Descartes pesqueros, a vista de pájaro

Una de las medidas estrella de la nueva Política Pesquera Comunitaria (PPC) es la “prohibición” de los descartes, la llamada obligación de desembarque. La razón de esta medida es fácil de entender: ingentes cantidades de pescado se capturan para ser devueltos al mar (por exceder la cuota de capturas permitida, por no alcanzar la talla mínima legal, o por carecer de valor comercial), representando un fuerte impacto (no cuantificado) sobre los recursos pesqueros y el resto del ecosistema marino. Además, es un despilfarro de alimento. Así, una reducción de descartes debería ser muy bienvenida, siempre y cuando esté basada en una mejor gestión de las cuotas de pesca y en una mayor selectividad.

 

Una reducción de los descartes es deseable si se basa en una mejor gestión de las cuotas y una mejora de la selectividad

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Pero el tema es complejo, y la completa eliminación de los descartes sin más matices podría tener consecuencias perjudiciales para el medio marino, en lugar de los esperados beneficios. Por ejemplo, la creación de nuevos mercados para productos derivados del pescado antes descartado (que no puede comercializarse para consumo humano directo, pero sí como producto derivado –piensos, harinas) irá de perlas a la acuicultura, pero también puede incentivar una mayor presión pesquera sobre recursos antes no valorados. Son muchas las variables en juego, y daría para escribir muchas páginas, pero el objetivo de este escrito es valorar la medida bajo el prisma de las aves marinas.

¿Y qué pasa con las aves?

Las aves marinas han sabido aprovechar los descartes de la pesca de forma eficaz y muy visible. A todos nos es familiar la típica estampa de un pesquero regresando a puerto (o en alta mar) rodeado de aves, atraídas por el pescado devuelto al mar. Esta relación “de conveniencia” podría romperse si las barcas dejan de descartar, y a menudo las consecuencias de este supuesto se han esgrimido en contra de la obligación de desembarque. El asunto, cómo no, es complejo, y merece un análisis algo más detallado. En primer lugar, ¿cuáles son las ventajas de consumir descartes? ¿Hay también desventajas?

 

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La ventaja principal es evidente, comida en abundancia, predecible y de fácil acceso, a menudo formada por especies que de forma natural no son accesibles a las aves. Así, el consumo de descartes ha ido en aumento en las últimas décadas, en paralelo a una creciente oferta. Cada vez son más las especies que aprovechan este recurso, y se cree que ello ha propiciado el crecimiento de numerosas poblaciones, por lo menos en el caso de las especies más oportunistas, como algunas gaviotas.

Pero en efecto, también hay desventajas. Mientras algunas especies oportunistas han hecho el agosto con los descartes, otras mejor adaptadas al mar, como pardelas, paíños y alcas, se han limitado a usar este recurso de forma complementaria, subsanando solo en parte el declive de sus presas naturales (debido a múltiples causas, entre las que se incluye la presión pesquera). Esto ha llevado a una alteración en las comunidades de aves marinas, favoreciendo a las especies más oportunistas en detrimento de las más especialistas.

 

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Además, los descartes suelen estar formados por especies de peces de fondo, generalmente menos energéticas y con mayor acumulación de contaminantes que las presas naturales por excelencia de las aves (principalmente pequeños pelágicos como la sardina y el boquerón), lo que puede repercutir en su salud. Así, podríamos equiparar los descartes a la “comida basura” o “comida rápida”, por buscar un símil con nuestra sociedad. Otro problema, las aves se han acostumbrado a capturar lo que les ofrecen los pescadores, y en ocasiones en lugar de descartes capturan anzuelos cebados (palangre), quedando enganchadas de forma accidental, lo que generalmente les acarrea la muerte. Este tipo de incidencia representa una de las mayores amenazas para muchas especies de aves marinas, al tiempo que es, cuando menos, una molestia para los pescadores.

Implicación de la prohibición

Dada la estrecha relación entre descartes y aves marinas, eliminar este recurso puede tener consecuencias notorias sobre las poblaciones de estas últimas. Algunas especies, las más oportunistas, probablemente se enfrenten a un declive considerable, y tal vez “aceptable”, aunque en el camino pueden causar daños inesperados al buscar fuentes de alimento alternativas (atacando a otras especies de aves, causando molestias en zonas habitadas, etc.). Otras, las más especialistas, tal vez sepan encajar mejor la falta de descartes, pero existen problemas colaterales que merecen nuestra atención:

  • las aves más oportunistas pueden incrementar la presión sobre las más especialistas, compitiendo de forma más agresiva por las presas naturales, o depredando directamente sobre huevos, pollos e incluso adultos de las especies más vulnerables

 

  • la mala situación de numerosos stocks de pesca podría hacer que las presas “naturales” no compensen ya la falta de descartes

 

  • se puede incrementar el riesgo de capturas accidentales en palangres, pues los anzuelos cebados pasarían a ser la única oferta disponible por parte de los pesqueros.

Estos efectos son previsibles a corto plazo, pero si la reducción de descartes fuera realmente acompañada de una buena gestión pesquera, que permita la recuperación de los stocks y del conjunto del ecosistema marino, a la larga es esperable que todo vuelva a su lugar, las aves se olviden de las barcas y vuelvan a pescar por su cuenta. Mientras tanto, lo esencial es hacer un buen seguimiento para entender lo que pasa, y tomar las medidas necesarias para minimizar los efectos negativos derivados de la obligación de desembarque, especialmente en el caso de las capturas accidentales, que representan la principal amenaza para numerosas especies de aves marinas.

 

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Esto no es inabordable, pues existen numerosos ejemplos en los que el trabajo conjunto entre pescadores, científicos, conservacionistas y administraciones han logrado desarrollar e implementar medidas de mitigación sencillas y a la vez muy eficaces, que han reducido las capturas accidentales en más de un 90%. Se trata de estudiar cada caso con toda la atención que merece, y no olvidar a ninguno de los actores imprescindibles, empezando por los pescadores.

 

A la larga las aves marinas se adaptarán al nuevo escenario, pero es esencial que tomemos las medidas oportunas para entender y minimizar los posibles impactos negativos a corto plazo.

 

Como contrapunto, es posible que la tan aclamada prohibición de descartes acabe en algo muy distinto a lo que podría esperarse (es decir, a una eliminación total de los descartes). Esto es especialmente cierto para el caso del Mediterráneo, donde la gestión por cuotas es la excepción, y los descartes se deben principalmente a la baja selectividad de algunas artes, que actualmente capturan y desechan diversas especies de escaso valor comercial o sujetas a control de tallas mínimas.

La obligación de desembarque sólo afectaría a estas últimas, unas 20 especies de las más de 60 que se devuelven regularmente al mar, representando menos del 50% de los descartes (apenas un 25% si se traduce en términos energéticos, que es lo que en definitiva importa a las aves). Además, a ello cabe añadir que la PPC permite descartar una pequeña fracción de las capturas cuando su gestión a bordo es complicada (exención de minimis), y exime de la obligación de desembarque a las especies cuya probabilidad de supervivencia al ser devueltas al mar es elevada. Asimismo, se permite descartar aquellas capturas dañadas por los depredadores.

En definitiva, al hablar de “descarte cero” en realidad distamos de una completa eliminación de los descartes. Lo que sí puede pasar es que, de crearse infraestructuras para gestionar los descartes en puerto (para elaborar productos derivados), a la larga resulte más práctico desembarcarlo todo, sean especies obligadas o no. En tal caso se podría contemplar un panorama real de “descarte cero”, si bien vuelvo a la duda inicial de si esto favorecería realmente al medio marino, o por el contrario se convertiría en una nueva presión. La ruleta ha empezado a girar, pero por ahora no sabemos dónde parará…

Texto y fotos: Pep Arcos

Aquí el artículo completo publicado en en la revista Mar

 


Pep Arcos, Coordinador del Programa Marino de SEO/BirdLife

 

 

 

 

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