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Amenazas

Las aves marinas constituyen uno de los grupos de aves más amenazados del planeta. Para explicar este hecho hay que tener presente que alternan dos medios totalmente diferentes, el marino y el terrestre, cada uno de ellos con sus amenazas inherentes. Además, se trata de organismos de gran movilidad, que pueden recorrer buena parte del planeta durante su ciclo vital, y por tanto afrontar peligros en regiones muy diversas. Y no se debe olvidar que responden lentamente, a nivel poblacional, a cambios duraderos en el medio.

  

En términos generales existe cierto consenso en cuanto a las amenazas más importantes que afectan a las aves marinas, aunque éstas pueden variar en intensidad en función de las especies y las regiones consideradas.

 

Especies invasoras. La introducción de animales y plantas, principalmente en islas e islotes, representa una amenaza muy grave en la actualidad, que también ha sido importante en tiempos históricos. El problema más grave se debe a la depredación de pollos y (especialmente) adultos por parte de animales terrestres contra los que las aves no tienen mecanismos de defensa adecuados. Especialmente grave es el caso de muchos carnívoros, en los que un solo ejemplar puede causar la muerte de decenas o incluso cientos de aves (adultas) en una colonia, si bien el impacto de roedores y otros grupos también puede ser notable. La presencia de estos depredadores en islas previamente libres de ellos ha llevado a reducciones poblacionales y extinciones locales en todo el mundo. Tampoco hay que olvidar otras especies introducidas de animales y plantas que afectan a las aves marinas mediante la alteración del hábitat y/o la competencia por el espacio.

 

Desarrollo litoral. La creciente ocupación por parte del hombre de las zonas costeras ha causado y causa la pérdida o degradación de numerosas zonas de cría, reduciendo los espacios disponibles a una pequeña fracción de los que había antaño (efecto asociado y que se suma al de las especies invasoras). Este factor se ha podido frenar parcialmente mediante la protección de espacios en décadas recientes, que si bien no impide la creciente pérdida de zonas adecuadas, sí ha permitido mejorar las condiciones de ciertos enclaves especialmente favorables, permitiendo una recuperación parcial de ciertas poblaciones. El desarrollo litoral, por otro lado, también afecta al estado ambiental de la franja costera, y por tanto, a las áreas de descanso y alimentación de muchas especies. Un problema particular asociado al desarrollo litoral es la contaminación lumínica, que causa la desorientación y orillamiento de algunas especies, sobretodo de los pollos al abandonar el nido.  

 

 

Molestias en las colonias. Algunas colonias de aves marinas reciben la visita a menudo incontrolada de turistas, o se encuentran cerca de áreas de elevada frecuentación humana, lo que causa molestias que a menudo llevan a un fracaso reproductor generalizado y a su inviabilidad a largo plazo.

 

 

Recolección de huevos, pollos y adultos. Éste ha sido uno de los factores más nocivos en tiempos históricos, especialmente en islotes poblados y/o frecuentados por navegantes. Por lo general se trataba de una fuente de alimento y aceite, pero también se explotaron colonias de ciertas especies para obtener ornamentos (principalmente plumas), o simplemente por coleccionismo. Esta presión diezmó las poblaciones de muchas especies, y llevó a la extinción al menos de una (el alca gigante Alca impennis), aunque hoy día su incidencia es localizada y/o de muy baja intensidad.

 

Mortalidad accidental en artes de pesca (“bycatch”). Dada la sensibilidad de las poblaciones de aves marinas a la mortalidad adulta, este factor añadido de mortalidad se considera el problema más grave para muchas especies de aves marinas, especialmente las capturas causadas por artes de palangre y de redes fijas. Este fenómeno parece explicar el grave declive que muchas especies de albatros y petreles han sufrido en el hemisferio sur, pero también afecta a otras especies y regiones, inclusive las aguas españolas.

 

 

 

Efectos indirectos de la pesca. Además de las capturas accidentales, la pesca afecta también a las aves marinas de otras formas menos directas: sobrepesca y destrucción/degradación/alteración del hábitat. Cabe mencionar el fenómeno del aprovechamiento de los descartes de pesca, que si bien puede beneficiar a las aves a corto plazo por ser un recurso abundante y de fácil acceso, también conlleva contrapartidas como la ingestión de alimento de menor calidad y más contaminado, la sobreexplotación de presas y la alteración de las comunidades de aves marinas. Más allá de estas consideraciones particulares, a lo largo del último siglo la actividad pesquera ha crecido exponencialmente, causando un creciente impacto sobre los recursos marinos hasta llegar a niveles insostenibles. Y la crisis del sector no sólo afecta a los recursos pesqueros, sino que la pesca representa un impacto de primer orden para el ecosistema marino en su conjunto

 

Acuicultura. La acuicultura se plantea como una alternativa a la crisis del sector pesquero, y se prevé una rápida proliferación de esta actividad en los próximos años. Si bien puede representar una verdadera alternativa, también es cierto que los impactos de la acuicultura sobre el medio ambiente pueden ser importantes, y por lo tanto requieren de una evaluación a fondo. Entre los efectos directos cabe mencionar la contaminación y eutrofización del entorno, y la captura accidental de aves. De forma indirecta, la necesidad de alimentar a los peces de cultivo (generalmente piscívoros) puede propiciar un mayor esfuerzo pesquero, afectando a especies que antes se dejaban al margen por tener escaso valor comercial, para su uso directo o indirecto (piensos) como alimento en la acuicultura. Esto debe evitarse, apostando por el cultivo de especies de bajo nivel trófico (herbívoras o filtradoras).

 

Contaminación. Éste es otro de los problemas graves en el mar, especialmente debido a que muchos contaminantes se transmiten y acumulan a través de las cadenas tróficas, de forma que los organismos situados en los niveles más altos (como las aves marinas) quedan más expuestos. El ejemplo más impactante es el de los derrames de hidrocarburos, que pueden causar la muerte directa de cientos de miles de aves en poco tiempo y en un espacio bastante reducido, al tiempo que también provocan otros efectos indirectos. Pero no hay que olvidar que los niveles de fondo de muchos contaminantes también pueden afectar de forma importante, si bien menos conspicua, a las aves y otros organismos marinos: hidrocarburos, componentes organoclorados, metales pesados, plásticos, etc. Especial atención está recibiendo el problema de los plásticos flotantes, cada vez más abundantes, pues son ingeridos por las aves con consecuencias variadas y a menudo inciertas. 

 

Infraestructuras en el mar. El creciente desarrollo de las actividades industriales en el medio marino puede conllevar impactos directos e indirectos para las aves. Un caso a tener en cuenta por su carácter novedoso es el de la posible proliferación de parques eólicos marinos, que en función de su ubicación podrían causar numerosas colisiones de aves, y por tanto convertirse en un factor de mortalidad importante. Asimismo, estas instalaciones pueden afectar a las aves mediante la pérdida efectiva de hábitat o por efecto barrera. No se trata de poner trabas gratuitas al desarrollo de las energías renovables, sino de exigir el máximo cuidado para que sus impactos sobre el ecosistema sean mínimos. Por supuesto, aun más nocivas pueden ser las tradicionales explotaciones de combustibles fósiles, o futuras explotaciones mineras, que además de promover un sistema insostenible a largo plazo, representan un grave peligro para las aves y para el ecosistema marino en su conjunto: riesgo de accidentes, así como contaminación de fondo, colisiones, efecto barrera, molestias, etc. 

 

 

 

 Cambio ambiental. Los efectos generales del presente cambio ambiental pueden afectar seriamente a las aves marinas, si bien es complejo evaluar y cuantificar dicho impacto, pues los efectos a menudo son indirectos (por ejemplo alteraciones en la abundancia, frecuencia relativa y fenología de las presas), pero no por ello dejan de ser menos importantes. Un ejemplo lo encontramos en la mayor frecuencia e intensidad de temporales, que pueden acarrear fenómenos de mortalidad masiva inusualmente severos. En el caso de las colonias de cría, cabe destacar la previsible pérdida de hábitat para aquellas especies que crían en arenales y humedales costeros, especialmente en zonas deltaicas, por la subida del nivel del mar y especialmente por la menguante aportación de sedimentos, que lleva a la recesión de estos ambientes.

 

 

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