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La vida de las aves marinas

Para entender la problemática de las aves marinas y diseñar las estrategias de conservación más adecuadas, es necesario entender las principales características de estos organismos.

 

 

La supervivencia adulta, su talón de aquiles

Las aves marinas suelen presentar poblaciones bastante estables, de cambio muy lento. Presentan una elevada supervivencia adulta, ya que son organismos muy longevos, que pueden vivir varias décadas (con casos documentados de más de 60 años!). Como contrapartida las tasas de crecimiento poblacional son muy lentas: los jóvenes tardan años en alcanzar la madurez sexual (hasta 12 años en algunos albatros), se reproducen por lo general una vez al año (a veces con menos frecuencia) y sacan adelante pocos pollos (en algunos grupos sólo ponen un huevo). Este equilibrio “natural” se rompe cuando entran en juego factores añadidos de mortalidad, ya que en tal caso la supervivencia adulta disminuye y no permite compensar las bajas tasas de crecimiento, provocando un declive poblacional que a la larga puede llevar a la extinción. Entre estos factores de mortalidad añadida cabe mencionar las capturas accidentales en artes de pesca y la depredación en las colonias por parte de depredadores introducidos.

 

En la cuerda floja: entre la tierra y el mar

Las aves marinas pasan la mayor parte de su tiempo en el mar, a menudo más del 90% de su vida, donde consiguen su alimento. Pero están ligadas a tierra firme para criar, generalmente en colonias que pueden acoger varios miles de parejas, o incluso millones. Esto conlleva que se vean expuestas a dos medios totalmente distintos, cada uno de ellos con sus amenazas correspondientes.

 

Selección del hábitat

En tierra firme las aves marinas requieren de zonas tranquilas, libres de depredadores terrestres (contra los que no tienen defensas adecuadas), y relativamente cercanas a las fuentes de alimento, aunque en algunas especies las aves llegan a cubrir cientos o incluso miles de km en sus viajes de alimentación.

Pese a la aparente homogeneidad de la superficie del mar, las aves marinas presentan una distribución heterogénea, seleccionando preferentemente aquellas áreas más adecuadas para obtener alimento. Estas áreas varían según las especies, y vienen definidas por factores  tanto bióticos (productividad, concentración de presas, etc.) como abióticos (topografía del fondo, salinidad y temperatura en superficie, etc.). A diferencia de lo que ocurre en tierra firme, algunos de estos factores están ligados a la masa de agua y por tanto son dinámicos, de forma que complican la identificación de las mejores áreas, pero aún así a lo largo de los años se observa cierta estabilidad en los patrones de distribución.

 

 

Movilidad: el mundo en un puño

La gran movilidad de las aves marinas y la escasez de barreras físicas relevantes en el medio marino hacen que estos organismos se distribuyan ampliamente, a menudo abarcando la totalidad de las cuencas oceánicas, o incluso distintas cuencas (ver mapa a la derecha, con los movimientos de distintas especies de aves marinas en el Atlántico). Sus movimientos son más restringidos durante la época de cría, cuando las aves deben regresar periódicamente al nido para incubar o alimentar a los pollos. Aún así, en algunos grupos las aves pueden ausentarse del nido varios días y recorrer miles de kilómetros en sus viajes de alimentación durante la cría (ver debajo, viajes de alimentación de pardelas cenicientas marcadas con registradores de GPS por SEO/BirdLife).  

 

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Una dieta variada

Las aves marinas se alimentan de gran diversidad de presas, entre ellas peces (pequeños pelágicos, mesopelágicos y demersales), invertebrados, plancton,  y carroña.  La predominancia de estas diversas presas en la dieta de las distintas especies depende de numerosos factores, entre ellos la capacidad de buceo (que permite acceder a presas más diversas, en la columna de agua o en el fondo), el hábitat de alimentación (especialmente en relación a la topografía del fondo, la profundidad y la distancia a la costa), los ritmos de actividad (día-noche), el tamaño, la interacción con otros organismos, etc.

 

 

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