Eider de anteojos: un pato excepcional

No vais a leerlo en los periódicos pero, con este ave, la sección de “¡Conócelas!” del blog del grupo local SEO-Barcelona, cumple su centésimo artículo. Para tan magno aniversario he escogido un pato excepcional, una de las aves que me ha hecho más ilusión ver y retratar. Porque, de las cuatro especies de eideres, esta es la más difícil de hallar, al menos, para un europeo; las otras tres pueden encontrarse en algunos enclaves de Noruega durante el invierno y la primavera.

 

Eider de anteojos ©Salva Soler

Eider de anteojos ©Salvador Solé

 

Aunque el eider de anteojos cría en la tundra más extrema, no lo hace en toda, sino solo en la franja que va desde la península de Taymyr, en el centro de Siberia, hacia el este hasta Alaska, incluidas muchas islas rusas y la de Savoonga, que es estadounidense porque pertenece a Alaska. Pero en invierno, en vez de volar hacia el sur como, por ejemplo, hacen muchos eideres comunes (Somateria mollissima) todos los eideres de anteojos se reúnen en el centro del Mar de Bering, al sur y al oeste de Savoonga. Y pasan la estación más fría y oscura en alta mar.

Hay que ser un pato muy duro y soberbiamente adaptado para soportar semejantes condiciones climáticas. El mar de Bering no se congela pero las temperatura del aire pueden llegar a bajar hasta los –40º C y si a ello sumamos ocasionales vientos huracanados y tormentas con fuerte oleaje, mejor no estar allí para ver cómo diantres se las apañan estos patos.

 

Son aves robustas que miden entre 50 y 58 cm de punta de pico a punta de cola y pesan entre 1.125 y 1.850 gramos. Como veis, presentan un acusado dimorfismo sexual (diferencia de plumaje entre sexos) que es un rasgo típico de muchas anátidas.

 

En verano crían en zonas litorales pero también en orillas de lagos interiores, algunos de los cuales pueden estar a 120 kilómetros de la costa más cercana. Como sucede con no pocas especies de aves, la hembra carga con la tarea de incubar y sacar adelante los pollos. En Barrow (extremo septentrional de Alaska) donde tomé las fotos, los machos pasaban, por término medio, solo mes y pico en tierra; lo justo para encontrar pareja y dejar ya incubando a la hembra, tras pelearse con ánsares y barnaclas por los lugares elevados de nidificación. Peleas que, por lo visto, no suelen ganar. Luego algunos machos vuelven al mar del cual no saldrán hasta dentro de diez meses o así. Supongo que muchos otros se quedan remoloneando en zonas óptimas de la tundra y las aguas litorales hasta que llega el otoño y se van al Mar de Bering, junto con las hembras y los jóvenes del año.

 

Macho de eider de anteojos ©Salvador Solé

Macho de eider de anteojos ©Salvador Solé

 

Las hembras “visten” ese plumaje tan parco porque deben pasar desapercibidas (foto de cabecera) ya que no tienen ninguna ayuda de sus efímeros consortes para defender a la nueva generación; en la tundra no faltan depredadores de huevos como el armiño, los págalos (dos o tres especies, depende del sitio) y los zorros árticos, que también depredarán sobre los pollos junto con el Búho nival (Duc blanc). Poca broma…

 

La dieta estival del eider de anteojos se compone de insectos diversos y sus larvas, arácnidos, semillas y hojas de hierba y juncias, frutas y bayas. En invierno bucean para buscar almejas y caracoles marinos que son la mayor parte de su sustento durante esa temporada.

Resulta tremendamente difícil censar y hacer averiguaciones sobre un pato que vive en lugares tan remotos. Se ha comprobado que las explotaciones árticas de gas y petróleo, por la contaminación que esparcen hasta muy lejos y la circulación de vehículos, perjudican la cría de esta anátida. Y si se produjese un vertido de crudo (el típico petrolero que revienta) en su zona de invernada, donde se concentra casi toda la población mundial, el desastre sería mayúsculo. Pero no he encontrado ningún dato reciente (menos de 20 años) sobre su población ni estudios sobre qué impacto tiene para ellos el cambio climático.

Se especula, no obstante, que podría tener dos efectos favorables; aumento de zonas de nidificación al reducir la superficie de tundra cubierta por la nieve e inviernos menos severos que favorezcan un mayor índice de supervivencia, sobre todo entre los jóvenes. Pero nada de eso se ha podido constatar y tampoco cabe descartar las consecuencias de los percances que puedan sufrir las almejas y caracoles de los que se alimenta durante la mayor parte del año.

Curiosamente, no se ha descrito ninguna vocalización del macho adulto que, por lo visto, es mudo. Y la hembra solo tiene dos reclamos; un aviso de alarma y otra voz más suave para convocar a los patitos. Desde la practicidad de su dura vida, los eideres de anteojos se podrían reír de los diccionarios.
Salvador Solé

Ornitólogo, fotógrafo, viajero y articulista. Socio de SEO/BirdLife, colabora con el Grupo Local SEO-Barcelona desde su fundación en 2010 y desde el mismo imparte cursos y charlas. También es guía de excursiones ornitológicas divulgativas.

 

 

 

 

 

 

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