Cuando los búhos nos invadieron desde el lejano hielo

Hembra inmadura de búho nival en la isla de Ré, Charente Marítimo (Francia) el pasado enero. Fotografía de Álvaro Díaz

 

El pasado 13 de diciembre, y a través de una conocida red social, se comunicó que un búho nival viajaba desde EEUU a Amberes (Bélgica) en el carguero “Independent Concept”. Los aficionados locales a la observación de aves estaban de enhorabuena, tenían accesible, pese a su desplazamiento artificial, asistido, a una de las aves más difíciles de observar de Europa en sus territorios de cría. Pero lo más espectacular viene de la mano de esta historia que cuenta el viaje de nueve búhos nivales desde las costas americanas:

El 9 de diciembre, a 50 kilómetros al sur de Terranova, el carguero MSC Monterey, de 275 metros, que transportaba contenedores desde Nueva York a Bremerhaven, Alemania, recibe la visita de nueve búhos nivales, dos machos y siete hembras, agotados. Durante todo el viaje se muestran impacientes y hambrientos y en muchas ocasiones se les ve juntos, acurrucados, para luchar contra el frío y el rocío marino. El 11 de diciembre, huyendo de las tormentas, el barco aproxima su ruta a las Azores y el 12 ya están cerca de España. Esa noche hay alboroto y a la mañana siguiente se cuentan sólo cinco búhos, el resto quizá ha volado hacia la costa. El día 14 navegan frente a las costas francesas y más búhos abandonan el barco. Finalmente, en el último tramo, frente a Holanda y Dinamarca, los últimos dos búhos desaparecen

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En el 2002 siete búhos fueron también rescatados por pescadores en medio del Atlántico. Al menos dos, uno recogido a casi 400 kilómetros de las costas de Terranova y otro en Gran Sol, fueron llevados a Galicia y permanecieron largo tiempo reponiéndose en el Centro de Recuperación de Aves de Cotorredondo en Pontevedra. Fueron trasladados y liberados finalmente en Finlandia, pese a proceder, con gran seguridad, de Canadá o incluso Groenlandia. Esta historia no es algo aislado, Cotorredondo ya ha contado entre sus “pacientes” con más búhos nivales años atrás, rescatados por pescadores

 

El origen de la “historia”

Todo parece haber comenzado en América del Norte, que ha visto elevarse por las nubes sus poblaciones de lemmings en sus regiones Árticas y que ahora está sufriendo el que parece ser el invierno más frío de los últimos cien años.

Los lemmings son unos roedores esenciales para la alimentación de algunos depredadores del Ártico, como los búhos nivales. Cada cuatro años aproximadamente su población se dispara durante unos meses y los búhos pueden sacar adelante numerosos pollos. La circunstancia ha sido especialmente llamativa en la isla de Bylot, en Nunavut (Canadá), que congregó numerosas parejas reproductoras y donde llegó a encontrarse un nido con unos setenta lemmings esperando a ser consumidos por los pollos aún no nacidos.

Nido de búho nival en el Ártico Norteamericano esta temporada, rodeado por el aporte de decenas de lemmings. Fotografía de Darryl Fears, fuente www.washingtonpost.com

Sin embargo, esa felicidad veraniega tocó a su fin con la llegada del otoño. Las nieves comenzaron a cubrir los campos en los que se alimentan los excepcionalmente abundantes búhos nivales y ocultaron a los lemmings, por lo que muchas de estas rapaces, principalmente jóvenes, se vieron obligados a abandonar sus hogares en el Círculo Polar y a migrar hacia el sur. La irrupción fue aún más severa debido al invierno especialmente frío que está soportando Norteamérica, una circunstancia ligada a la desmesurada entrada del Vórtice Polar, que ha estado golpeando la región con violentas ráfagas de aire frío del Ártico.

Algunos señalan esa sacudida del Vórtice Polar como producto del cambio climático: el evidente deshielo del Ártico permite que el océano absorba más calor del sol y por lo tanto se caliente en promedio más que el resto del planeta (casi el doble). De esta forma, la corriente en Chorro que separa el aire frío del norte y el aire más cálido del sur, sustentada por la diferencia de temperaturas entre ambos sectores, se debilita y el Vórtice Polar puede fluir violentamente hacia el sur. En esta ocasión se ha observado una gran torcedura de dicha corriente y así el aire frío del Ártico ha llegado más al sur de lo habitual.

Así, el interior y la costa Este de los Estados Unidos y Canadá se han visto este año invadidos por decenas de búhos nivales que han viajado desde muy lejos, incluso miles de kilómetros, alcanzando incluso las Bahamas o el estado de Florida. Las cifras de la porción sudeste de la península de Avalon, extremo oriental de Canadá, son inimaginables: unos trescientos búhos se contaron a principios de diciembre pasado; los expertos locales, que han hallado restos de pequeñas aves marinas en los excrementos de los búhos, no conciben alimento suficiente allí para tantos. No quedan lejos los números del aeropuerto Logan de Boston, más de ochenta de estas aves se han recogido allí esta temporada, cuando en un invierno normal solo unos pocos búhos pueden observarse en los alrededores. En Ontario, Canadá, hablan de la posibilidad de contar una docena de búhos en una sola localidad, frente a esa misma cifra, pero para todo el año y en toda la región, en temporadas normales. Estas aves tampoco han dudado en ocupar algunas ciudades, en Washington D.C. uno fue atropellado por un autobús.

Un formidable período reproductor unido a una estación invernal especialmente fría se traduce en la mayor invasión de búhos nivales de la historia conocida.

En esta imagen de la plataforma eBird (www.ebird.org) se puede observar el volumen de observaciones de búhos nivales desde octubre de 2013 hasta estos días.

A nivel histórico, la aparición de búhos nivales ha servido para predecir inviernos especialmente fríos, como ya ocurriera, por ejemplo, en el año 1876.

Sin embargo, toda esta historia no acaba a ese lado del Atlántico

Los búhos nivales se distribuyen por todas las regiones árticas del globo, tanto Norteamérica como Europa o Siberia. Al igual que otros cazadores de la tundra, sus movimientos están estrechamente relacionados con la disponibilidad de alimento y no raramente migra hacia el sur, desplazándose en ocasiones una buena proporción de su población. Las invasiones son mucho más frecuentes y notorias en Norteamérica que en Europa ya que su población allí es mucho mayor y además dependen mucho más de la abundancia de los lemmings; las grandes irrupciones de búhos en Canadá y Estados Unidos coinciden con las “crisis” de estos roedores. Se desconoce la posibilidad de retorno de las aves desplazadas a sus zonas de cría tras el período invernal, aunque parece que la mortalidad es alta.

En Europa, al sur de sus áreas de cría, más allá de sus zonas habituales de invernada, hay numerosos registros, entre los que destacan los más de 400 que se han recogido en Escocia desde 1811. También hay citas casi anuales en el conjunto de Alemania, Dinamarca, Holanda y Polonia.

En los años 60 del pasado siglo algunas aves rusas alcanzaron incluso el sur de Noruega o Suecia y algunos estudios más actuales con marcajes han puesto de manifiesto movimientos entre el note de Noruega y el noroeste ruso. Sin embargo y pese a que no hay pruebas de búhos norteamericanos llegados a Europa de forma natural, algunos estudios han confirmado el gran parentesco de las aves del viejo y nuevo mundo, lo que hace pensar en que no están aisladas sino que se han intercambiado mucho en el pasado e incluso siguen haciéndolo actualmente. Los trabajos con aves marcadas en Noruega sirven para especular con posibles desplazamientos por mar gracias a témpanos de hielo, ya sea todo el trayecto o al menos como puntos de descanso en la travesía en vuelo, algo que podría incluso ampliarse a viajes transoceánicos para apoyar la conectividad de las poblaciones a ambos lados del Atlántico.

Varios búhos nivales viajan desde Norteamérica hacia Europa en un carguero. Fuente staatsbosbeheervlieland.wordpress.com

El periplo en barco de nueve búhos nivales desde Norteamérica a Europa, en su lucha por la supervivencia, es emocionante.

Un sueño cumplido

El otoño e invierno 2013-14 también está siendo especialmente bueno para la observación de búhos nivales en Europa. Hasta la fecha y como mínimo, se han detectado 12 aves, dos en Francia (isla de Ré y Norte-Pasó de Calais), una en Bélgica (en Brujas, procedente de un carguero), cuatro en Reino Unido (Cornwall, donde podrían ser dos ya que se encontró un ave muerta, Shetland, Outer Hebrides y Felixstone, éste procedente de un ferry), tres en Holanda (aunque pueden ser más, repartidos entre varias islas -Texel, Vlieland and Terschelling- y la región continental norte), una en Dinamarca (Nordjylland) y una en Irlanda (Donegal). Como es habitual, predominan las hembras jóvenes.

A mediados de enero, en la isla de Ré, en el departamento francés Charente Marítimo (Francia), apareció una hembra joven de búho nival. Ocupó en períodos distintos dos sectores de la isla con un paisaje similar: balsas de cultivos de ostras con abundantes pastizales en los diques de separación y cercanas y amplias zonas intermareales y rocosas. En sus últimas localizaciones conocidas se había trasladado a tierra firme, donde ocupa también un ambiente costero.

Decenas de observadores disfrutan del búho nival en la isla de Ré. Fotografía de Jesús Menéndez, fuente demenciaornitologica.blogspot.com.es y desdesanturce.blogspot.com.es

 

 

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La misma hembra de búho nival de la foto del inicio de esta publicación, un día después. Fotografía de Jesús Menéndez, fuente demenciaornitologica.blogspot.com.es

Ver la cara sonriente de los aficionados disfrutando de nada menos que un búho nival, cumpliendo un sueño, pone la guinda a esta extraordinaria observación.

En general, el búho nival es una especie con una enorme dificultad de observación en las zonas de cría pero casi todos los años hay algunas citas repartidas fundamentalmente entre Holanda y Dinamarca que suplen en parte esa situación. Sin embargo, la hembra de Ré ha alcanzado unas latitud sur casi extrema. Con este panorama numerosos aficionados españoles se echaron a la carretera y recorrieron cientos o incluso miles de kilómetros para cumplir un sueño y disfrutar de esta formidable ave, que era la protagonista de un espacio natural por sí de gran interés y merecedor de una visita, con un buen número de especies también atractivas: cientos de barnaclas carinegras, serretas medianas, eíderes, gaviotas canas y argénteas, zampullines cuellirrojos y otros. Algunos días decenas de observadores se congregaron en la zona para disfrutar del búho, como puede verse en la fotografía de arriba, pero nuestra experiencia personal fue diferente…

Estuvimos conduciendo durante toda la noche hasta alcanzar Ré al amanecer y allí ya nos encontramos con varios observadores buscando el búho. Permanecimos todo el día en la zona junto a un buen puñado de aficionados (quizá unos treinta) y según fue cayendo la tarde la espera se hizo más tensa ya que era previsible que el ave se activara, pero no fue así. Nos recogimos con pesar y cansancio ya que la opción de que el ave se hubiera movido y no se relocalizara hasta pasados unos días era muy probable y nosotros no disponíamos de ese tiempo. A la mañana siguiente, aun de noche, llegamos a la zona para intentarlo de nuevo; esta vez llovía y estábamos solos. El día no pintaba nada bien pero había que peinar aquello, teníamos que encontrarla. Estábamos ya equipándonos con chubasqueros y paraguas para salir del coche cuando Aitor soltó un grito ahogado -¡Que está ahí, que está ahí!-. Y efectivamente allí estaba la imponente hembra de búho nival, a unos setenta metros, posada sobre un dique y casi sin prestarnos atención.

La disfrutamos durante una hora y estudiamos muy bien su comportamiento: sentimos como escuchaba los movimientos de posibles presas en el dique gracias a sus bruscos movimientos de cabeza y sus miradas atentas al terreno y vimos como en ocasiones hinchaba el plumaje, se agachaba y daba pesados pasos, como intentando asustar a un enemigo invisible. Expulsó también una egagrópila, poco antes de volar unos metros con una presa en las garras e instalarse en otro punto del dique, donde quizá pasó el resto del día. Pese a que debíamos irnos para sacar el equipaje del alojamiento, esperamos todo lo posible para dejarle el testigo de la observación a otros observadores, pero nadie apareció. En el apartamento subimos rápidamente la cita a Internet, con la oportuna foto tomada gracias al móvil y el telescopio, para que el ánimo volviera entre los observadores que el día anterior se fueron con las manos vacías. Después regresamos a la zona y el búho seguía en su sitio; esta vez ya había dos aficionados franceses con él. Una vez supieron de nuestro origen español pronunciaron unas palabras de júbilo que no son reproducibles aquí…

Cabe pensar que esta fantástica hembra de búho nival es originaria de Norteamérica y ha llegado a las costas europeas en un barco, quizá ese carguero MSC Monterey que portó hasta nueve de estas aves. Muy probablemente lo sean también la gran mayoría de búhos nivales observados estos días en Europa, principalmente los que se sitúan entorno a la ruta que lleva a los cargueros hasta Bélgica, Alemania u Holanda.

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Más imágenes del búho nival de la isla de Ré. Fotografía de Luis Mario Arce

 

 

Más imágenes del búho nival de la isla de Ré. Fotografía de Gorka Ocio, fuente desdesanturce.blogspot.com.es

 

 

Más imágenes del búho nival de Ré. Fotografía de Gorka Ocio, fuente desdesanturce.blogspot.com.es

 

Queremos agradecer especialmente a Gorka Ocio y Jesús Menéndez la cesión de algunas fotografías y a Fernando Arce la ayuda en la localización de algunas fuentes de información de gran interés.

 

Álvaro Díaz Pastor es ambientólogo,socio de SEO/BirdLife desde 1999 y uno de los integrantes del equipo de SEO/BirdLife responsable del Programa de Viajes, excursiones Cursos

 

 

 

 

Luis Mario Arce Velasco (Oviedo) trabaja como periodista especializado en naturaleza y medio ambiente en el diario asturiano “La Nueva España” y se dedica a la observación de aves desde hace 37 años. Es socio de SEO/BirdLife desde 1982, coordinador del grupo local SEO-Asturias y colabora como guía en los viajes que organiza el equipo de Educación Ambiental y Voluntariado de SEO/BirdLife

 

 

Aitor Rincón García (Cantabria) es biólogo, miembro de SEO-Cantabria, socio y técnico eventual de SEO/BirdLife y colaborador habitual en el programa de cursos del equipo de Educación Ambiental y Voluntariado

 

 

 

 

Un comentario

  1. Ana dice:

    Me encantó! Muy bueno!

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