Aves sin nido, por Asunción Ruiz

 

No hacen falta prismáticos, pero sí la sensibilidad de un observador de la naturaleza. La cruda e indignante realidad nos enseña una vez más, y con total claridad, cómo los problemas de supervivencia de las aves y los nuestros se acercan hasta tocarse, cómo la conservación de nuestro planeta es lo que necesitamos todos, ellas y nosotros.

 

El conflicto sirio tiene una importante lectura ambiental

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Tenor entre zarzas, por Luis Martínez

Si algo caracteriza a la primavera, además de agradables días soleados, campos floridos y alguna que otra alergia, es el canto de las aves. De cada rincón del bosque, matorral o pradera surgen las voces de las aves en forma de trinos y cantos capaces de inspirar a cualquier aprendiz de poeta.

De todas estas aves cantoras, el ruiseñor común se ha ganado la fama de auténtico e incansable tenor. Los machos de esta pequeña y discreta ave, nada más llegar de sus cuarteles de invierno africanos, se asentarán en sus zarzas favoritas y sin más preámbulo iniciarán un concierto que se extenderá tanto de día como de noche durante unas semanas.

 

Ruisenor_©Luis_Martínez

 

Sólo el sexo silencia al ruiseñor noctámbulo
Si tenemos la suerte de tener un ruiseñor en nuestro jardín, quizá alguna vez nos hayamos preguntado porqué gustan de cantar durante toda la noche. Como algunos ya imaginaréis la respuesta está en las hembras, y es que las ruiseñoras gustan visitar a los machos al amparo de la oscuridad, concretamente entre la media noche y las cuatro de la mañana. Es en esos momentos cuando vuelan varios kilómetros visitando los territorios de los machos cantores para evaluar como está la “oferta” y elegir el macho que más les agrade.


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Humedales llenos de pasión, por José Mª de la Peña

Ya está aquí  la primavera y nuestros campos se llenan de aves mostrando todo su atractivo. Este es el caso del roquero rojo que presenta, por estas fechas, intensos rojos, azules y blancos en un plumaje que logra atraer la atención de las hembras. Otras optan por interpretar sus mejores cantos, tratando de entonar algunas notas y melodías que le ponen banda sonora a nuestros bosques. Sin embargo, existe un grupo de aves que se sumergen en un proceso mucho más complicado, todo un espectáculo denominado cortejo.

 

La pista de baile no se comparte

Cuando una hembra de porrón europeo entra en escena, los distraídos machos se alteran y en seguida tratan de cortejarla con su “baile”. Este consiste en hacer ruidos roncos mientras se mueve la cabeza aproximándola al agua. Por raro que parezca, comportamientos como este atraen, y mucho, a las hembras. Sin embargo, todos los machos quieren su momento estelar y se pelean entre ellos por una pista de baile que les conceda la oportunidad de ligar. El vencedor, orgulloso, se exhibirá frente a las hembras y este año podrá bailar para el deleite de fotógrafos y birdwatchers.

 

Porrón europeo ©José Mª de la Peña

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¿Por qué vuelan las aves?, por Luis Martínez

Las aves son especiales. Son quizá los vertebrados que mayor atracción despiertan en el ser humano y sus 10.000 especies hacen que sean también el grupo vertebrado más diverso y exitoso. Tanto en una cuestión como en otra tiene mucho que ver su capacidad de vuelo… Pero, ¿sabemos realmente por qué vuelan las aves?

La primera respuesta que se nos viene a la cabeza tiene que ver con sus alas o con sus plumas, pero esto no es del todo cierto. Otros vertebrados como los reptiles (pterosaurios) o los mamíferos (quirópteros) han desarrollado alas y capacidad de vuelo, hasta hay peces que transforman sus aletas en “alas” con las que planear o impulsarse en el medio aéreo… El éxito de las aves se basa en que han llevado al extremo las adaptaciones necesarias para dominar a la perfección el vuelo, y eso es algo que va mucho más allá de dotarse de miembros alados. Y la eficiencia energética tiene mucho que ver en esto.

 

Águila imperial en vuelo © Luis Martínez

 

Volar, una cuestión de peso

Uno de los factores más afectados por el proceso evolutivo para perfeccionar las aptitudes de vuelo es la reducción de peso.

¿No os habéis preguntado por qué las aves no tienen dientes? Los dientes son nuestros huesos más densos (pesados) y requieren de fuertes mandíbulas que les sirvan de anclaje y de una musculatura que las mueva (más peso aún).

Prescindiendo de los dientes las aves han ahorrado una gran cantidad de peso, pero también han ahuecado sus huesos a costa de una mayor fragilidad en la búsqueda de un diseño de máxima ligereza.

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Sobre éste Blog
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