Ornitología y solidaridad en Etiopía

En Etiopía las aves no huyen, pues nunca han sido tiroteadas. La luz es buena y es fácil retratarlas a corta distancia, sin escondites, cebos ni reclamos: sólo con caminar y admirar. Es normal que en un paseo de dos horas retrates bien setenta especies y que en unos cuantos días llegues a las doscientas.


Mi profesión de inspector de policía científica me empujó a reaccionar contra lo sórdido, malvado y obsceno, a volver la mirada hacia la bondad y la belleza de la naturaleza, especialmente hacia las aves y su diversidad. Además, la adopción de mis hijos me hizo conocer Etiopía, donde me fascinó la alegría de la vida sencilla.

 

Los nectarínidos son muy frecuentes y diversos. ©Javier González.

Los nectarínidos son muy frecuentes y diversos. ©Javier González

 

Pensé entonces que contribuir al cuidado de su impresionante patrimonio natural y cultural sería la mejor manera de colaborar con su auténtico desarrollo.

Desde entonces viajo dos veces al año, o con mi mujer y los niños, o con otros dos o tres admiradores de la vida silvestre y de las costumbres y tradiciones populares.

En Etiopía predomina el clima tropical frío. En las zonas más altas, más pobladas, la temperatura diurna llega a los 20 ó 30 grados, según la época del año. Pero por la noche baja a 8 ó 12 grados. Esto impide el nacimiento de mosquitos y que se transmita la malaria, incluso a orillas de un lago. En zonas habitables algo más bajas tampoco hay mosquitos en la temporada seca.

 

Javier González con niños de la etnia Oromo en el valle de Angar-Guten. ©José García

Javier González con niños de la etnia Oromo en el valle de Angar-Guten. ©José García

 

La gente es muy cordial: entre ellos y con el forastero. Predominan los cristianos pero, según las regiones, hay también muchos musulmanes. En cualquier caso, su convivencia es muy buena y no existen problemas de seguridad. Etiopía es un país aún pobre, sí, pero más tranquilo y seguro (y desde luego alegre) que la mayoría de los de Europa.

El propósito de cada viaje es apoyar un proyecto concreto de desarrollo en una ONG o en una misión, preferentemente rural, que nos entienda y que nos acoja.

Sin información previa de las especies locales, salimos a pasear por el inmediato alrededor, con los prismáticos o con una ligera y barata cámara tipo bridge.

 

Especie endémica de las tierras altas de Eritrea y Etiopía. ©José San Román

Especie endémica de las tierras altas de Eritrea y Etiopía. © J.M. San Román

 

 

En Etiopía las aves no huyen, pues nunca han sido tiroteadas. La luz es buena y es fácil retratarlas a corta distancia, sin escondites, cebos ni reclamos: sólo con caminar y admirar.

Es normal que en un paseo de dos horas retrates bien setenta especies y que en unos cuantos días llegues a las doscientas.

 

Cada una es una sorpresa, una alegría para nosotros y un motivo de orgullo para nuestros anfitriones, pues, cuando después se las mostramos, les concienciamos de que son importantes, de que ellos son también importantes porque son los que las tienen.

Esto es especialmente relevante cuando es una escuela la que nos acoge, pues lo que los maestros hoy valoren será lo que valoren después los miles de alumnos que tienen y tendrán.

 

¿Sabes que en Etiopía hay casi novecientas especies de aves con presencia regular?

 

Es el país más elevado de África, donde el Nilo captura el 80% de sus aguas. Está cruzado por el valle del Rift, con su rosario de lagos, y rodeado de las llamadas tierras bajas, generalmente inhóspitas o tórridas, que aíslan el agradable interior. Por eso es un espacio tan amplio como diferenciado, repleto de singularismos animales y vegetales.

 

Las ardeidas son muy abundantes y variadas en todos los humedales de Etiopía. ©Javier González

Las ardeidas son muy abundantes y variadas en todos los humedales de Etiopía. ©Javier González

 

Así, en unidad geofísica con su antigua provincia de Eritrea, Etiopía cuenta con medio centenar de aves endémicas y de otro centenar sólo compartidas con alguna de sus vecinas Kenia, Somalia o Sudán. Las demás suelen estar representadas por subespecies también propias; u orientales, si son migrantes.

 

Es, en fin, un paraíso del pajarero, un lugar para bálsamo del espíritu y una oportunidad de acción eficaz para la conservación de la naturaleza y para el verdadero desarrollo humano.

 

En viajes anteriores, por ejemplo, hemos rescatado a niños de la calle, realizado pozos familiares, creado huertos comunitarios y dado alimentación, higiene y escolarización a un buen puñado de chavales que no las tenían.

Y hemos traído la amabilidad y la felicidad que su población nos da.

Más Información:

http://www.addiswalmara.com/etiopia-cooperacion-y-ornitologia/  y en http://www.addiswalmara.com/etiopia-cooperacion-y-ornitologia-ii/

Y si te gustaría acompañarnos alguna vez, me puedes escribir a [email protected]

 

 

Javier González con niños de la etnia Oromo en el valle de Angar-Guten. ©José García

Javier González, el autor del texto, siente admiración por la naturaleza y la vida silvestre. Entre sus aficiones están la ascensión de montañas, el vuelo en parapente, la exploración geográfica y la etnografía.

 

 

 

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