Nuestras crónicas de viajes: Marruecos vuela alto

Gangas moteadas en el desierto de Merzouga © Luis Mario Arce

 

El país magrebí es un destino de primer orden para el turismo ornitológico por su riqueza de aves, que incluye una de las especies más raras del mundo, el ibis eremita.[more…]

Marruecos, un popular destino turístico caracterizado por el contraste cultural y paisajístico que ofrece al viajero occidental en sus pintorescos zocos, sus antiguas medinas, sus ksar (ciudades fortificadas) y sus parajes desérticos de arrebatadora belleza, también atrae a un tipo de visitantes con un interés muy concreto: la observación de aves. El país magrebí es el último refugio del ibis eremita, una de las aves más amenazadas del mundo, y cuenta con una rica avifauna compuesta por 452 especies, que incluye ocho de los nueve endemismos magrebíes y 84 subespecies o razas endémicas de Marruecos (19) o del Magreb (65) –algunas de las cuales podrían obtener rango de especie, como las de cormorán grande, pico picapinos, lavandera blanca y pinzón vulgar–, así como diversas aves africanas de distribución restringida o ausentes del resto del Paleártico (la región biogeográfica que engloba Europa, Asia al norte del Himalaya, parte de la península Arábiga y África al norte del Sahara), como el francolín biespolado, el azor lagartijero, el águila rapaz y el chagra del Senegal.

 

Marruecos ha inaugurado la nueva etapa del programa de viajes internacionales de la Sociedad Española de Ornitología (SEO/BirdLife), que desde 1996 desarrolla en el país una importante labor de conservación de espacios naturales y de especies amenazadas: torillo andaluz, águila pescadora, quebrantahuesos e ibis eremita. A lo largo de 10 días de la primera quincena de abril, un grupo de 20 personas dirigido por tres guías efectuó un amplio recorrido por el país, que combinó espacios litorales, humedales costeros e interiores, bosques de cedro, encina, sabinas y argán, estepas, desierto y alta montaña, y en el cual se observaron 170 especies de aves, una cifra notable y que incluyó todos los  endemismos magrebíes (excepto el papamoscas del Atlas, que llega a final de mes), el ibis eremita, 14 de las 16 especies posibles de alondras –entre ellas la cogujada magrebí, de reciente clasificación–, siete de las ocho collalbas, los aviones paludícola e isabelino, los esquivos chotacabras egipcio y chagra del Senegal, y una nueva subespecie de carricero común que está siendo estudiada y que todavía no tiene nombre científico.

El mes de abril es el más apropiado para visitar Marruecos en busca de aves, tanto por razones climáticas (pueden producirse precipitaciones, pero la época de lluvias finaliza en marzo, y aún no hace mucho calor) como, sobre todo, por motivos fenológicos: las especies reproductoras migratorias ya han regresado (solo el halcón de Eleonora se demora hasta primeros de mayo), el paso hacia Europa se encuentra muy activo y persisten algunos invernantes, de manera que es la época del año con mayor diversidad de aves.

Cernícalos primillas en el palacio de Borj Sud, Fez © Luis Mario Arce

 

Fez, tercera ciudad del país, fue el punto de partida de la ruta. La visita a la medina, la mayor del mundo, declarada Patrimonio de la Humanidad –impactante el barrio de los curtidores, donde se siguen trabajando las pieles con los mismos métodos que en el siglo XIV–, se combinó con la de una colonia de cernícalo primilla emplazada en un privilegiado mirador y muy ajetreada por el inicio de la estación reproductora (otras especies comienzan a criar ya en invierno y a estas alturas del año tenían pollos volantones). Sobre el casco urbano, cientos de vencejos reales, mezclados con los menos numerosos vencejos pálidos y comunes. Cumplida la inmersión cultural, los primeros objetivos ornitológicos se alcanzaron en los bosques de cedros del Atlas Medio, al sur de Fez: el colirrojo diademado y el pito bereber, dos endemismos magrebíes. Esta condición también la ostenta otro habitante de los cedrales, el macaco de Berbería (o mona de Gibraltar, en referencia a la población del Peñón, introducida hace al menos tres  siglos): una gran atracción para la población local, que ha acostumbrado a los monos a recibir alimento (en buena parte comida basura que, además, deja el bosque sembrado de plásticos).

Colirrojo diademado en los cedrales de Azrou © Luis Mario Arce

Macaco de Berbería en los cedrales de Azrou © Luis Mario Arce

 

La planicie de Midelt, situada a 1.500 metros de altitud entre las cadenas del Atlas Medio y el Alto Atlas, nos ofreció una buena introducción a las aves de los semidesiertos, con la collalba culirroja, la terrera común y la cogujada común como especies más numerosas. Es un hábitat adecuado para la avutarda hubara, pero está tan acosada por la caza que se ha vuelto muy cara de ver. La presión cinegética es, precisamente, uno de los mayores problemas de las aves marroquíes. También existe una importante destrucción y degradación de hábitat (por ejemplo, la desecación del lago Iriki para construir el embalse de Mansour Eddahbi, cerca de Ouarzazate, hizo desaparecer las únicas poblaciones reproductoras de flamenco común y de ánade rabudo) y

El veneno representa un azote para las aves de presa y, en particular, para los buitres (un tercio de las 21 especies amenazadas en Marruecos son rapaces)

Collalba yebélica © Luis Mario Arce

Collalba de Seebohm © Luis Mario Arce

 

Los espectaculares paisajes del valle del Ziz, con angostas gargantas sobrevoladas por aviones roqueros e isabelinos, que en algunos lugares dan lugar a oasis (la presencia de agua permite el desarrollo de palmerales y el aprovechamiento agrícola), conducen los pasos de la expedición a Merzouga, puerta al desierto del Sahara, a 50 kilómetros de la frontera con Argelia. Grandes dunas, cielos nocturnos estrellados y un buen puñado de aves con el denominador común de su hábitat, que muchas incorporan a su nombre: búho
del desierto, terrera sahariana, curruca sahariana, cuervo desertícola, gorrión y escribano sahariano… También las primeras currucas del Atlas –especie endémica de la región–, gangas moteadas, alondras ibis, chotacabras egipcio… Todas ellas adaptadas a un medio extremo y muy selectivo:

Solo el 35% de las aves marroquíes habita en las regiones saharianas; su contrapunto son los territorios costeros del norte, donde la diversidad alcanza el 85 %

El lago Merzouga (dayet Srij), un humedal salino que parece un espejismo en mitad del yermo, permite la presencia de numerosas aves acuáticas, entre ellas flamenco común, tarro canelo, cerceta pardilla y focha moruna.

Cuervo desertícola © Luis Mario Arce

 

En ruta al Oeste, hacia la costa, la expedición pasa por dos espectaculares gargantas: Todra, donde observamos águila-azor perdicera y curruca del Atlas, como especies más destacadas, y Dades, donde los roqueros solitarios se muestran inusualmente confiados y rivalizan con las mujeres que recogen plantas
medicinales en vertiginosos escarpes. Un arrui o carnero de Berbería se asoma fugazmente a la cima del desfiladero para caldearse con el primer sol de la mañana.

Roquero solitario en las gargantas del Dades © Luis Mario Arce

 

La meseta de Tagdilt Track, a unos 1.600 metros de altitud, al sur del Alto Atlas, compensa el calor con una completa representación de las aves propias de los ambientes desérticos y semidesérticos. La alondra sahariana se deja ver a placer y localizamos dos parejas de corredor sahariano y una calandria picogruesa. La larga jornada hasta Agadir, en la costa atlántica, está jalonada por la visita al ksar Ait Ben Haddou, declarado Patrimonio de la Humanidad y escenario de numerosas películas (Lawrence de Arabia, Kundun, La momia y Gladiator, entre otras). A su belleza arquitectónica suma un importante aliciente ornitológico: una colonia de camachuelo trompetero. La ruta continúa por una cambiante sucesión de paisajes: semidesiertos, estepas de altura, dehesas de argán –donde vemos dos perdices morunas– y, ya cerca de Agadir, extensos huertos de árboles frutales, en los que abundan las tórtolas europeas. Llegamos, por fin, al Parque Nacional de Souss Massa, donde se encuentran las principales colonias de ibis eremita, cuya población suma menos de un centenar de parejas y un total superior a los 500 ejemplares en los años más prósperos. Vemos primero un bando en vuelo, lejano, que frustra nuestras expectativas; pero en pocos minutos otras tres aves se posan a escasos metros. Este momento eclipsó el éxito de la mañana con el chagra del Senegal, en la desembocadura del río Massa, y la observación de varios aviones paludícolas con la que culminó la jornada. Veríamos más íbises al día siguiente, en Tamri, en ruta a Cape Rhir, punto estratégico para la observación de aves marinas, donde se apreciaba un paso fluido de alcatraces y pescaba una manada de delfines comunes.

Alondra sahariana en el Tagdilt Track © Luis Mario Arce

Ibis eremita en el Parque Nacional Souss Massa © Luis Mario Arce

Águila pescadora en el estuario del Tamri © Luis Mario Arce

 

El último hito del viaje fue la visita a la estación de esquí de Oukaimeden, en el Alto Atlas, 72 kilómetros al sur de Marrakech, donde los camachuelos alirrojos –una especie alpina exclusiva de Marruecos y Argelia–, habituados a comer los restos de los frutos secos de los puestos ambulantes, se comportan con la misma familiaridad que los gorriones.

Macho de camachuelo alirrojo © Luis Mario Arce

Camachuelos alirrojos © Luis Mario Arce

 

A los asistentes y guías, ¡muchas gracias y hasta la próxima!

 

[Artículo publicado originalmente en Siglo XXI, La Nueva España, domingo 28 de abril de 2013, pincha aquí para ver el artículo original]

 

Luis Mario Arce trabaja en el periódico La Nueva España y colabora como guía en los viajes que organiza el equipo de Educación Ambiental y Voluntariado de SEO/BirdLife

Contacto: excursiones@seo.org

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2 comentarios

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