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El problema -Volar, viajar, vivir

 

Cada año, millones de aves migran entre sus áreas de reproducción e invernada. La migración es el viaje más importante de sus vidas ya que, ante la falta de alimento y condiciones climáticas adecuadas, las aves recorren miles de kilómetros con la única ayuda de sus alas. Por ello, la capacidad de volar y viajar es su única oportunidad para vivir. Algunas aves realizan auténticas proezas: con apenas 15 gramos de peso pueden desplazarse hasta 10.000 km entre el norte de Europa y el sur de África, en una carrera de ida y vuelta luchando por su supervivencia.

 

Una vez finalizada la época de reproducción, las migratorias europeas emprenden el vuelo hacia el sur. La cuenca mediterránea, por su situación geográfica y climatológica, es una región de altísimo valor y estratégica para la conservación de estas aves.

Algunas se establecen para invernar en las regiones bañadas por el mar Mediterráneo, beneficiándose de un clima benigno y de ambientes muy diversos y ricos en alimento. Otras aves necesitan alcanzar la mitad sur de África para poder sobrevivir al invierno. Para ello, algunas migran bordeando la costa, deteniéndose durante este viaje para alimentarse y descansar en espacios naturales de gran valor, como los humedales, bosques y ambientes agrícolas. Sin embargo, otras emprenden la hazaña de cruzar el Mediterráneo, explorando el reto de lo desconocido.

 

Un importante número de aves (entre 120.000 y 430.000, y algunos años hasta dos millones), son matadas ilegalmente cada otoño en España, entre las que se incluyen especies amenazadas y protegidas. Estas prácticas suelen perseguir objetivos lúdicos o gastronómicos, que en ningún caso pueden justificarlas. Una de las más extendidas es el parany, método de trampeo mediante el que se capturan las aves cuando se posan en árboles especialmente podados e impregnados con pegamento. Esta sustancia se pega en el cuerpo del animal, evitando que pueda volar y causando su caída al suelo. Las aves afectadas son principalmente zorzales, pero cerca del 30% de las capturadas son especies que se encuentran protegidas por la ley.

 

Entre ellas aparecen el petirrojo europeo, la curruca capirotada o el colirrojo tizón, e incluso algunas rapaces nocturnas como el mochuelo europeo, el autillo europeo o la lechuza común. Los furtivos son activos principalmente de noche, durante la migración otoñal y especialmente durante los fines de semana y días festivos.

Más de 2.000 paranys ilegales operan cada año, principalmente en Castellón, noreste de Valencia, sur de Tarragona y sureste de Aragón, con la participación de 3.000 a 6.000 personas. Por otra parte, el silvestrismo es la captura de jilgueros, verderones, verdecillos o pardillos para la cría en cautividad. Diversos informes demuestran que para la cría en cautividad no es necesario capturar aves silvestres. Además está demostrado que muchos ejemplares acaban siendo consumidos por los cazadores furtivos.

Otros métodos de caza ilegal practicados en España aunque actualmente menos extendidos son el pardeleo, consistente en el expolio de pollos (apreciados por su alto contenido en grasa) de pardela cenicienta, una especie hoy en día amenazada, y la contrapasa, una modalidad ilegal que aprovecha la migración de cientos de miles de palomas.

 

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