EN FAMILIA con Cristina y Carmen, las hijas del profesor Francisco Bernis

En el centenario del nacimiento de Francisco Bernis, fundador de la Sociedad Española de Ornitología, nos adentramos en su figura a través de la visión de sus hijas Cristina y Carmen, quienes amablemente nos reciben una mañana del pasado mes de noviembre. Durante una grata conversación, ambas destilan recuerdos imborrables, anécdotas curiosas y algunos aspectos poco conocidos del padre de la ornitología en España. También hablan del importante papel que jugó en la vida del profesor su esposa, Cristina Carro, y algunos retazos biográficos de ellas mismas.

 

Carmen (izquierdaI y Cristina Bernis durante la entrevisa ©A. Carretero-SEOBirdLife

Carmen (izquierda) y Cristina Bernis durante la entrevisa ©A. Carretero-SEO/BirdLife

 

Lo recuerdo siempre trabajando, muy entusiasmado, aunque también salía mucho al campo. Tenía bastante capacidad de relación si le interesaba por asuntos profesionales, pero su prioridad era el trabajo que hacía y al que dedicaba muchas horas al día”. Así describe Carmen Bernis, la menor de los tres hijos, la faceta profesional de Francisco Bernis. “Como padre era muy estricto, una mezcla de persona científica, sabia, que explicaba, y a la vez muy ingenuo, buena persona. Y con mucho genio”, añade Cristina, la hija mayor, adentrándose algo en su perfil más humano.

 

Sobre este aspecto de científico entregado en cuerpo y alma a su pasión, las aves, Cristina desgrana un recuerdo familiar: “una Nochebuena hubo que aplazar la cena porque estaba terminando algo que tenía que enviar. Era una persona muy organizada, pero si estaba en el campo y quería ver el pechiazul –como recuerdo una vez en Peñalara–, entonces no había tiempo, ya daba igual. Podías salir de casa con la idea de volver a mediodía a comer y regresar a las 12 de la noche”. “Además todo lo explicaba muy bien –añade Cristina–, hay muchas cosas de zoología o de botánica de las que me acuerdo por lo que me contaba mi padre de pequeña y no de lo que luego estudié.”

Recuerdo ir con él en el coche describiendo el paisaje. Le gustaban mucho las encinas y recitar la poesía de Machado

 

Científico campechano

Ambas destacan el amor que su padre sentía por la naturaleza en general, por el campo, las plantas (hizo su tesis sobre botánica) o los animales. “Adoraba el paisaje. Recuerdo ir con él en el coche describiéndolo. Le gustaban mucho las encinas y recitar la poesía de Machado Las encinas, decía ‘¡qué bonita!’”, cuenta Carmen. “Tenemos muchas anécdotas: algunos domingos tenía que volver del campo a la hora comer y no llegaba…, y mi madre se desesperaba; otras veces le acompañábamosa trabajar al Museo de Ciencias Naturales hasta que lo cerraban, con nosotras dentro, sin la llave”. Ambas ríen, evocando este aspecto de científico despistado, mientras Cristina se lanza con un suceso que jamás podría olvidar: ”Yo tendría 10 u 11 años, subimos a peña Buitrera, por La Granja, y por el camino –aunque era invierno hacia calorcillo–, salió una víbora, y mi padre la cogió. Habíamos quedado en volver a comer con mi madre, pero decidió subir hasta no sé dónde y como yo iba protestando y más despacio me dijo, ‘tú quédate aquí, que ahora bajamos tu hermano y yo y te recogemos’. Me dejó allí sentada al sol con la víbora (mi hermano la había atado en un palo), y no venían y no venían… y al llegar a casa pregunta mi madre, ‘¿y la niña?’, ‘¡Ay, la niña!’, exclamó él. Y tuvieron que subir a buscarme”.

Francisco Bernis con sus tres hijos en 1956

Francisco Bernis con sus tres hijos en 1956 ©Archivo Familia Bernis

 

Profesor innovador

Cristina evoca cómo compartían con su padre muchas correrías campestres, pero iban “siempre con una idea concreta: ver una especie o coger animales para prácticas, porque cuando estaba de profesor en el instituto en Lugo (yo era muy pequeña porque nos vinimos a Madrid cuando tenía 6 años) cogía ranas y lagartos para hacer disecciones con los estudiantes. Y me acuerdo que le ponía una horquilla de palo en la cabeza al lagarto, lo cogía vivo y me lo daba, ¡con seis años!, o la rana o lo que fuera, y me decía, ‘sujétalo,’ y yo…”, pone cara de circunstancia y ríe recordando el apuro del momento.

Causó mucha sensación en Lugo porque sacaba a los alumnos al campo, toda una novedad para la época

“Mi padre causó mucha sensación en Lugo porque llegó nuevo como catedrático y sacaba al campo a los alumnos, toda una novedad para la época. Eso les entusiasmaba, pero lo que les sorprendió más fue que se cortó el abrigo, porque tenía la teoría de que con los abrigos largos no se puede andar en el campo. Su madre le había regalado un abrigo largo buenísimo (eran los años 40), y se lo cortó por aquí (señala la altura de la rodilla), como los chaquetones, y eso causó conmoción”, comenta Carmen entre risas.

“Mientras fuimos pequeñas, los fines de semana siempre íbamos con él al campo o al museo, donde por entonces estaba la Facultad de Biológicas. Mientras mi padre trabajaba, mi hermano y yo nos lo recorríamos, íbamos viendo los armarios donde estaban las colecciones, bajábamos donde el diplodocus…”, recuerda gratamente Cristina. “Y daba pánico”, añade Carmen. “Mi padre decía en casa: ‘me llevo a los niños al museo, luego venimos’, entonces se liaba a hacer algo y se nos hacía de noche. Él estaba en un despacho muy recóndito y había que salir de ahí con las sombras, y daba miedo. Era divertido estar en el museo pero impresionaba…”.

 

Familia ligadaa las aves

De estas andanzas precoces con el padre de la ornitología española ha pasado más de medio siglo, pero sus hijas, socias de SEO/BirdLife, siguen vinculadas a las aves. Ambas conservan su afición campera y participan en los programas de seguimiento Sacre y Sacin, concretamente en Segovia, donde cada una tiene su cuadrícula, que prospectan juntas en primavera y en invierno, una de pinar y la otra en zona cerealista.

De alguna manera, aunque ninguno de los tres hijos se haya decantado por la ornitología a escala profesional, como afición sigue viva en la familia. “Mis hijos son socios de SEO/BirdLife y la hija de mi hermano, María Bernis, es muy buena ornitóloga”, comenta Carmen. “A mis nietas ya les han traído los Reyes unos prismáticos -añade Cristina- y sí, María tuitea a veces con SEO, manda fotos y sale mucho al campo. De los jóvenes es la más ornitóloga”.

Sobre su ave favorita, Cristina se decanta por el colirrojo tizón. “Yo tengo las aves asociadas a los sitios, estuve haciendo la tesis en los pueblos de León, y en la casita donde vivía, que era de mis abuelos, criaba una pareja”.

Carmen, por motivos similares, vota por el carbonero garrapinos: “anidan en una cajita
que he puesto, con lo cual estoy encantada y
los veo mucho”.

 

Bernis y las cigüeñas

Y Francisco Bernis, ¿tenía predilección por alguna especie? La Filmoteca Nacional conserva como reliquias del cine documental de naturaleza varias filmaciones de cigüeñas blanca y negra del año 1967.

De aquellos episodios Cristina tiene recuerdos imborrables: “Cuando iba con mi padre a Villamesías, en Cáceres, se pasaba horas filmando en la torre de la iglesia, mientras yo pintaba”. “Recuerdo que había muchos nidos –añade Carmen–, las tenía a todas identificadas, y decía: ‘¡la del nido ocho se ha ido al nido tres, apunta!’, ‘¡cópula en el nido 5…!’”.

Esta debilidad por la cigüeña blanca se hizo patente en Francisco Bernis desde su juventud, con la creación del primer censo nacional de esta especie en España. Una hazaña para la época, realizada con datos propios y, sobre todo, solicitando información por carta a todos los municipios del país. Era el año 1948 y serían los albores de lo que hoy llamamos “ciencia ciudadana”, que Bernis, llanamente, denominaba “ornitología de alpargata”: recorrer el campo a pie con unos prismáticos y una libreta para anotar.

Acompañaba a mi padre a Villamesías, en Cáceres, y se pasaba horas filmando en la torre de la iglesia, mientras yo pintaba

“Una vez dijo: ‘si hubiera nacido en África a lo mejor me hubieran gustado los mamíferos, pero naciendo aquí… Las aves son fascinantes, un mundo sin explorar y muy diverso’. Le apasionaban los pájaros, aunque le gustaban todos los seres vivos”, matiza Carmen.

 

Bernis anillando cigüeñas. Fotograma de la película "Bernis a vista de pájaro" realizado por José Antonio Bellón en 2004.

Francisco Bernis anillando cigüeñas. Fotograma de la película Bernis a vista de pájaro realizado por José Antonio Bellón en 2004.

 

 

La carta a franco

En 1953 Francisco Bernis cometió el “atrevimiento” de dirigir una carta a Franco. En ella destacaba los tesoros naturales del Coto de Doñana y la necesidad de protegerlo y salvaguardarlo de las repoblaciones de eucaliptos que lo atenazaban. Tras la misiva, las repoblaciones se detuvieron. De no haber sido por Bernis, Doñana hubiera sufrido daños irreversibles y no se la conocería como tal. “En el caso de Doñana sabemos que estaba muy implicado, que le gustaba mucho, que viajaba allí, y de la famosa carta solo sabíamos que existía pero nunca la llegamos a leer y conocer hasta mucho después”, relata Carmen. Ambas hermanas destacan el carácter “absolutamente discreto” de su padre: “Le horrorizaba lo que él llamaba el autobombo, era muy modesto y no le gustaba hablar de sí mismo. Ante todo era un gran trabajador”.

Otra faceta desconocida por muchos es que fue Bernis quien creó el primer listado con los nombres oficiales de las aves en España, tal y como ahora las nombramos. Se trata del Prontuario de la avifauna española, publicado en Ardeola en 1954 y popularizado a través de la Guía de campo de las aves de España, de Peterson, traducida del inglés al castellano por su buen amigo Mauricio González Gordon. “Siempre me dijo Mauricio que si mi padre no hubiera hecho esa labor la famosa guía Peterson no se habría podido traducir al español porque hasta entonces las aves no tenían un nombre oficial”, explica Cristina.

 

Una esposa incondicional

Que detrás de un gran hombre hay una gran mujer queda sobradamente probado con Cristina Carro, la esposa de Bernis. Quienes la conocieron la describen como una mujer culta, sensible e inteligente. “Fue muy importante su apoyo incondicional y su ayuda, además de la admiración que sentía por mi padre. Por ejemplo, cuando se va unos meses a Inglaterra con una beca, mi madre le acompaña. No es una cosa muy normal que una mujer de la época decida irse con él y dar clases de español. Además, a ella le apasionaba todo lo que mi padre hacía y en eso tuvo un apoyo grande y viajó mucho con él”,
 cuenta Carmen.

 

Francisco Bernis y Cristina Carro durante una excursión ornitológica ©Archivo Bernis

Francisco Bernis y Cristina Carro durante una excursión ornitológica ©Archivo Familia Bernis

 

Cristina también vierte palabras de adoración hacia su madre: “Era una mujer inteligente y trabajadora, tenía todas las notas del instituto y la universidad con matrícula de honor. Era lingüista, y empezó una tesis con Dámaso Alonso, en La Maragatería. Estando allí se rompió unas costillas; entonces la bizmaron como dicen allí, le pusieron pez, y la mandaron a Galicia para curarse, donde conoció a mi padre. Se casaron a los nueve meses y se acabó la tesis. Siempre se quedó con la cosa de no haberla terminado”.

“Cuando le dije que quería hacer la tesis en La Maragatería –prosigue Cristina– le produjo una ilusión tremenda. Me llevó allí, me presentó a mucha gente por los pueblos (sus padres eran de la zona) y, cuando presenté la tesis, vino a escucharme tan contenta. Hice un trabajo de población, claro, con mucha estadística, y al terminar de leerla me dice mi madre: ‘está bien hija, pero cuánto número, ¿por qué no escribes sobre las personas? que es lo que a la gente le interesa’; entonces respondí que cuando tuviera tiempo escribiría algo sobre las personas de allí y se lo dedicaría”.

 

Mujer rural y biodiversidad

Cristina cumplió su palabra y, con testimonios recopilados durante 40 años de las mujeres maragatas, escribió un libro en recuerdo de su madre. Cristina es catedrática de Antropología Biológica por la Uiversidad Autónoma de Madid (UAM), docente y autora de numerosos libros
y artículos.

 

Cristina Carro con sus hijos en el campo ©Archivo Familia Bernis

Cristina Carro con sus hijos en el campo ©Archivo Familia Bernis

 

Carmen se decantó por la Medicina, de la que ejerce como doctora y profesora asociada de la UAM. Fue al terminar la carrera cuando se enteró de que Medicina era lo que le hubiera gustado estudiar a su madre, pero que se lo desaconsejaron por no ser “adecuado” para una mujer de
la época.

El trabajo de Cristina se ha centrado mucho en las comunidades rurales, y muy en particular en el papel desempeñado por la mujer. Le emociona hablar de ellas. “Hay un desprecio absoluto sobre lo que ha hecho la mujer rural; se ignora su trabajo, que se relaciona con las cosas de la casa, y es mentira, la gran mayoría de las mujeres han trabajado como fieras, produciendo alimentos, yendo a buscar el agua o cuidando de la familia; eran las responsables de la salud, sabían muchísimo de plantas medicinales, han gestionado la biodiversidad, y no se le ha dado valor. Eso es lo que estoy intentando que se revalorice”.



 

Entrevista a Carmen y Cristina Bernis, realizada por Agustín Carretero del Área de Comunicación de SEO/BirdLife , publicada en la revista Aves y Naturaleza nº 22.

 

 

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