hace más que previsible que los drásticos recortes vistos ya en diversas comunidades autónomas se generalicen.

Comprobamos, además, que ningún sector puede considerarse a salvo, ni siquiera la educación o la sanidad, por mucho que las declaraciones vayan en otro sentido. De manera que no otra cosa que fuertes recortes se pueden esperar en lo relativo al medio ambiente, aunque sus partidas en las cuentas públicas sean el chocolate del loro. ¿Qué hacer ante tales perspectivas? Pues en primer luga  seguir confiando en el excelente trabajo del personal de SEO/BirdLife, fiel a la senda que dejó María José Pérez (nuestra anterior jefa de Administración). Me consta que este año han sido especialmente cautos en la elaboración de los presupuestos, que multiplican los esfuerzos de búsqueda de financiación y que cada vez son más eficaces en la gestión y control de los proyectos. Igualmente, que intentan diversificar todo lo posible las fuentes de ingresos, cada vez con mayor peso de las empresas colaboradoras.

Tener más socios sería excelente por muchas razones y, aunque las económicas no sean las principales, también cuentan. Ahora las cuotas suponen poco más del 6% de los ingresos, pero qué diferentes serían las cosas si nos acercáramos aun de lejos a ese millón largo de socios de la RSPB en el Reino Unido. ¿Puedo pedir a todos un poco más de esfuerzo en este sentido? Somos ya más de
12.000, pero a estas alturas tendríamos que sumar muchos más.

La crisis está teniendo empero algunas consecuencias positivas. El ladrillo nos está dando un respiro y hace tiempo que no nos desvelan nuevos horrores, como aquellos del hotel de El Algarrobico, las torres de El Pocero, la estación invernal de San Glorio o esa ciudad llena de casinos que se pretendía levantar en las estepas de Aragón. También me parece muy positiva la sacudida que la crisis ha supuesto a las conciencias de muchos ciudadanos, la mayoría jóvenes, que ya no solo se indignan sino que están decididos a actuar para remediar las carencias de esta sociedad, formalmente democrática, pero supeditada a los intereses de la especulación.

¡Cada vez está más claro que no se puede dejar todo en manos de los políticos! ¿Puedo pedir a todos un poco más de esfuerzo?
Somos ya más de 12.000, pero tendríamos que sumar
muchos más.

Sobre éste Blog
El blog de SEO/BirdLife tiene como objetivo tratar los proyectos y trabajo diario de la organización de una manera más cercana, así como expresar opiniones y resaltar temas de actualidad de trabajadores y colaboradores habituales, todo ello fomentando los comentarios y debate general.