Andando con vacas (2ª entrada): breve crónica de un viaje fascinante

En esta segunda entrada (pincha aquí para la primera), se narra la experiencia de acompañar a un rebaño de vacas avileñas en su trashumancia a pie entre Cáceres y Ávila.

Los hermanos Miguel Angel, Tinín y Juanjo trashuman cada año con su ganadería (Hermanos García Santana) de unas 300 vacas avileñas entre las dehesas de Serrejón (no muy lejos del Parque Nacional de Monfragüe) y el pueblo de Navadijos, un pequeño tesoro de arquitectura popular de la sierra de Avila, cerca del nacimiento del Alberche. [more…]

Cada junio salen de Extremadura e inician un recorrido de unos 170 kms por la Cañada Leonesa Occidental para llegar, en 7 días, a los pastos de verano de la Sierra de Ávila.  Allí estarán hasta primeros de diciembre, en que ganado y ganaderos hacen el camino de vuelta al más benigno invierno de las dehesas cacereñas. Las autoras de este artículo les hemos acompañado este año en su viaje, y les agradeceremos siempre habernos dejado ser testigos de la importancia y belleza de tan extraordinario acontecimiento.

Ya de por si, la raza avileña-negra ibérica  tiene gran magnetismo. Es una vaca que, para los no iniciados, tiene aspecto de toro bravo, por aquello de ser negra entera, aunque su cornamenta delate vagamente su lejano origen africano. Pero su gran virtud es la de ser muy rústica, resistente a enfermedades, fértil y buena paridora, factores éstos que ahorran tiempo, disgustos y gastos veterinarios. Son, además, muy buenas madres: algunas paren a bajo cero en las frías noches de diciembre en el camino de vuelta e impresiona verlas bramando por la mañana alrededor del remolque que carga a los terneros recién nacidos que no pueden seguir el paso.

Vacas avileñas cruzando el río Tiétar. Foto: © Gema Arrugaeta

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Estas vacas se adaptan perfectamente al medio y llegan donde otros no pueden, aprovechando zonas de difícil acceso. Muchas veces estas áreas se encuentran vinculadas a zonas protegidas donde conviven con especies tan emblemáticas como la cigüeña negra o el buitre negro … y es que como reza una campaña de la Asociación Española raza Avileña Negra Iberica “lo negro se lleva”…

Aunque aún quede camino por andar, la existencia de esta Asociación y el establecimiento de una Indicación Geográfica Protegida (IGP) han mejorado mucho la difusión y comercialización de una carne de calidad especial precisamente por su forma de crianza. Así, las avileñas sólo viven al aire libre, la monta es natural y de las 50.000 cabezas censadas en España, 15.000 practican aún la trashumancia a pie y otras 25.000 en camión. Estas vacas deportistas acceden a los pastos más ricos y variados en biodiversidad (hasta 40 especies distintas de flora por metro cuadrado) y son los actores clave en el mantenimiento de estos espacios de alto valor natural. Alimentación, ejercicio y vida libre incrementan su salud, bienestar y hacen de su carne un producto superior.

Pero ¿cuántos consumidores saben esto…?

Nos lo preguntamos mientras andamos junto a las vacas, con el estímulo de los olores y colores del campo, inmersas en el sonido de sus cencerros. Y de repente uno forma parte del rebaño en movimiento, de esa naturaleza de la que nos hemos alejado pero de la que, sin saberlo, nos sentimos huérfanos. Trashumar nos hace coger el paso al ciclo natural al que pertenecemos y el bienestar es inmediato. Es el poder terapéutico de la vuelta al origen. El ahorro en fármacos debe ser inmenso aplicando este sencillo método.

A medida que avanzamos, la estética de la trashumancia nos sorprende continuamente. Empezando por ver la dignidad del animal en su medio (el campo) y a nuestros ganaderos en sus caballos, manejando a sus vacas con una destreza casi artística, evitando, por ejemplo, que salten a la carretera, la cual ocupa una y mil veces la vía pecuaria.Todo esto requiere un gran esfuerzo pero es un trabajo hecho con la calma que les da esa sabiduría y conocimiento ancestral del oficio y del entorno.

Becerros en la dehesa al atardecer. Foto: © Gema Arrugaeta

Iván, de los García Santana, al término de la jornada trashumante. Foto: © Gema Arrugaeta

 

 

 

 

 

 

 

 

“Cuando las grullas van pa´ bajo el pastor trabajo; cuando van pa´arriba buena vida”… dice Miguel Angel mientras nos sobrevuela un bando de las 80.000 grullas que pasan el invierno en Extremadura. Impactante. Y en nuestra agenda la lista de momentos imborrables va creciendo: las vacas subiendo el Puerto del Pico por la calzada romana (“momento Patrimonio de la Humanidad” si esta categoría existiera); la fuerza estética de las avileñas cruzando ríos y llanuras o lo que nuestra fotógrafa Gema Arrugaeta bautizó como ‘el paso del Serengueti extremeño’; dormir bajo las estrellas en la subida de verano, con luna llena y la estrella fugaz más larga de la historia incluidos; cena y anecdotario alrededor de la hoguera, espantando al frío, en la bajada de invierno…

Vacas y tráfico juntos pero no revueltos. Foto: © Gema Arrugaeta

Avileñas siguiendo la calzada romana en su impresionante ascenso al Puerto del Pico. Foto: © Gema Arrugaeta

 

 

 

No es de extrañar que alrededor de nuestros ganaderos se haya formado un grupo, digamos, ‘de fans’. Son gente que hizo la trashumancia una vez y ya no puede dejar de volver cada año. Se han convertido en amigos que forman “la comunidad trashumante”. Y es que como alguno de ellos comentó haciendo un juego de palabras “El cordel ata[i]“. Asimismo, emociona la gran expectación que el rebaño levantaba a su paso por los pueblos y los de más edad se preguntaban con nostalgia “por qué ya no se hace esto”.

¡Buena pregunta!

Sobre todo ante un hecho aplastante: los sistemas trashumantes son los sistemas ganaderos más sostenible y eficientes en términos de uso de recursos pascícolas, agua y energía, y un sostén imprescindible para la biodiversidad y supervivencia de especies. Sin embargo (y a pesar de las promesas del Ministro de Agricultura el día que se unió a la trashumancia) no tiene ayuda específica en nuestra Política Agraria Común (PAC).

La legitimación de la PAC (cuya financiación absorbe un 40% del presupuesto público europeo) agoniza bajo el maquillaje de la última reforma. Esta se ha convertido en una política cautiva de la Organización Mundial de Comercio y sus señores de la globalización y de los lobbies financieros (que son la misma cosa), y que usan a los gobiernos como sus agentes comerciales y demandan políticas hechas a medida de sus estrategias de negocio. Estas se basan en la producción intensiva, movimientos de grandes volúmenes y control del mercado mundial, y los modelos de desarrollo rural basados en la economía de la diversidad de pequeños y medianos negocios individuales no encajan en su lenguaje.

Tras el catecismo de la supuesta eficiencia de las explotaciones, innovación y la seguridad alimentaria, subvencionan modelos productivos que destruyen empleo, empobrecen a la sociedad rural, y degradan la calidad de los alimentos y de los ecosistemas que los producen. Y lo que es peor: estrangula a los modelos de producción extensiva que garantizan la viabilidad socioeconómica y ambiental. La PAC actual se ha convertido en una amalgama normativa, de enorme complejidad para tapar una verdad inconfesable: un masivo trasvase anual de fondos públicos, de dudosa legitimidad, a una agricultura regentada por corporaciones cada vez más poderosas, y que dedica tan sólo un pequeño porcentaje que justifique la retórica vacua de una supuesta “PAC verde” y un desarrollo equilibrado del medio rural. El modelo agrario que hemos construido en Europa ha estabulizado a los rebaños en aras de la cacareada eficiencia económica y la seguridad alimentaria, e implantado uno de los modelos más dependientes e ineficientes posibles.

La sociedad pide -a gritos- una nueva economía donde el factor humano importe y modelos que revitalicen nuestras sociedades rurales. Y la trashumancia es un ejemplo perfecto: tenemos en España 125.000 Km de vías pecuarias que ocupan unos 400.000 has. O sea, es como tener 161 Caminos de Santiago, con todo el potencial natural, cultural, turístico y de ocio que ello representa. El mantenimiento de las Vías Pecuarias en activo supone una enorme oportunidad de creación de empleo directo e indirecto. Sólo en turismo ecuestre y turismo de la naturaleza las posibilidades son enormes. También en otros sectores como la prevención de incendios o la gestión del paisaje en zonas Natura 2000 ahorraría costes mientras crearía empleo.

Como ciudadanos (y contribuyentes) debemos demandar que los fondos de la PAC den apoyo a los sistemas que más bienes públicos generen. Los pasados 20 y 21 de enero tuvo lugar la Conferencia Sectorial de Agricultura y Desarrollo Rural donde se fijaron las grandes líneas de la PAC para los próximos seis años. Desde aquí, lanzamos un reto al Ministro Cañete y sus homólogos autonómicos: comenzar la regeneración de la PAC hacia una verdadera política territorial que apoye modelos agrarios sostenibles y que profesionales como Miguel Angel, Tinín y Juanjo hacen cada día posible, aún con todos los vientos en contra.

 

[i] “Cordel” es un tipo de Vía Pecuaria cuya anchura no sobrepasa los 37,50 metros.

 

Concha Salguero es experta en política agraria y ambiental y colabora con el Foro Europeo para la Conservación de la Naturaleza y el Pastoralismo (www.efpnc.org) y la Asociación Naturaleza y Trashumancia (www.pastos.es)


Fuensanta Martín es Responsable de Agricultura y Desarrollo Rural en el Área de Políticas Ambientales de SEO/BirdLife

 

 

Gema Arrugaeta es fotógrafa profesional de naturaleza, medio rural y viajes (www.gema-arrugaeta.net; http://www.asa-agency.com/-/galleries/archivo-espana/espana-rural)

 

 

 

 

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